Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
Una novela católica de Álvaro Pombo
La fe, según la define la mística suiza Adrienne von Speyr en uno de sus libros más visionarios, penetrantes y geniales, "María en la redención", es el humilde reconocimiento del ser humano de que algo le supera.
24/07/2013
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Acaso por eso, y como corroborando eso que dicen las etimologías de que crear es creer, dentro del restringido pero muy interesante espacio de la narrativa de los novelistas católicos goza de prestigio y seguidores, más que la epatante línea distópica o de ciencia ficción de R. H. Benson –véase Señor del mundo y Alba triunfante- y del argentino Hugo Wast –véase 666-, y aún más que la novela de iniciación –véase Moïra de Julien Green o Sangre sabia de FlanneryO`Connor- o la novela católica de suspense de Graham Green, Chesterton o Morris West por ejemplo, la fértil línea de la novela católica psicológica, y la más popular novela católica histórica (esta última corriente, apoyándose en el modelo de Chateaubriand, Dickens, Walter Scott y la novela Fabiola del cardenal Wiseman, está dando en la actualidad interesantes autores de éxito como Willian Paul Young y Michael D. OBrien y, en nuestras letras, Jesús Sánchez Adalid)…

Sin embargo la novela católica psicológica y metafísica bien empalabrada y que no rehúye cierta visión trágica de la fe y de la vida –trágica en el sentido de la Teodramática, obra insigne de Hans Urs von Balthasar-, sí, eso, la novela espiritual atmosférica y repleta de poderío visual, magnetismo conceptual y peso filosófico en la línea de las ficciones de Georges Bernanos y Francois Mauriac, es hoy, a mi juicio, la corriente más interesante y perdurable.

En este sentido la novela católica actual en España cuenta con nombres importantes como José Jiménez Lozano, Mercedes Salisachs, Juan Manuel de Prada, Miguel Aranguren y Enrique Álvarez (no se pierdan de éste último su novela Garabandal), pero a estos hay que sumar ya para siempre el del sutil, inteligente, clasicista y estéticamente audaz Álvaro Pombo (Santander, 1939).

En la trayectoria del académico, poeta y reconocido narrador Álvaro Pombo La previa muerte del lugarteniente Aloof (Editorial Anagrama) era una novela intertextual –una novela psicológica con una novela de acción bélica dentro- en la que el narrador concluía que, en rigor, no existe la narratividad exterior pura pues todo lo que se cuenta en las ficciones es, al someterse a la escritura, por definición algo interior y, por tanto, psicológico.

Asimismo la última y más ascética novela de este escritor, Quédate con nosotros, Señor, porque atardece (Ediciones Destino) es igualmente intertextual –en la narración se integran columnas del periódico El Ideal de Granada firmadas por el escéptico y ladino periodista Matías Belarde, algunas cartas de una de las dos mujeres que visitan el convento, Margareta, y los escritos del padre Abel, uno de los monjes del convento,  conformando en conjunto esa estructura novelística que la teórica del posmodernismo Linda Hutcheon denominó “estructura pastiche”- y se nos presenta el todo como eso, una novela interior, psicológica, trágica en el sentido católico. 

Es ésta de hecho una novela temáticamente en la línea de otras novelas católicas de Álvaro Pombo como Vida de San Francisco de Asis: una paráfrasis (Editorial Planeta) –una deliciosa obra sobre los últimos días de vida de San Francisco y sobre su relación con sus seguidores, con lo material, lo espiritual y el poder, que finalmente acaba siendo un intensificado e intencional resumen del testamento de ese ascético héroe espiritual-… Sí, Quédate con nosotros, Señor, porque atardece está en la línea de esa otra novela franciscana de Pombo, pero con más intriga y menos acción. De hecho una palabra clase para entender a cabalidad la novela franciscana antes citada era la palabra ASCESIS, sí, pero en el caso de esta última novela de Álvaro Pombo la palabra clase que lo resume temáticamente todo es CONTEMPLACIÓN.

Y es que Quédate con nosotros, Señor, porque atardece, en la línea de las películas citadas en estas páginas por Pombo como El gran Silencio o De dioses y hombres, es una historia sobre el valor, el sentido y las contrariedades de la vida contemplativa de seis monjes trapenses en El Pelagratal, un convento-cortijo situado al sur de Granada, en el caserío de La Gorgoracha.

La narración, a pesar de que no rehúye el pasado preconventual en ciertos casos agitado de los monjes, se centra en la reglada y litúrgica vida comunitaria, de ritmo no rutinario sino ritual, tan vehiculada por el trabajo, la oración, y la contemplación espiritual de las gradaciones de la luz y el silencio (o, por decirlo con palabras del propio Pombo, se centra en “esta audacia, esta serena retirada del mundo, esta grande y peligrosa belleza de la acción espiritual”)… “Esta vida nuestra tan aparentemente severa vista desde fuera –dice uno de los monjes- es en el fondo snob. Es un modo elegante de existir, separados, invisibles, por definición no consumidores, restrictos, estreñidos… La belleza de nuestra dedicación es un disfraz favorecedor”.

Asimismo en esta parte Álvaro Pombo, siempre tan fino en las disquisiciones conceptuales, hace entender al lector la precariedad quebradiza del yo a la hora de comunicarse y relacionarse con Dios, y la imperiosa necesidad de superar a tal efecto el yo mediante una comunidad, eso que llamamos iglesia… Así funciona, lo sabemos entonces, la comunidad de monjes de esta novela como una alegoría de la comunidad mayor: la Iglesia Católica.

Y, así visto, la iglesia, como el convento, se halla en un entorno casi laico, casi hostil, pero permanece inasequible al desaliento cumpliendo o intentando cumplir su llamado no sin esfuerzo, no sin contradicciones, y no sin convulsiones…

El punto de giro argumental de esta novela vendrá dado cuando uno de los monjes, al padre Abel, aparece ahorcado en el convento aparentemente en un acto de suicidio.

Tal hecho desencadenará una callada incomprensión, casi consternación, en el convento y sus miembros tendrán que seguir con lo de siempre a pesar del profundo, disimulado y casi indetectable estado de shock.

El padre Abel tenía fama de ser una gran escritor espiritual y algunos frailes se preguntan si no sería bueno leer y examinar los escritos del padre Abel para resolver así el enigma de la motivación de su suicidio, pero el padre Josefo, prior del convento, sostiene que tal pretensión es vanidad pecaminosa y hay que combatirla (“somos una comunidad orante que nos dirigimos a Dios como comunidad y que nos hemos embebido en la oración común justo para liberarnos de los espejismos del yo”).

Aquí entra en juego un periodista ateo del Ideal de Granada, Matías Belarde, y viejo amigo del Padre Abel durante la juventud común, que hará publico el tema de los escritos del religioso suicida –“¿qué no daríamos todos, un editor, la sociedad entera, por tener el diario íntimo de Judas?”-, y encenderá un debate que pasará a ser público convirtiendo así la vida interior, reservada, elevada e intimista de los monjes y el convento en algo más movedizo, más exterior, más opinable y más expuesto… Una duda literaria devenida del suicidio del padre Abel con todos sus textos inéditos y devenida de las ácidas columnas del influyente y procaz periodista Matías Belarde  divide a la comunidad: ¿”todo existe para convertirse en libro”?

Este personaje intrigante, culto y radicalmente descreído, por cierto, al lector de Álvaro Pombo le recordará en parte al protagonista de su celebrada novela El temblor del héroe –Ediciones destino, Premio Nadal 2012-, el cual, en sus conversaciones, gustaba de hablar a veces de la escolástica como una ensoñación poética y de hecho ponderaba de la Suma Teológica sólo su potente lirismo poniendo así Pombo en valor que, en nuestra cultura, hasta el laicismo más férreo hunde sus raíces en la tradición católica.  

He aquí una alegórica y exigente novela de fe de Álvaro Pombo sobre la evolución de un convento a través de un suceso traumático que le hace evolucionar forzosamente; una novela sobre el tránsito espiritual del mundo desde la interioridad a la exterioridad, y en la cual, durante el magnetismo progresivo de sus páginas, el lector avisado detectará que rezuma elegancia verbal y temas y personajes que pertenecen inequívocamente al mundo siempre identificable de este autor.

En una novela rara, antigua en el buen sentido clásico, de aliento psicológico y teológico, y, en suma, de digestión lenta e impacto duradero.

En efecto es una novela especialmente concebida para lectores de alma selecta como usted. 

Luis Artigue

www.luisartigue.es

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