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Traspasar el umbral de la puerta supone un regreso al blanco y negro, al color sepia, a las miles de cajas apiladas en el almacén, al olor a tela, la misma que, en este establecimiento, se puede tocar con las manos. Hace algo más de 60 años que nació, de la mano de la primera generación de una familia que, sin embargo, no tiene garantizado el relevo generacional.
En estos tiempos de crisis, este lugar, que se conserva casi original desde que se inaugurara en el año 1951, sobrevive con una clientela fija, a la que se le ofrece un trato personalizado y un secreto: “mucha gente viene porque dicen que hay cosas que sólo las encuentran aquí”, relata Luis Antoñanzas, uno de los hermanos que recogieron el testigo de su padre, y que mantienen este emblemático comercio abierto al público.
La historia, a través de una tienda
Frente a las grandes superficies comerciales, la ropa de hogar, los enseres de confección, moda para caballero, mujer e infantil, los complementos… se apilan en cualquier rincón junto a miles de cajas. Una tienda que forma parte de la historia y que ha visto como León, como ciudad, se recuperaba de las consecuencias de la guerra civil, se abría al mundo en los años 60 y esperaba, diez años después, a que la democracia devolviera la luz.
A pesar de las complicaciones, haber hecho historia, es el principal valor de Almacenes Antoñanzas, que se mantiene a base de dedicación y esfuerzo mientras otros locales aledaños se ven obligados a cerrar ante las dificultades de la economía. Un lugar por el que han pasado populares personajes de todos los ámbitos y que, incluso, ha reclamado la atención de las cámaras de cine y ha servido de escenario para recrear contextos con esencias que, en el siglo XXI, parece imposible hallar.

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