Leonoticias

Isabel Fernández, con uno de los niños refugiados del campamento.
Isabel Fernández, con uno de los niños refugiados del campamento.

Sonrisas en tierra de nadie

  • Con las ganas de cambiar el mundo y cierta incertidumbre en la mochila, la leonesa Isabel Fernández llegó hace tres meses a un campamento de refugiados sirios e iraquíes en Polykastro (Grecia), donde trata de mejorar la vida de sus habitantes desde la cultura y la libertad

Antes de llegar, Isa comenzó a sentir la necesidad de dejar de ver para empezar a mirar. Había visto durante los meses anteriores en los medios de comunicación la situación por la que pasaban los campamentos de refugiados, cómo se desalojaba Idomeni y las penurias diarias con las que se desayunaban aquellos exiliados que, según pasaban los días, cada vez iban teniendo menos minutos en los medios de comunicación.

Pero Isa quiso dejar de ver para mirar. La indignación tardó poco en aparecer y fue el detonante para tomar la decisión, junto a varias amigas de la universidad, de coger la mochila y plantarse allí con las manos dispuestas a ayudar. Antes de tomar el avión, Isa sintió la necesidad de empezar a mirar. Se acercó al Palacio de Cibeles, en Madrid, para contemplar una exposición sobre los refugiados en territorio griego. Aquel día, Isa lloró al mirar.

Isabel Fernández es una leonesa que coordina el área cultural del proyecto 'We are here' (estamos aquí, en castellano), dentro del campo Neakavala, ubicado en la ciudad griega de Polykastro. Cincuenta kilómetros separan a Isa de Tesalónica, una de las grandes capitales helenas, y tan solo treinta marcan la distancia con Idomeni, conocido campamento desalojado por el gobierno, del que llegó un gran número de refugiados.

«Lo cierto es que llegamos aquí sin proyecto, pero pronto nos unimos a la asociación 'We are here', trabajando en el espacio para mujeres (Woman Space) de Neakavala», comenta Isabel Fernández en conversación telefónica. La leonesa no para, pero se concede unos minutos para poder sentarse y contar su historia. «Aquí la situación cambia cada semana, van llegando voluntarios a buen ritmo pero no son muchos los que quieren quedarse un periodo largo de tiempo», comenta Isa.

1.200 refugiados conviven en este campo, procediendo principalmente de Siria e Irak. Allí, una 'escuelita' y el espacio de mujeres ayudan a combatir las horas de tedio y tristeza. Los pequeños van a clase por la mañana en un colegio donde los propios refugiados son los profesores: «Nosotros no nos metemos ni imponemos los métodos, solo ayudamos en lo que necesiten».

Por la tarde es el turno de los adultos, que aprenden inglés de cara a un futuro que, aunque tarda en llegar, mira obligatoriamente hacia Europa. Siete niveles del idioma en un campamento en el que las mujeres tienen un papel especial. En el Woman Space las clases de lengua extranjera se combinan con dinámicas de trabajo corporal, en una caseta de madera construida a tal efecto: «Allí las mujeres pueden expresarse lejos de la mirada del hombre, que las suele incomodar. Poco a poco se van abriendo, quitándose el velo y disfrutando por un momento a la vez que aprenden».

Mirar al futuro

El futuro se antoja lento en NeaKavala. Los procesos de asilo se eternizan y no es descabellado pensar en que la situación durará aún unos cuantos años. Pero lejos de la desesperación, es momento de salir de allí con una formación que haga de llave para cualquier puerta. «Queremos que se formen para el futuro, que tengan las habilidades necesarias para desenvolverse una vez salgan de aquí. Están convencidos de la necesidad de hablar inglés y, aunque al principio identificaban España con crisis, ahora me preguntan porque quieren aprender español», relata Isabel satisfecha.

La leonesa Isabel Fernández charla con mujeres del campamento.

La leonesa Isabel Fernández charla con mujeres del campamento.

Ese no parar en el que vive continuamente la leonesa hace que por momentos se 'olvide' de la situación que allí es rutina, aunque no suele tardar en llegar la realidad desesperanzadora: «La situación de los campos es pésima, no tienen comida, aquí se come carne tan solo dos veces a la semana», asegura Isabel, que añade que «hay una ducha por cada 150 personas y un urinario por cada 60». La electricidad brilla por su ausencia y como resultado de esta triste estampa el agotamiento de los refugiados es notable.

El equipo 'Macarena'

Salvando las distancias con aquella cinta de Jaime Camino titulada 'Las largas vacaciones del 36', en la que unos niños vivían la guerra civil española como si se tratara de un largo estío gracias al esfuerzo de sus padres, los niños de NeaKavala conviven como si aquello fuera un campamento de verano. Las actividades no faltan e incluso ha salido un grupo de teatro que quiere interpretar una obra en los próximos meses.

Grandes y pequeños bailan la Macarena.

Grandes y pequeños bailan la Macarena.

Pero sin duda, lo que ha triunfado en el campamento no es otra cosa que 'La Macarena'. Cada mañana, los niños llegan corriendo hacia una de las carpas para empezar el día cantando y bailando la archiconocida canción de Los del Río. Es tal el éxito que al equipo de voluntarios de Isa le han llamado el 'equipo Macarena', en honor a una canción que logra dibujar sonrisas haciendo olvidar el hambre, aunque sea el rato que dura la tonada.

El futuro de Isa no se desvincula del campamento. En los próximos días volverá a España para defender el Trabajo de Fin de Grado y pasar unos días con los suyos, con la mirada puesta en Polykastro. «Me quedaría aquí mucho tiempo, pero necesito un apoyo económico ya que el gasto lo asumo yo», lamenta, asegurando a renglón seguido que «lo importante es que venga gente con ganas, como ahora, pero también que se quieran quedar un tiempo para poder tener un grupo de referencia y hacer proyectos todo lo más estable posible».

Aunque el campamento parece estar lejos de las grandes oenegés, Acnur ayuda aportando material a un campamento «que se ha convertido en un referente cultural, educativo y emocional», como afirma orgullosa Isabel.

Ella volverá unos días, con la idea clara de poder retornar para poder mirar a una realidad que el mundo se ha empeñado en dejar de ver.