Crueles ataques contra McCain por su oposición a la tortura

Crueles ataques contra McCain por su oposición a la tortura

El senador de Arizona lucha desde hace un año contra un agresivo tumor cerebral

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

En la Casa Blanca de Trump no hay héroes a los que respetar, sólo amigos y enemigos. En ese 'estás conmigo o contra mí', John McCain, el único senador de EE UU que puede hablar de tortura por experiencia propia, se ha posicionado en el lado honorable de la historia pero en el equivocado de la Casa Blanca al anunciar que no apoyará a la nominada para dirigir la CIA Gina Haspel, quien supervisó una cárcel secreta de la CIA donde se torturaba. «Da igual, de todas maneras se está muriendo», observó con crueldad la estratega de Comunicación Kelly Sadler en una reunión.

El despiadado comentario ha herido a los allegados de McCain y ha dejado en evidencia una vez más la falta de liderazgo ético en la Casa Blanca de Trump, a quien el senador no quiere en su entierro. Según The New York Times, sus asesores informaron la semana pasada a la Casa Blanca de que el presidente no podrá hablar en su entierro, a celebrarse en la Catedral Nacional, pero el vicepresidente Mike Pence «será bienvenido». El senador de Arizona lucha desde hace un año contra un agresivo tumor cerebral como el que se llevó por delante a Ted Kennedy. A los 81 años sus expectativas de vida son, cuando menos lúgubres, aunque su amigo y senador Lindsey Graham asegura que no se está muriendo. Y si lo estuviera, «todos nos tenemos que morir», recordó su hija Meghan McCain en la cadena ABC. «Lo que importa es cómo hayas vivido».

En el plano del honor, dos meses después de que McCain fuese capturado por los vietnamitas al derribar su avión se le ofreció la repatriación por ser hijo de un alto comandante en la flota del Pacífico, pero prefirió quedarse en el infame campo de concentración de Hanoi hasta que fueran liberados todos sus compañeros. Eso supuso cinco años y medio de torturas cada dos horas que le llevaron «al punto del suicidio», confesó. Los vietnamitas abortaron sus intentos. «He aprendido que todo hombre tiene un punto de ruptura», ha reconocido.

También lo aprendió Gina Haspel al frente de la cárcel secreta de la CIA en Tailandia. Como futura directora de la agencia de inteligencia ha prometido no volver a ponerla «al frente de interrogatorios» ni aunque se lo mande el presidente, simplemente porque no la considera capacitada, lo que no impediría que subcontrate esos servicios de alguien con pocos escrúpulos. De hecho, Haspel no contará en su confirmación con el voto de McCain porque se negó a calificar de «inmoral» las tácticas anteriores. Su argumento es: «Se obtuvo valiosa información de altos miembros de al-Qaeda que nos permitieron defender este país y prevenir futuros ataques».

El debate sobre si la tortura funciona o no devuelto actualidad al siniestro vicepresidente Dick Cheney, que volvería a hacerlo de nuevo, y ha servido para asestar otro golpe bajo al moribundo héroe de Vietnam. «John McCain es la prueba de que funciona, por eso le llamaban 'John Songbird (John El Pájaro Cantarín)», le acusó en la cadena Fox el lugarteniente general retirado Thomas McInerney.

Ese y otros intentos de descalificarlo surgieron por primera vez en las primarias del partido conservador en 2000, cuando compitió con George W. Bush por la nominación. PolitiFact las investigó y concluyó que eran «absolutamente falsas» y contrarias a cualquier otro testimonio.

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