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Sí, entonces le dábamos una oportunidad a los sueños, aunque en ocasiones se desvanecían. Celosos de nuestros propios sueños, donde como seres diminutos nos estremecíamos al ver los regalos que habíamos pedido a sus Majestades.
Eran años repletos de ilusiones interrumpidas por el transcurrir del tiempo, que inevitablemente nos hace crecer, abriéndose ante nosotros una vida como una página en blanco, una vida que imaginamos bella y agradable. Nos preguntamos quiénes somos y en qué nos vamos a convertir, es preciso mirar hacia delante pero siempre tentados de mirar hacia atrás.
La vida no se organiza, el destino nos envuelve, nos conduce hacia un sinfín de momentos y de sensaciones, alegrías, frustraciones, renuncias, aciertos, errores… todo a consecuencia de una continuidad no interrumpida.
Sentimos la necesidad de trocear la vida, de marcarla con recuerdos, con metas que exigen nuestro esfuerzo en el día a día porque ya no creemos en la magia.
Aún así, llega otra Noche de Reyes y se me aproxima el tiempo en que era niña, cuando al despertar esa mañana corría sonriente de impaciencia, a desenvolver aquellos juguetes que me hacían feliz.
Ya lo decía Nietzsche, un filósofo por cierto nada optimista, “ en todo hombre hay un niño oculto que quiere jugar ”. Juguemos, mañana será otro día.
Ana Guada Sanz. Portavoz del PP en el Ayuntamiento de León
