Letizia, en blanco y negro… y en rojo

Letizia Ortiz y Felipe de Borbón posan tras su enlace matrimonial.
Letizia Ortiz y Felipe de Borbón posan tras su enlace matrimonial. / Reuters

La Reina cumple 45 años con su papel en Zarzuela ya definido y con un sello personal propio muy marcado

GLORIA SALGADOMadrid

Zarzuela está este viernes de celebración. La Reina cumple años. 45. Habrá regalos, habrá celebración (familiar), pero ningún acto público en el que pueda captarse una nueva imagen de la mujer que hace ahora casi 14 años revolucionó la Casa Real. El anuncio de su compromiso con el entonces Príncipe de Asturias fue todo un acontecimiento. No era una periodista cualquiera, sino el rostro de los informativos de la noche de TVE. Divorciada. De padres divorciados. Una joven normal, de su tiempo, iba a convertirse en Princesa y… después en Reina. Se disponía a entrar Letizia en Palacio. Y desde el primer momento demostró tener carácter. Mucho. En estos años ha alcanzado la madurez, ha perdido espontaneidad, pero ha ganado en seguridad. Y eso que nunca se le han puesto las cosas fáciles.

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Ha sido, es y con toda seguridad seguirá siendo la mujer española sometida a la mayor presión mediática de la historia. Y no sólo por las comparaciones, inevitables, que se le hacen continuamente con su suegra, la reina Sofía, o con otras princesas y reinas del Viejo Continente. Se la examina con lupa. Doña Letizia ha cumplido al dedillo la labor encomendada desde que pronunció el “sí, quiero” a don Felipe el 22 de mayo de 2004 en la catedral de La Almudena, en Madrid. A veces, sí, quizás con demasiada frialdad. Le ha costado contactar con el pueblo, sobre todo en su etapa como Princesa de Asturias. Ahora, como Reina, se la ve más segura. Por empeño no será. Desde que se convirtió en un miembro más de la Familia Real ha participado en 1.657 actos de la Corona. Como Princesa de Asturias pronunció 87 discursos, y como Reina de España ya lleva 53. Y ha realizado 65 visitas oficiales, la práctica totalidad en compañía de su marido.

Pero a doña Letizia le ha perseguido un sambenito del que dificílmente va a desprenderse. Haga lo que haga, diga lo que diga, se habla de ella por lo que lleva puesto, por cómo va peinada o las joyas que elige para tal o cual acto. Figura en las listas de las mejor vestidas y, es público y notorio, la Reina le está echando un pulso al paso del tiempo sometiéndose a tratamientos que han borrado la frescura de su rostro.

El vestidor de Letizia guarda prendas de todo tipo y condición. La Reina no tiene un estilo definido. Puede decirse que tiene un sello propio personal y muy marcado. Pero difícilmente se puede afirmar qué es lo que le gusta, porque no deja de sorprender con propuestas arriesgadas, algunas muy alejadas de los cánones (no establecidos) de un miembro de una Familia Real. Fiel a Felipe Varela, ha ido poco a poco incorporando más firmas a su armario. Aunque, eso sí, hay tres colores que homogeniza su imagen: el blanco, con el que se vistió para su pedida de mano, para su boda, para la proclamación de don Felipe como Rey de España…; el negro, su apuesta segura y triunfadora para las cenas de gala, y el rojo, con el que deslumbró la semana antes de su boda en Dinamarca o con el que maravilló a los británicos hace un par de meses en Buckingham.

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