Podrían haber destinado el dinero ahorrado durante el invierno a unas vacaciones en Canarias o en la exótica Punta Cana, podrían haberse comprado un coche nuevo o simplemente acumular sus nóminas en la cuenta corriente, pero decidieron dedicar una buena parte de su capital a viajar a un país extranjero, lejano y sumido en la pobreza para tender la mano a los que más lo necesitan, para mirar cara a cara realidades tan verdaderas como tener que levantarse a trabajar cada día en su León natal. Los cooperantes leoneses realizan una labor callada pero necesaria que el mundo recuerda este lunes a través del Día Internacional del Cooperante.
Laura y Noemí (24 y 28 años respectivamente) se dedican a la enseñanza en la capital de la provincia, pero cuando su jornada laboral acaba realizan diferentes actividades de cooperación, de ayuda a los demás sin ninguna clase de interés ni de remuneración.
"Ahora puedo hacerlo"
En el centro juvenil Don Bosco de León conocen bien a Laura Fernández, que cada semana desde hace cinco años participa con grupos de diferentes edades (desde los 17 a los 30 años) en talleres de formación, juegos, enseñanza, etc. para hacer un poco más rica la vida de estas personas. Aquí, tras conocer a Luis Martínez, de la ONGD JTM (Jóvenes del Tercer Mundo) fue donde surgió la idea de viajar a Angola: "ahora puedo hacerlo", pensó, y se lanzó a una aventura que la llevaría a pasar un mes en un país que había pasado un cuarto de siglo (1975-2000) sumido en una intensa guerra civil.
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"Su vida es mucho más rica"
Inicialmente Laura iba a trabajar en programas de formación, pero las elecciones en las que se encontraba el país lo impidieron: "Allí hay que ir haciendo los planes sobre la marcha". Y el cambio la llevó hasta el poblado Kalulo, donde participó en actividades de catequesis, animación o colaboración en guarderías. "La gente nos acogió con cariño, están acostumbrados a la presencia de cooperantes", señala mientras destaca su sencillez y el valor que tiene cada pequeña cosa para ellos: "Su vida, contrariamente a lo que pueda parecer, es mucho más rica. No tienen nada, y por eso cualquier pequeño detalle lo reciben con la mayor de las alegrías".

La riqueza espiritual de estas gentes es lo que más ha marcado a Laura, que cree que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el compromiso asumido por 189 jefes de estado en 2.000 para la erradicación de la pobreza y cuyo aniversario también se celebra este lunes son por el momento "buenas palabras", aunque considera que es necesaria una "mayor implicación".
"La ilusión de ver plastilina"
El poblado zambiano de Chibuluma fue el destino veraniego de Noemí Díez, quien, a través de la ONG SED (Solidaridad Educación Desarrollo) participó durante un mes y medio en labores de ampliación de un colegio, además de talleres con niños de 8 a 15 años prácticamente analfabetos. "No sabían ni escribir su nombre, así que imagínate la ilusión de ver lápices de colores o plastilina".
Los juegos, las canciones, el tiempo que pasó con estos pequeños y sus familias en Chibuluma han calado en Noemí, quien subraya que "todo tiene más valor, más sentido. Es muy constructivo porque estás ayudando a personas muy sencillas y muy entregadas a ti". La joven se lamenta además de la desmotivación que existe en el primer mundo: "Nada o casi nada hace feliz a la gente que vive bien, mientras que allí todo se valora como si fuera el tesoro más grande".
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No duda cuando se la pregunta si repetiría la experiencia y tiene claro que parte de su labor no ha terminado: "ahora tengo que contar aquí cómo se vive en el Tercer Mundo". No obstante la labor de Noemí en León durante los últimos años ha consistido en charlas de sensibilización sobre el comercio justo en colegios de la provincia, y sus tareas aquí continuarán por ese camino.
Cooperación en León y en el extranjero
Las dos cooperantes leonesas representan sólo un porcentaje (no existen números oficiales, pero son decenas los que participan en los programas de la provincia) de los jóvenes de León que dedican su tiempo a los demás colaborando en programas de servicios sociales, salud, deportes, cultura, juventud, medio ambiente o cooperación al desarrollo entre otros.

El mundo reconoce el lunes 8 de septiembre la labor de un colectivo numeroso y activo en León, preocupado por los demás, tanto por los que se hallan a unos metros de nuestra puerta como por los que viven más allá de nuestras fronteras, empeñado en convertir el mundo en un lugar más agradable, en un espacio donde los que más tienen, más sepan dar.