El origen de los tatuajes de los Yakuza

Un Yakuza limpia su arma. /Kalle Singer
Un Yakuza limpia su arma. / Kalle Singer

La mafia japonesa asumió como identidad un aviso ancestral sobre los delincuentes

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Una de las situaciones que suele sorprender al occidental que visita Japón por primera vez suele ser la prohibición de entrar de hombres y mujeres tatuados a sus particulares termas (onsen), gimnasios y piscinas. La razón es que el dibujo en la piel suele estar asociado a los miembros de la Yakuza, una mafia con gran fuerza en el país nipón durante los últimos dos siglos.

A pesar de los tatuajes identifican todavía a los mafiosos en el archipiélago asiático, la realidad es que fue una tradición adquirida y absorbida por la Yakuza. El origen real de esta asociación se encuentra en la región de China, donde en el siglo VIII era costumbre tatuar a los criminales como castigo y para su identificación. En Japón, durante la era Edo (1603-1868), se importó la finalidad y a los delincuentes se les tatuaba en los brazos, de tal manera que sus marcas no eran visibles en la vida cotidiana pero sí al alzar sus extremidades. En algunos casos (allanamiento de morada o robo), el rostro era el lugar donde se empleaba la aguja. La señal permitía identificar a los delincuentes y facilitaba tanto la marginación como el exilio (existían diferencias regionales en los dibujos). Era un solución para luchar contra la delincuencia puesto que no se construyeron las primeras cárceles niponas hasta el desarrollo de las grandes ciudades.

Un Yakuza muestra sus manos tatuadas.
Un Yakuza muestra sus manos tatuadas. / Kalle Singer

La proliferación de tatuajes en Japón se debió también a que se mezcló con el deseo de diferenciar a las diferentes clases sociales. Durante mil años, fueron comunes entre prostitutas, cortesanas, bomberos, porteadores de palanquines o estibadores, profesiones de bajo rango o consideradas indecentes.

Las prohibiciones en lugares públicos que buscaban la decencia se asentaron durante el período Meiji (1868-1912) para aquellos que habían practicado en su cuerpo el irezumi (tatuaje). Curiosamente, el tatuaje se había utilizado como decoración durante milenios -hay indicios paleolíticos- de manera tradicional: con una sola aguja y una técnica de golpeteo. De hecho, se decía que ennoblecía al tatuado elegir ese tipo ritual y soportar el dolor.

Aunque la 'pena de tatuaje' se abolió en 1872, los Yakuza se apropiaron de la tradición y comenzaron a tatuar su piel como señal de identidad (asociada a la delincuencia). Se acentuó porque la práctica se volvió clandestina y se llegó a establecer un nuevo código. Por ejemplo, según el 'minewari', debía permanecer sin tatuar el esternón para que el dibujo no fuera visible al vestir el kimono y sólo se deben mostrar en la intimidad -generalmente, en reuniones-. En lugar de irezumi, el más demandado es el 'Horimono', una técnica tan dolorosa que a veces provoca que el tatuador tenga que detenerse durante el proceso.

Reunión de Yakuza.
Reunión de Yakuza. / Kalle Singer

En los últimos tiempos, la permanente influencia occidental ha aumentado el número de tatuados en Japón. Además, la mayor persecución policial a las mafias ha reducido el poder de la Yakuza. Sin embargo, todavía conservan esa asociación de indentidad para la mayor parte de la sociedad. Horimitsu, uno de los más reputados tatuadores de Tokio con la técnica 'tebori' (a mano y sin emplear máquinas) lo resumió a la agencia Efe en verano de 2017: «Creo que el tatuaje a mano es más valorado en el extranjero que en Japón (…) Aquí todavía se considera una práctica ‘underground’ (clandestina). Quienes no llevan tatuajes o no saben apreciarlos suelen vincularlos a la Yakuza, pero ambas cosas no tienen nada que ver».

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