Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 15:47 h.
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«Galletas de San Valentín, un dulce perfecto para el 14 de febrero»
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![]() Imagen de un factor en una recreación de los métodos para controlar el tráfico. (Foto: Ricardo Ordóñez) |
Francisco Andrés Vicente, director del Museo del Tren, es un “enamorado de los las vías”, fogonero de corazón y administrativo de profesión, pasó toda su vida entre silbatos y maletas, hasta que el ferroviario barrio de Chelva se despidió de la estación por orden ministerial a finales de los años 80. Para este arandino, echar la vista atrás es fácil, porque, como reconoció a la agencia Ical, para él aquellos fueron los años más felices de su vida. Esa pasión heredada por la empatía que le produjeron durante años esas vidas que se encontraban en los apeaderos, fue en parte, la responsable de que en 1998, la Asociación Arandina de Amigos del Tren, de la que forma parte, decidiese poner en marcha un Museo que conserva piezas únicas en el mundo y de un especial valor.
Más de 700 reliquias relacionadas con el mundo del tren, de distintas épocas y estilo, componen un espacio museístico ubicado en el inmueble de la antigua estación. Gran parte de los tesoros que se exhiben han sido adquiridos por el propio Andrés en mercadillos, otros han sido donadas por particulares y los menos han sido cedidos por Renfe y otros donadas por Talgo. Las taquillas y las distintas salas de la vieja estación son hoy el lugar de exposición de silbatos, gorras, locomotoras, maquinas de cambios, herramientas, insignias, trajes de azafatas, matrículas y una maqueta, que hace las delicias de quienes visitan de forma gratuita este museo que sólo abre los sábados en horario de 11 a 14 horas.

Desde lo más moderno a las máquinas de carbón se podrán ver en el museo.
La magia del carbón
Dar un paseo por el Museo del Tren es recorrer la historia del ferrocarril de Aranda de Duero, localidad que dispone de dos estaciones que nunca llegaron coincidir en el tiempo. El 31 de diciembre de 1984 dejaron de circular los trenes de viajeros en Chelva, mientras que los de mercancías lo hicieron en 1994. Desde entonces, los arandinos se tuvieron que desplazar hasta la estación de Montecillo, en la que desde 1968 empezó a funcionar la línea que unía la capital de España con Burgos.
Parte de esta historia se encuentra recogida en este peculiar museo, uno de los pocos de estas características en la región y que dispone de algunos tesoros como una locomotora de 1865, ubicada en el antiguo almacén de pescado de la estación. “Es una joya, es única en el mundo”, explicó Andrés, quien reconoce que “el carbón tenía una magia especial que desapareció en el mismo momento en el que lo hicieron los fogoneros”, que eran aquellos profesionales que se encargaban de abastecer de combustible a los trenes.
Muestra de este oficio es un traje, perteneciente a uno de los hermanos mayores de Andrés, que conserva intacto el sentido de “una profesión chulesca que le permitía a uno echarse una novia en cada viaje”, bromeó el director del Museo, quien consideró que el tren “era un modo de vida inigualable a lo que podemos tener hoy en día”.


Elementos utilizados en el 'día a día' de los responsables del ferrocarril.
Pasajeros sin tren
Hay un rincón del Museo en el que Andrés no explica nada a los visitantes. Se trata de un pequeño panel en el que aparecen las fechas de inicio y cierre de cada una de las líneas. “No lo miro porque me cabreo”, reconoce este arandino al que, como a tantos vecinos, afirma dolerle el desentendimiento que las administraciones han tenido con la conservación del ferrocarril en la capital ribereña. Si un día por Aranda supieron circular trenes como el ‘Shangai-Express Correo’, el ‘Frutero’, el ‘Ómnibus’ y el ‘Ruta’, entre otros; en la actualidad solo persiste una conexión directa con Madrid, que se encuentra bajo la amenaza de desaparecer.
El ministro de Fomento, José Blanco, anunció hace unos meses que el rendimiento de la línea era nulo, por lo que se pone en duda la sostenibilidad de la única línea que conecta la localidad con la capital española. Pese a los malos presagios, son muchas las voces que desde Aranda claman por el mantenimiento del ferrocarril. Un objetivo que tratará de evitar que el silbato del tren deje de sonar para siempre.

Las 'chapas' rememoran parte de la historia del ferrocarril.
