Imposible que Putin no aproveche el conflicto catalán para desestabilizar a la UE

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú

Puede que no se consiga nunca probar de forma fehaciente la injerencia de Rusia en el 'brexit', la elección de Donald Trump o el apoyo de Moscú a la ultraderecha en Holanda, Francia y Alemania, pero hay muchos indicios de ello. También parece imposible que el presidente Vladímir Putin vaya a desaprovechar la actual sublevación en Cataluña como medio de desestabilizar a la Unión Europea.

Se trata de una oportunidad de oro para un dirigente megalómano y deseoso de mostrar a sus ciudadanos y al mundo que Occidente está en declive. Putin anhela que Europa muerda el polvo por acribillarle a sanciones y reprobar su política en Ucrania, Siria y en su propio país.

La semana pasada, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos notificó a 21 de sus 50 estados que 'hackers' vinculados al Kremlin habían tratado de atacar sus sistemas informáticos electorales y las páginas web organizativas durante la campaña de las presidenciales de 2016. Buscaban, al parecer, puntos débiles para acceder al censo e incluso intentar manipular el escrutinio.

Ya anteriormente, el FBI, la CIA y la NSA, denunciaron el pirateo de los correos del Partido Demócrata y de su entonces candidata, Hillary Clinton, para entregar los de contenido más comprometedor a la organización Wikileaks, que a su vez los difundió. Como consecuencia de todo ello, en Estados Unidos se investiga ahora la presunta injerencia de Rusia en aquellos comicios, incluyendo la posibilidad de que el equipo de campaña de Trump hubiera mantenido un contacto permanente con Moscú para coordinar acciones conjuntas.

En Francia, el equipo de campaña de Emmanuel Macron denunció haber sido objeto de un "pirateo masivo" que condujo a la "difusión en las redes sociales de informaciones internas de diversa naturaleza". Wikileaks señaló al 'hacker' en cuestión, un tal Gueorgui Roshka, empleado de una empresa rusa llamada "Évrika" (Eureka), que recibió del FSB (antiguo KGB) licencia para "proteger secretos de Estado". Hubo sospechas de que la inteligencia militar rusa pudo estar también detrás del sabotaje informático.

En junio, la compañía de seguridad informática FireEye aseguró que el Gobierno ruso estuvo "implicado" en los ciberataques durante la campaña electoral en Estados Unidos y en Francia a través de un grupo de hackers rusos denominado APT28, el mismo, según esta empresa, que la emprendió con Montenegro por adherirse a la OTAN.

Holanda también denunció los intentos rusos de influir en los resultados de sus elecciones, en marzo pasado. Según sus servicios de inteligencia, Moscú incidió sobre todo en la difusión de noticias manipuladas o directamente falsas (fake news) para condicionar la intención de voto.

Para inundar la red de mentiras capaces de conmover y movilizar voluntades no muy escrupulosas en conocer la naturaleza real de los hechos, se utilizan todo tipo de plataformas en Internet, desde redes sociales hasta publicaciones digitales supuestamente serias y fiables. Un ejemplo claro fueron las informaciones difundidas por medios rusos en plena campaña electoral francesa sobre la supuesta infidelidad homosexual de Emmanuel Macron.

Alemania ha tenido que estar en alerta durante toda la campaña electoral de las legislativas del pasado día 24 por temor a ciberataques y a noticias manipuladas procedentes de Rusia. La canciller Angela Merkel no ha ocultado en ningún momento su preocupación y lo ha expresado abiertamente. El Brexit también supuso una balón de oxígeno para Putin, a quien admira Nigel Farage, el principal instigador de la campaña a favor de abandonar la UE.

Al carecer de suficiente fuerza militar y económica para doblegar a Occidente, Rusia emplea la llamada "guerra híbrida", consistente en echar mano de cualquier recurso capaz de debilitar al adversario. Los ejemplos más claros del lanzamiento de esa "guerra híbrida" fueron la anexión de Crimea y la sublevación separatista en el este de Ucrania, alentada, orquestada y patrocinada por Moscú, según estima la OTAN.

En esa pugna participan activamente los medios de comunicación oficiales rusos con un caudal de propaganda sin precedentes, muy superior al de la época soviética, mintiendo, tergiversando y manipulando con gran inmediatez y velocidad gracias a la enorme difusión que ofrecen las plataformas digitales.

Ahora en primera línea está el canal de televisión ruso en español RT, pero también muchos "analistas" que anticipan un "cuartelazo franquista" en Cataluña y miles de acólitos del separatismo que fustigan sin descanso al Gobierno español a través de Facebook y Twitter. Todo para denigrar la democracia española y la del resto de los países de la Unión Europea. Claro, a nivel oficial se proclama el apoyo a Madrid y el respeto a las leyes españolas. Así lo han manifestado el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, y la del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova.

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