Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 20:53 h.
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Y es que el Ayuntamiento de La Bañeza tiene gafe. Vamos, digo yo. Desde hace media docena de meses o más, la dimisión de un concejal del Partido Popular no logra encontrar sustituto, porque los suplentes (y van ya cinco o seis) que siguen en la lista no están (o han estado) por la labor para entrar a formar parte de la Corporación. Hombre, bien es verdad que el PP está en la oposición. Pero en tiempos de democracia la oposición tiene también su cometido, a poco que sus integrantes se interesen por pasar cada día por las dependencias municipales y conozcan de primera mano los manejos del equipo de gobierno.
Sin embargo, nadie de los componentes de la candidatura ‘popular’ quiere saber nada para sustituir al compañero que en su día dimitió por motivos personales. Unos motivos que se encuadran, supuestamente, en la posibilidad de que sus compañeros de partido le estuvieran espiando a través de cintas magnetofónicas, teléfonos móviles y toda la pesca. Mientras que desde los órganos provinciales del PP no digan ni pío ante la imagen que están dando los bañezanos.
Y ahora la cosa numérica se ha complicado aún más. Nuevos motivos personales llevaron a un concejal socialista a dejar su puesto en el equipo de gobierno bañezano. ¿Por qué leches apuntarán esos motivos personales si después se descubren escuchas en el anterior edil descrito y en este del PSOE se empieza a saber que había más que palabras entre el susodicho y el alcalde con su acólito el teniente alcalde de Hacienda, cada vez que hacía algo y que todo lo hizo muy bien?
Bueno, lo mejor de este segundo cese es que el concejal en la reserva sí ha querido entrar. De él tenían que aprender los del PP de La Bañeza. Lo que pasa que en el caso que nos ocupa, los que no quieren saber nada del entrante son sus compañeros concejales socialistas, “porque han perdido su confianza política en el suplente, número once de la lista”. Así que veo que tendrá que ocupar la poltrona de edil en paro porque, al parecer, no va a tocar bola en cuanto a lo de gobernar en alguna delegación del equipo socialista bañezano.
¿Que quién es el interfecto? Pues un señor que, al concluir las elecciones municipales del año 2003, encuadrado en una candidatura independiente, pegó un salto mortal de transfuguismo y se alió con el PSOE del alcalde José Miguel Palazuelo, para contabilizar nueve concejales que cuantificaban una mayoría absoluta, suficiente para gobernar con tranquilidad.
Fui testigo presencial del acuerdo y, en exclusiva, di la noticia en La Crónica de León, con fotografía y todo, oiga. Tras firmar el acuerdo, felicité a Palazuelo y al ahora rechazado edil, a la vez que le anuncié que en mis crónicas, su nombre siempre llevaría el apelativo de tránsfuga, por mucho que hubiera sido notario de los protocolos y del acuerdo.
Lo cierto fue que aquel tránsfuga fue el mejor soporte del PSOE para desarrollar su programa electoral y sacar a La Bañeza del desastre del anterior mandato, en el que llegaron a jurar su cargo casi media docena de alcaldes en cuatro años y durante nueve meses, uno de esos alcaldes estuvo en solitario en su poltrona (sin hacer nada de provecho para el común, por supuesto) contra el resto de la Corporación en la oposición.
Bueno, pues aquella muleta, aquel tentemozo, aquel puntal tránsfuga que los socialistas encuadraron en el número once de la candidatura a las elecciones municipales del 2007, ahora no es válido para sustituir al dimisionario arriba descrito. No señor. No es de recibo que se meta entre los otros nueve ediles del PSOE, porque su trasiego tránsfuga puede contaminar la virginidad del equipo de gobierno. Y para más inri, el susodicho dejó como unos zorros el equipo de fútbol local, La Bañeza FC, pasando de Tercera División a su casi borrado de la Federación.
Así que al banquillo de los parados, de los que no podrán decir ni pío sino se documentan y siguen los trasiegos de sus nueve compañeros de lista electoral que ahora repudian y mandan a las galeras del paro, del concejal parado. El susodicho habla de que torres más altas se han visto caer y que el descenso en picado de la montaña del poder puede ser de órdago a la grande y no sé cuantas metáforas más.
Todo se dará por bueno y por aprendizaje si al final, tanto el concejal dimisionario (ver la columna de este mismo autor, titulada ‘Adiós a un gran servidor público’ en este mismo periódico) y el entrante tránsfuga y en paro, aquello de: “ni sirvas a quien sirvió, ni mandes a quien mandó”. Porque como dice también el primero: “En vez un partido político este PSOE parece una banda”. Vanitas vanitatorum et vanitatis omniae (vanidad de vanidades y de toda vanidad). Lo dicho.

