|
|
Hace unos días hemos visto cómo un proyecto aeronáutico en el que los leoneses y las instituciones habíamos puesto mucha ilusión, desaparecía. El proceso de su finalización ha resultado largo y doloroso. Probablemente todos lo habíamos contemplado, con esperanzas infundadas, como el paradigma de la modernidad, del desarrollo y del progreso de nuestras tierras.
Una empresa leonesa de altos vuelos iba a promocionar la ciudad allá donde aterrizase. La dura realidad nos ha enseñado la dificultad en el empeño.
Pero lo curioso ha sido observar las distintas posturas adoptadas ante la imposibilidad de seguir adelante con el proyecto.
Se entiende perfectamente la actitud exaltada de los trabajadores que veían peligrar sus puestos de trabajo y hasta, en cierto modo, se justificaban sus iniciativas que iban acompañadas de insultos, manifestaciones, pasquines. Es verdad que se deslegitimaban al dejarse manipular por un grupo político. A pesar de ello les comprendías y hasta te identificabas. Estaban defendiendo su trabajo, su empleo, su “modus vivendi”, y el bienestar de su familia.
Ejemplar ha sido la actuación de aquellas personas, grupos e instituciones que conforman el Consorcio y que impulsaron el proyecto. Seriedad, rigor, apoyo total a los responsables más implicados en la gestión y búsqueda, que al final resultó infructuosa, de soluciones que permitiese su continuidad.
Desentonó una autoridad local que en esta situación preocupante no supo relegar sus intereses políticos y priorizar la búsqueda de soluciones. No era un asunto baladí y no era el momento de jugar a encestar con su nuevo juguete, el leonesismo, en la canasta de la Junta.
Ni se prestaba la situación para hacer inculpaciones absurdas precisamente hacía quienes verdaderamente mas empeño, esfuerzo y trabajo ponían para que la empresa saliese adelante y sus empleados no quedasen en la calle.
Por último estábamos los demás ciudadanos, que aunque observadores no nos hemos sentido ajenos al problema. Dentro de las casas, en los bares, en las sobremesas, en las tertulias, nos veíamos grandes expertos, opinábamos y hasta ofrecíamos soluciones. Nos parecía que algo muy nuestro se tambaleaba y seguíamos todo este enrevesado proceso con interés y atención. Al final, a nuestro pesar, hemos entendido perfectamente que el proyecto no podía continuar.
Lo lamentamos y sentimos, pero ello no puede generar un desánimo entre los leoneses ni mucho menos entre los emprendedores y empresarios a los que desde luego hay que agradecer el empeño que pusieron en el éxito del proyecto y el esfuerzo titánico que hicieron para el mantenimiento de la empresa.
Es cierto que no son momentos de euforia, el paro galopa sin control, la crisis se augura larga y la recesión económica está llamando a nuestras puertas, pero los leoneses momentos peores hemos pasado.
Recordemos, en tiempos no muy lejanos nuestras propias reconversiones agrarias y mineras que además nos cogió a “calzón quitado”, sin infraestructuras y prácticamente sin un tejido empresarial sólido. Y lo remontamos con éxito.
Pronto volveremos a recuperar la confianza e igual que pudimos entonces podremos ahora.
