Un atropello múltiple «terrorista» deja al menos ocho muertos en Manhattan

La Policía ha detenido a Sayfullo Saipov, un joven de 29 años y de origen uzbeko como autor del atentado

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

La pistola era de fogueo, el canalla auténtico. Desde los atentados de Niza no hace falta tener armas ni bombas, ni siquiera valor, para cometer un atentado terrorista. El hombre con barba oscura y chandal azul que ayer arrolló con un camión a todos los ciclistas y peatones que encontró en la orilla del Hudson acabó su estampida de la muerte arremetiendo contra un autobús escolar a la hora que salían los niños del instituto Stuyvesant. «Allah Akbar!», le oyeron gritar al saltar del vehículo de alquiler, con su falsa pistola y sus falsos ídolos (¡Dios es grande!).

El balance, ocho muertos, todos hombres, y al menos 15 heridos, repartidos a lo largo de veinte manzanas de carril bici entre las calles Clarkson y Chamber. “«¡Tiene una pistola, corred, corred!», gritaron los viandantes, según contó a varios medios Ramón Cruz, uno de los testigos. Un policía respondió de inmediato con balas de verdad, que por una vez tuvieron la suerte de dejarlo con vida para que pueda ser interrogado y se las vea con la justicia. «No estaba ensangrentado, pero arrastraba un pie. Se le veía aterrorizado, confundido», observó Cruz. Identificado rápidamente como Sayfullo Habibullaevic Saipov, de 29 años, natural de Uzbekistán, el presunto autor había llegado a EE UU hace siete años como asilado político. Se asentó en Tampa (Florida), pero para magnificar su cruel yihad prefirió regar de muertos la Gran Manzana y acabar con su furgoneta manchada de sangre al pie de las antiguas Torres Gemelas. «Otro ataque terrorista perpetrado por una persona muy enferma y trastornada», tuiteó Donald Trump. «La ley lo está siguiendo de cerca. ¡No en EE UU!».

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Era día de Halloween. Los esqueletos y carrozas se preparaban para desfilar por el neoyorquino barrio del West Village, que discurre en paralelo a la masacre. Todo el mundo se quedó petrificado ante estos muertos reales y el derroche de maldad, pero el decreto del alcalde fue no permitir que estropee la fiesta a los niños, disfrazados para la ocasión. Dos de ellos se encontraban dentro del autobús contra el que se estampó la furgoneta del terrorista, sin que sus heridas revistiesen gravedad.

Así de real fue la noche de muertos en Manhattan, la isla de los rascacielos símbolo del capitalismo occidental que periódicamente sufre el embate de los terroristas. «Este es un día muy doloroso en la historia de nuestra ciudad», anunció consternado el alcalde Bill De Blasio. Muchos hubieran querido ver al contundente Rudy Giuliani, ahora parte del equipo de Trump, pero el contenido alcalde demócrata en campaña de reelección se limitó a calificar el atentado terrorista como «particularmente cobarde». Como en las Ramblas, el asesino había escogido una zona de paseo en la que no tuviera que tropezarse con otros vehículos, el flamante carril bici que bordea el río hasta Wall Street. El destino de quienes buscan desplazarse con armonía y seguridad por la Gran Manzana. Como el sombrero del cowboy en la matanza de Las Vegas, los amasijos de hierros azules con la inscripción de CitiBike simbolizarán para siempre la inocencia perdida en otra tarde de otoño. El popular programa de bicicletas compartidas que ha puesto a los neoyorquinos sobre ruedas tiene ya su muesca en el panteón de la yihad.

Localización del lugar del atropello.
Localización del lugar del atropello. / R.C.

Los ejecutivos de Twitter, Google y Facebook declaraban a esas horas ante un comité del Senado sobre la falta de control que permitió al gobierno ruso interferir en la campaña electoral. La casualidad quiso que el país se reconciliara en ese momento con las redes sociales, que permitieron a los testigos brindar un relato puntual de lo que presenciaron prácticamente en tiempo real.

Así, un hombre escribió en su cuenta: «¡Jesús! Un vehículo ha atropellado a dos personas y luego se ha estrellado contra un autobús escolar. Veo dos cadáveres y bicicletas destrozadas en el suelo».

Una adolescente, estudiante del instituto Stuyvesant, explicó que «se produjo un accidente y un hombre salió de un vehículo, pensábamos que era algo relacionado con Halloween. Empezó a correr, y un tipo con camisa verde empezó a perseguirle». La menor agregó que «escuchamos varios disparos y todos empezaron a correr». Alumnos de este centro dijeron haber visto a un hombre disparar desde una camioneta, y que posteriormente el vehículo giró y golpeó un autobús escolar.

El fotógrafo Tom Gay escuchó a la gente en Warren Street decir que se había producido un accidente. Bajó a West Street y una mujer dobló la esquina gritando: «¡Tiene un arma! ¡Él tiene un arma!». Tras asomarse, Gay vio a un hombre esbelto vestido de azul y corriendo hacia el sur con un arma en la mano. Le perseguía, según su relato, un hombre corpulento. El fotógrafo percibó cinco o seis disparos, tras lo que el sospechoso cayó al suelo, y «se le acercó otro hombre que le quitó el arma».

Por su parte, el conductor de Uber Chen Yi vio un camión que atropellaba a los viandantes y ciclistas en un conocido carril bici anexo a la autopista West Side. Escuchó «entre siete y ocho disparos y luego la Policía apuntó con un arma a un hombre arrodillado en la acera». Y agregó que «vi mucha sangre. Mucha gente en el suelo». Su pasajero, Dmitry Metlitsky, asegura que vio en el suelo, junto al sospechoso arrodillado, otro hombre sangrando.

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