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Conrado Blanco León, padre del cronista oficial bañezano, fue un reputado confitero que, con en sus especialidades de pasteles, pastas, tartas, besitos y melindres ponía siempre unos gramos de poesía y unos kilos de corazón. Un gran señor del obrador y animador de las sociedad bañezana de su época, durante buena parte de la primera mitad del siglo pasado, al que su hijo ha querido perpetuar con este premio que, hace unos días, se fallaba en su 23 edición.
El galardón esta vez recayó en un maestro zamorano, José Antonio Montecino Prada, con el poema ‘Viajeros’. La noticia acabaría aquí sino fuera que, a lo largo de estos 23 años, han sido cientos y cientos de poetas, en su mayoría noveles, los que han pasado por el concurso. No sólo de toda España, sino de parte de Europa, América y Oceanía. Cada año, una media de entre 300 y 400 trabajos optan al galardón, cuyo prestigio se ha ido forjando en el yunque de la armonía, sobre el buen entender de unos jurados, que han sabido manejar el martillo pilón de los buenos versos, de la buena poesía. Con una cuantía económica que ha pasado de las 50.000 primeras pesetas (300 euros) a los 1.500 euros actuales.
Esa buena poesía a la que aspiraba desde su creación, el creador del Premio Nacional, Conrado Blanco González. Una buena poesía que lleva el marchamo de uno de sus postulados de vida, como el que reza en el pedestal que La Bañeza erigió hace unos meses en homenaje: “Si vives y no tienes el pensamiento en hacer el bien, la vida no vale la pena”.
Y es que el Premio Nacional de Poesía ‘Conrado Blanco León’ nacía ya rodeado de unos padrinos de la categoría que iba a alcanzar en los años sucesivos. El primer jurado estuvo compuesto de los poetas Antonio Colinas y Antonio Pereira, el novelista Ernesto Méndez Luengo y el presidente del Instituto de Estudios Bañezanos, Felipe Pérez Pollán. Mientras que en recital de ‘Poesía para vencejos’ en el castillo de los Bazán, para entregar el galardón, los poetas fueron los ya nombrados en el jurado, Antonio Colinas y Antonio Pereira, a los que se unieron Antonio Gamoneda, Adolfo Alonso Ares, José Enrique Martínez y Margarita Merino. Mientras que la etnógrafa e historiadora Concha Casado se encargó de la presentación de un desfile de trajes regionales y de las Jornadas Populares Valdornesas. Aquel año, el primero del concurso, fue ganador otro maestro, profesor de Enseñanza Media, Javier Rodríguez.
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Imagen de los miembros del jurado.
El tiempo parece haberse detenido en el patio de armas del castillo de los Bazán, hoy convertido en un coqueto jardín, con árboles y arbustos de variedades insólitas. Cada primer domingo de agosto, media docena de poetas, acompañados de músicos en vivo y directo, cantan a los vencejos que vuelan y vuelan raso sobre el torreón del castillo de Palacios de la Valduerna, queriendo sujetarse, como notas en el pentagrama que forman las ruinas del monumento. Este año, rodeando al galardonado del ‘Conrado Blanco’, José Antonio Montecino, estarán los poetas Adolfo Alonso Ares, Ana Cristina Pastrana, Carlos F. Aganzo, Manuela Bodas Fuente, Rafael Saravia y Sara R. Gallardo. Mientras los músicos serán María José Cordero, Juan José Collado, Moncho Otero y el grupo de dulzainas Bañezaina.
Permítaseme concluir esta columna con unos versos, parte de un romance que, hace cuatro años, compuse en ese día para amenizar mi crónica de este acto, en El Adelanto Bañezano: “Versos de mil armonías, / poesías espirales, / equilibrios en los muros, / cantautores y compases, / poemas para vencejos / volanderos en rasantes. / Y un pendón en las alturas / cimbreado por ventales. / Poemas espadachines / que componen los juglares / para halagar a señores, / obispos y menestrales. / Hoy son versos de vencejos / volanderos, mareantes / de poetas de estos pagos / y de lejos andurriales. / Palacios de los Palacios, / castillo de los Bazanes. / Esqueleto de troneras, / torreón tambaleante. / Piedra sobre piedra, piedras, / un cubo que es un gigante. / Palacios de los Palacios, / castillo de los bazanes”. El siete de agosto te espero en el patio de armas.
