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Joder con el presidente de la innominada entidad de la que soy impositor, que firma prejubilaciones y retiros como si el dinero fuera de su propiedad. Pero para consuelo de tontos como yo, se me dijo que era cosa natural en todas las entidades bancarias, aunque estuvieran subvencionadas por el Estado o por el Banco Central Europeo. Quisió.
Y para más inri, después de más de cuarenta años de fidelidad a dicha entidad, cada vez que hacen promociones para captar clientes bobos como el que suscribe, ofrecen el oro y el moro en forma de cacerolas, sartenes o televisiones de plasma y toda la pesca. Mientras que a los fieles (casi difuntos) no nos dan ni un simple pisapapel para acordarnos de la madre de algunos de sus directivos. Habrá que cambiar de banco. Total…, nada es verdad ni mentira…
Pero es el sino de los tiempos. Qué se le va a hacer. La mentira se ha convertido en el denominador común para atraer a bobos como yo al redil de sus intereses. Me explico. Durante más de cuatro años he estado aprendiendo la forma de sacarnos de la crisis sin subir impuestos. ¡Oiga, que es verdad!. Mientras la parte contraria seguía llamando antipatriotas a todos los que le decían que estaba mintiendo en todo lo que decía, en todo lo que ordenaba, en todo lo que preveía.
Nunca fui aficionado a las matemáticas ni a los quebrados, aunque fueran de denominador común. El partido que ganó las últimas elecciones en España me convenció de que lo principal era consumir, en la medida de nuestras posibilidades, para crear empleo. Y uno, al final, traga. Sino con el voto, sí con la anuencia de echar de la poltrona a quien parecía tener todas las papeletas por habernos metido en un túnel negro llamado crisis.
Después del 20 de noviembre último me hice el propósito de hacerme solidario para crear una parte de un puesto de trabajo, mínima por mi estado de pensionista, consumiendo un poco más de lo imprescindible, al borde de los pocos dineros que recibo como jubilado.
Pero la mentira se ha convertido en el denominador común de la clase política, de la clase bancaria para mirar por sus interese y hacerse rico. El primer consejo de ministros con validez de ejecutivo, desbarató mi inocencia, mis creencias en los políticos. El ganador de las elecciones que había prometido por activa y por pasiva no subir los impuestos, se sacó de la manga una macana para freírnos a eso, a impuestos, a recortes de todo lo que se menea, a exigirnos sacrificios para que antes de que se lo llamen los mandamases de Alemania y Francia, llamarlo él.
Bueno, a todos…, menos a los pobres pensionistas. Que bastante han tenido ellos que aguantar marea en el año que acabó, con la pensión congelada como el carámbano. Probines. Y una mierda. Nueva mentira de denominador común. Este nuevo gobierno, mentiroso como el que salió nos sube un uno por ciento la asignación pensionada, a la vez que el IRPF un poco más que la pensión. Y una mierda para… Como decía el gatito de una felicitación cansina, de las que mandan ahora en navidades, que apareció en mi móvil, después de soltar tres peditos ridículos: “Una mierda, eso es lo que te van a traer los Reyes Magos este año”.
Así que mandaré los zapatos al zapatero para un remiendo y no compraré unos nuevos que tenía previsto; pondré una batería y unas ruedas a mi anciano coche, en vez de visitar al concesionario que estaba loco por colocarme uno de media gama; seguiré comiendo tostadas de pan sobrante del día anterior, en vez de bollería de engorde; y el roscón de Reyes…, meteré un vale en un cacho de uno de los turrones que venían en la cesta que esta casa me mandó por Navidad, para seguir pensando lo mismo que recita el gatito de la felicitación: “Una mierda es lo que te van a traer los Reyes Magos este año”. Dios confunda al felino, a la madre que lo parió y a los que votaron a un partido mentiroso para echar a otro más mentiroso.
