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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Y trajeron imaginación
La casa de los yayos, o la casa de mis nietas se han llenado de juguetes desde el día de Noche Buena...
31/12/2007
CON VENTANAS A LA CALLE
...La nueva moda de Papá Noel ha revolucionado la juguetería en las casas a lo largo de todas las navidades. Muñecas que sueñan y dicen cosas, cochecitos de bebés, nintendos, escuela de nenucos, barbyes, vestiditos y mil cosas más, cargadas de etiquetas eurónicas, que todo lo dan hecho (o casi en hecho) en los respectivos juegos.

Hasta que llega la simplicidad en forma de imaginación. Apenas un euro y medio se llama el precio del juguete que ha dejado relegados a todos los demás que aportó en su día Papá Noel y que dentro de otras jornadas dejarán los Reyes Magos. Es un simple rompecabezas, un simple puzzle que completa el abecedario. Lo que pasa es que va en inglés, porque la tienda en el que se adquirió era un bazar chino, y hasta que no se llegó a casa no supimos esta poliglotía.

Mis cuatro nietas se han volcado en el jueguecito. La mayor, Andrea, de siete años, puede ser la directora en la colocación de las fichas del rompecabezas, porque sabe ya los primeros parámetros del idioma. El resto, Alba, de cuatro años y las gemelitas Carla y Claudia, de dos y medio, compensan con su memoria repetitiva el puzzle, una y otra vez. Sin embargo, al que más le han hecho estudiar, ha sido al que esto suscribe, el yayo Polo, que en la vida ha sabido más inglés que los anglicismos del castellano o aquellas palabras que se asemejan al alemán.

Y es que la A es de manzana (Apple), con el dibujo de esta fruta como compensación de la ignorancia de las tres pequeñas y del abuelo y la Z es una   cebra (Zebra, que podía haber sido de la Z actual de Zapatero). Pero en medio está la B del osito (Bear), la D de la muñeca (Doll), la F de la rana (Frog), la H de la casa (House), la K de la llave (Key), la O de la naranja (Orange), la U del paraguas (Umbrella), la   W de la ballena (Whale) y así sucesivamente.

Sorprendente, de nuevo la imaginación ha vuelto a triunfar por el precio de un euro y medio, frente la las facturas importantes de otros juguetes que ha traído Papá Noel y dejarán el día cinco los Reyes Magos. Muñecas, cochecitos, bebés (con nombres propios y todo), Barbyes y la madre que parió a tanto cartón plástico han quedado relegados en rincones oscuros, frente al rompecabezas que alguien le dio por comprar en un bazar chino a última hora, porque se le había olvidado llevar algo para las niñas. Una y otra vez las fichas del puzzle se colocan en el marco del abecedario inglés, después de ser repartidas entre las jugadoras. Andrea, la mayor, no preguntan. Pero el resto…: "Yayo, ¿después de la muñeca, qué va". Y uno tiene que hace acopio su inglés en siete días, para saber que después de la D de Doll viene la E de Elephant. "¿Después de la casa, que va…?". Y venga, Polo, a pensar que seguida de la H de House viene la I de Ice-cream (helado). Simplicidad e imaginación de unas niñas normalitas que han optado por la fantasía escondida de un juguete extraño.

Me viene a mi memoria una anécdota de hace una treintena de años. En aquel entonces, mi mujer y yo fuimos a visitar a unos amigos poco después de Reyes y, como era de esperar, los infantes de la casa Alfredo y Maite se desvivían con sus juguetes recién estrenados, ya en aquel entonces importantes en la facturación. Sin embargo, al chico, los Magos no le habían traído una pistola que en su carta, había garabateado este juguete y que, con el mejor criterio antibelicista del paterfamilias, no había quedado entre los zapatos recién lustrados.

Uno (el que suscribe), con la mejor intención de colaborar, apañé dos pinzas de las cuerdas del colgadero de la ropa e improvisé una pistola escuálida que, en mis años infantiles fue una de las armas más importantes con las que jugué. Un artefacto arcaico que disparaba alubias, garbanzos y hasta piedras con una cierta hechura, a buena distancia y con importante precisión. A partir de aquí, Alfredín   dejó todos sus nuevos juguetes, y con las dos pinzas convertidas en un pequeño kaslasnikov fue matando sombras enemigas por la casa de aquellos amigos.

"¿Qué hases, yayo?", me preguntan, en su media lengua, Claudia y Carla, mientras escribo esta columna. "Estoy escribiendo un artículo. "Yayo, ¿despés del león, qué viene?". Un receso en mi memoria y suelto, casi con la misma rapidez que mi nieta Andrea, la que sabe ya inglés: "El ratón (Mouse)". Y van las dos gemelitas corriendo a decirle a la cuarta nieta, Alba: "El ratón, chicas, que lo dijo el yayitoo". Jesús, que cosas.

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