La independencia escocesa se pierde en la niebla del 'Brexit'

Nicola Sturgeon. / Reuters

Nicola Sturgeon cierra la conferencia del SNP diciendo que no sabe cuándo habrá un nuevo referéndum

IÑIGO GURRUCHAGALondres

Los rápidos de la política británica comenzaron con el referéndum escocés de 2014 y han arrastrado a la líder independentista, Nicola Sturgeon, de la euforia al estancamiento. Ha cerrado esta tarde la conferencia del Partido Nacional Escocés (SNP) con un mensaje enfocado en los asuntos de 'pan y mantequilla', que adornó con salvas que iluminaron las grandes ideas aplazadas.

Los miembros del partido aplaudieron con entusiasmo su oposición a las armas nucleares, aunque el Gobierno de Edimburgo no tiene poder para detener la construcción de los nuevos submarinos estacionados en la desembocadura del Clyde escocés. Luego les alentó a "inspirar la confianza en nuestros vecinos" sobre la independencia, aunque "no sabemos aún cuándo esa elección se hará exactamente".

En marzo, la ministra principal de Escocia se adelantó a la activación por Theresa May del Artículo 50 del Tratado de la Unión Europea que inicia la marcha británica anunciando la preparación de la ley que haría posible una segunda consulta sobre la independencia entre el final de la negociación del 'Brexit', en otoño de 2018, y la marcha, en marzo de 2019.

En junio, May perdió la mayoría que tenía en el Parlamento de Londres tras convocar elecciones anticipadas, pero el SNP perdió medio millón de votos, 13 puntos porcentuales y 21 de los 56 diputados que tenía en Westminster. La recuperación conservadora, siguiendo el liderazgo fuerte de Ruth Davidson, y los decentes resultados de los laboristas dieron una amplia mayoría de votos a los partidos unionistas.

Sturgeon se detuvo. Su trayectoria había sido fulgurante desde que se hizo cargo del partido y del Gobierno autonómico tras la dimisión de Alex Salmond por la derrota del independentismo en el referéndum de 2014 (55,33% contra 44,7%). Parecía una líder pragmática, empeñada en la política social, y aplazaba el impulso a una nueva consulta hasta que los sondeos le dijeran que la victoria era segura.

La victoria del 'Brexit' reavivó la impaciencia. Aunque las encuestas no mostraban entonces, como tampoco lo hacen ahora, que los electores escoceses- votaron en su mayoría en favor de la permanencia en la UE- se decantaban ya en su mayoría por la independencia, Sturgeon se apresuró para preparar la ley y sugerir la fecha del nuevo referéndum. Las elecciones de junio la obligaron a rectificar.

"Como he dicho siempre", ha afirmado Strugeon en el cierre de la conferencia de su partido, en Glasgow, "Escocia debe tener el derecho a decidir nuestro futuro cuando los términos del 'Brexit' estén claros. Tenemos un mandato para dar a la gente esa elección… Pero para ejercerlo debemos tener en cuenta los intereses de toda Escocia. La gente quiere antes claridad sobre el 'Brexit'. Nosotros lo respetamos".

Salmond, a su aire

En este otoño de la confusión, la marcha británica de la UE se aplaza para los efectos prácticos, si hay un acuerdo en la negociación, hasta 2021, el año en el que deben celebrarse también elecciones al Parlamento escocés. Mientras Sturgeon pilota un partido más encogido y dividido, aunque con buenas perspectivas en los sondeos para renovar su mayoría, Alex Salmond se divierte.

Tras perder su escaño en las elecciones de junio, en agosto vendió todo el taquillaje de su espectáculo, 'Salmond desencadenado', en el Festival de Edimburgo. Combina comedia y entrevistas políticas. Ha iniciado una gira. Tiene otro 'show' semanal en una radio. Este fin de semana dedicó una parte del programa a especular y conversar sobre la posibilidad de que el SNP haya tocado su techo electoral.

En estas circunstancias, Sturgeon ha acentuado hoy la política de educación, de guarderías, el rechazo a la austeridad presupuestaria dictada desde Londres. Ha prometido que pagará a los residentes europeos en Escocia el coste del trámite para lograr la residencia permanente en Reino Unido tras el 'Brexit'. Y los asistentes han aplaudido con más brío menciones a ideales antinucleares o independentistas.

Entre los datos que arrojan los sondeos, el peor para la líder escocesa es el que la sitúa en un punto neutral de popularidad. Son tantos quienes evalúan su trayectoria de forma positiva como negativa. Y en su partido se habla de su forma tan individualista de gobernar, de la toma de decisiones en compañía de su marido, que es consejero delegado del partido.

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