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Un joven toma una imagen de uno de los pósit-
Un joven toma una imagen de uno de los pósit- / Elena Martín López

La terapia del pósit

  • Una revolución de palabras en plena estación 14 de Manhattan refleja las esperanzas y frustraciones de cientos de personas tras las elecciones de EE UU

Las palabras son el arma más poderosa que tienen los humanos. Unas pocas hacen falta para romper un corazón o provocar un enamoramiento en pocos segundos. La palabra fue lo que utilizaron Mahatma Gandhi o Martin Luther King para movilizar ciudades enteras y cambiar las injusticias del mundo, pero también la herramienta estrella de Adolf Hitler para sembrar el odio en Europa durante más de una década.

Un puñado de palabras fue lo que el pasado 8 de noviembre dejó sin habla y con los ojos desorbitados a miles de ciudadanos americanos, en especial tres, “presidente electo Trump”. Esta noticia, que muchos tratan de digerir aún, provocó esa revolución de sentimientos que llevó a miles de personas a concentrarse durante días frente a la Torre Trump, de Nueva York, para expresar su irritación, rabia e inconformismo.

Sin embargo, no todas las protestas que se han llevado a cabo desde entonces han tenido tanto eco en los telediarios. Dos días después de conocer los resultados, el terapeuta Matthew Chávez puso en marcha una revolución de palabras en plena estación 14 de Manhattan. Su idea era que los viajeros escribiesen, en un pósit, cómo se sentían tras las elecciones y lo pegaran en la pared a modo de “terapia”. Un pósit por azulejo era el plan inicial, pero ya es prácticamente imposible visualizar dónde están dichos azulejos, por lo que la gente ha comenzado a dejar sus comentarios en las columnas de alrededor.

Lo que comenzó con unos cuantos papelitos de colores, se ha convertido en la caja de resonancia de las esperanzas y frustraciones de cientos de personas que han atravesado ese pasillo desde entonces. Hay mensajes de todo tipo, críticas a Donald Trump, palabras de apoyo incondicional a Hillary Clinton, o frases cortas sobre el amor, la paz y la esperanza. Uno de los que más se repite es "yo voté por el amor" ("I voted for love").

Es imposible calcular la cantidad exacta de pósits que decoran el concurrido pasillo, pero sí que se puede afirmar, con total seguridad, que este toque de color está sirviendo a cientos de neoyorquinos para tomarse con más filosofía y optimismo el futuro incierto al que se enfrentan los próximos cuatro años.