El príncipe consorte que se sentía «inútil» y «relegado»

El príncipe Enrique de Dinamarca. /Efe
El príncipe Enrique de Dinamarca. / Efe
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Polémico en cuanto al desempeño de sus funciones, nunca se sintió cómodo en su papel al haberse ignorado su deseo de ser rey consorte

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El príncipe consorte Enrique de Dinamarca, Henri Marie Jean André de Laborde, conde de Monpezat y esposo de la reina Margarita II, fallecido a última hora del martes con 83 años, nació el 11 de junio de 1934 en Talence, Gironda (Francia). Hijo de André de Laborde de Monpezat y de Renata Doursenot, pasó los primeros años de su vida en Vietnam (entonces Indochina francesa), donde su padre tenía intereses industriales y agrícolas.

En 1938 se trasladó a los viñedos familiares de LeCayrou, cerca de Cahors, aunque después regresó a Hanoi, donde se graduó. Licenciado en Literatura francesa y Lenguas orientales, estudió Derecho y Ciencias Políticas en La Sorbona de París. Diplomático de formación, trabajó como secretario de la embajada francesa en Londres de 1963 a 1967. Fue precisamente allí donde conoció a la entonces heredera de la corona danesa, Margarita de Dinamarca, con quien contrajo matrimonio el 10 de junio de 1967. El matrimonio tiene dos hijos: el príncipe heredero Federico, nacido el 26 de mayo de 1968, y Joaquín, nacido el 7 de junio de 1969.

El 14 de enero de 1972 pasó a ser príncipe consorte cuando Margarita II de Dinamarca accedió al trono tras la muerte de su padre, el rey Federico IX. Polémico en cuanto al desempeño de sus funciones, nunca se sintió cómodo en su papel, al haberse ignorado su deseo de ser rey consorte, lo que le llevó a sentirse "inutil" y "relegado".

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El 1 de enero de 2016, la reina anunció en su discurso de Año Nuevo que su marido, entonces de 81 años, dejaría de ejercer sus obligaciones oficiales como consorte para retirarse a un segundo plano. Poco más de un año y medio después, en septiembre de 2017, la Casa Real danesa informó de que el príncipe tenía demencia. Un mes antes había provocado un gran revuelo al comunicar que no quería ser enterrado con su esposa porque se había ignorado su deseo de ser rey consorte, una vieja reivindicación suya, y, en una posterior entrevista, señaló que la reina lo tomaba "por tonto" y no lo respetaba.

No era sin embargo, la única vez que había roto el protocolo. Quince años atrás, el príncipe consorte ya había puesto en aprietos a la reina, cuando se retiró a Francia y no fue a la boda de Guillermo y Máxima de Holanda después de que, en la recepción de Año Nuevo y estando enferma la soberana, el anfitrión fuera su hijo Federico. Sonado había sido también su plantón a los actos del 75º aniversario de Margarita, oficialmente por gripe, aunque a los pocos días se le vio de vacaciones en Venecia con unos amigos.

Sus excentricidades, su afición a la vinicultura y la gastronomía y su acento provocaban bromas y le daban cierto aire de hombre culto. El arte, la literatura y la música son sus grandes aficiones, pese a las críticas recibidas en este sentido.

El 5 de febrero de 2018 el príncipe tuvo que ser hospitalizado en Copenhague después de que nuevos problemas de salud le obligasen a suspender unas vacaciones en Egipto y ser repatriado a su país. Finalmente, la Casa Real danesa informó hoy mediante un comunicado que Enrique de Dinamarca falleció a las 23.18 horas del martes 13 de febrero en el castillo de Fredensborg, residencia de primavera y otoño de la familia real situada a unos 40 kilómetros al norte de Copenhague y a la que había sido trasladado desde el hospital.

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