Lingotes de oro caídos del cielo

Lingotes caídos en la pista de despegue. /AFP
Lingotes caídos en la pista de despegue. / AFP

Un avión pierde un tercio de su carga al despegar de un aeropuerto de Siberia

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú

El pasado jueves cayó una abundante lluvia de lingotes de oro sobre una de las pistas del aeropuerto de la ciudad de Yakutsk, capital de la república rusa de Saja-Yakutia (Siberia oriental). No se trataba del maná ni de ningún milagro para premiar a los sufridos lugareños. Un avión que acababa de despegar, un Antónov-12, perdió un tercio de su carga al abrirse inesperadamente la compuerta trasera del aparato. Afortunadamente, no hubo daños personales.

El suceso obligó a suspender momentáneamente el tráfico aéreo y una brigada de operarios tuvo que ponerse manos a la obra para recoger el preciado metal antes de que fuera a parar a bolsillos ajenos. Tuvieron que hacerlo en medio de un fuerte viento y con una temperatura de casi 30 grados bajo cero. La inmisericorde ventisca hizo que los trabajos tuvieran que ser varias veces interrumpidos.

Pero todo terminó bien. Los 170 lingotes extraviados, cuyo peso total era de casi tres toneladas y media (20 kilogramos cada uno) y entre los que había también platino, fueron retirados de la pista y puestos a buen recaudo. No desapareció ni uno. Al menos así lo asegura el Comité de Instrucción de Rusia (SK), cuyos inspectores, no obstante, han abierto una investigación para depurar posibles responsabilidades.

A bordo del avión, que aterrizó en el cercano aeropuerto de Magán a la espera de recibir instrucciones, quedaron seis toneladas más de lingotes que no llegaron a caer pese a no estar debidamente anclados en la bodega. La mala sujeción de la carga fue precisamente lo que causó el contratiempo, ya que, durante el despegue, se desplazó bruscamente y su peso hizo que la compuerta trasera se abriera. Menos mal que no había ningún otro avión en donde cayeron las cajas llenas de oro ni empleados del aeropuerto.

La agencia TASS señala que los encargados de colocar las cajas dentro de la aeronave fueron los miembros de la tripulación, en total siete personas, y dos empleados de la Compañía Minera Geológica de Chukotka, propietaria de la carga. El valor de los lingotes que quedaron esparcidos en el asfalto supera los 45 millones de euros, además de los 90 millones aproximadamente de las otras seis toneladas que no llegaron a caer. Todo la mercancía estaba asegurada.

Yakutia, al igual que las vecina Chukotka y Magadán, son regiones muy ricas en oro y diamantes. La prensa rusa comentaba estos días cómo una carga de lingotes de oro tan valiosa pudo desparramarse de tal manera. Si lo hubiera hecho un poco después, hubiese caído sobre zonas pobladas, lo que, además de constituir un peligro para personas y animales, hubiera dificultado considerablemente la recuperación del material perdido. Y eso cuando las medidas de seguridad en las minas son tan estrictas.

El An-12 es un cuatrimotor de hélices que se emplea también para transporte de tropas. El que se dejó la carga en la pista pertenece a la aerolínea Nimbus y su destino era Krasnoyarsk, la ciudad más importante de Siberia.

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