Jueves, 17 abril 2014Actualizado 21:02
León  Intervalos nubosos
24
9
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
OPINIÓN POR PACO LABARGA
Un asesino inverosímil y un autor confeso de una mierda cierta
(He aquí La última cena, de Andrea del Castagno...
12/04/2011
ORO, INCIENSO Y BIRRA
... que aproveche)


Ya no tengo excusa para no escribir sobre un gran artista. Máxime después de ver con cuánta aquiescencia tratan nuestros indoctos políticos la falta de talento: ahora que las cagadas de Eduardo Arroyo penden como excrecencias de las antañonas edificaciones leonesas, en vez de hacerlo de sus peludos cojones, no puedo por menos de preguntarme: ¿diez años para esta mierda? y de recordar a aquel inmenso pintor que fue Andrea del Castagno y lo injustamente que fue tratado por esa gran hija de puta que es la Historia, que vilipendia a los buenos y aherroja su memoria, a la par que encumbra a los porros y a los charlatanes de aptitud huera.
 
Ni siquiera el puritano Vasari puede sustraerse a la fascinación por la obra de Del Castagno, cuya personalidad, no obstante, aborrece: "Siendo su pintura y dibujo grande y verdaderamente excelente, pero mucho mayor tenía el resentimiento y el deseo hacia los otros pintores: de manera que con tenebrosos pecados enterró y ocultó todo el esplendor de su virtud".

Andrea del Castagno (también llamado en ocasiones Andreino) fue uno de los más grandes pintores del primer Renacimiento (nació en 1421). Cuadros como La última cena (ver foto de arriba) o La muerte de la Virgen no precisan de explicación alguna para que hasta el más lego comprenda que se trata de obras maestras, lo que evidentemente contrasta con algunas de las aborrecibles creaciones contemporáneas, cuyos autores nos las explican hasta la saciedad por ver si así nos tragamos la bazofia, pero ni por esas.

En fin, esto no pretende ser un tratado de arte, así que diré que Del Castagno, que a mediados del siglo XV era uno de los más primorosos y afamados pintores florentinos, vivió una vida de éxito y reconocimiento, cuya memoria, sin embargo, se vio empañada por un turbulento asunto: el asesinato de Domenico Veneziano, también pintor y amigo de Andreino, asesinato del que según varios autores fue ejecutor en persona el propio Del Castagno y que, presa del remordimiento, habría confesado en su lecho de muerte.

El Vasari, siempre el Vasari, nos cuenta que "Vivió espléndidamente, y porque era persona desprendida y se divertía mucho y vestía bien y en casa de lo propio, dejó pocos bienes a su muerte, truncándose la vida en la edad de 71".

Y sabiéndose después de muerto la impiedad que había cometido al maestro Domenico, con odio se le enterró en Santa María Novella y le hicieron este epitafio: Castaneo Andreae mensura incognita nulla atque color nullus linea nulla fuit il envie exarsit fuitque proclivis à iram domitium hinc venyum substulit insidiis domitium illustrem pictura turpat acutum sic saepe ingenium tornillo inimica malí” (algo así como: Andrea del Castagno no tenía mesura ni color ni dibujo. Envidioso y colérico era. Domenico Veneciano ilustre pintor fue estropeado por este malévolo.

La atribución a Del Castagno de la autoría del asesinato de Domenico Veneciano no es original del Vasari, sino que, probablemente, éste dio por buena la calumnia difundida con anterioridad por Billi y por el llamado Anónimo Magliavechiano: según el primero, Veneziano, que trabajaba por esas fechas en la fachada de San Egidio, "fue muerto por dicho Andreino con una maza de armas, golpeándole en la cabeza por envidia y, sin embargo no pudo terminar dicha fachada y al morir confesó dicho homicidio".

Como todas las mentiras y las malas acciones, la leyenda del asesinato y su atribución hizo pronta fortuna y a los ojos del vulgo convirtió a Del Castagno en un ser detestable, empañando su otra cualidad, la de ser un genio de la pintura.
De poco sirvió que Milanesi demostrara documentalmente que el asesinado, Domenico Veneziano, no pudo haber muerto a manos de Andreino, por la convincente razón de que, en tal caso, el asesino habría fallecido cuatro años antes que la víctima. El propio Milanesi cree haber encontrado la razón de la confusión en el asesinato, acaecido en 1443 y provocado por unos desconocidos, de un tal Domenico di Mateo, que era un pintor florentino, no veneciano. Bastó, empero, una bastarda casualidad para deshonrar la memoria de un gran artista.

En medio de tanta injusticia y arbitrariedad, en medio de tanta ramplonería y mediocridad como se dan en nuestra sociedad en general y en el mundo de la creación en particular, sirva esta entrada de pequeño homenaje y para desfacer el entuerto que se le fizo al grande y querido Andrea del Castagno: un asesino inverosímil, porque que no pudo cometer en modo alguno el crimen que se le imputa, contrariamente a Eduardo Arroyo, autor confeso y orgulloso de una cierta mierda, mejor dicho, de una mierda cierta.

PD. Es muy difícil sustraerse a la actualidad, pese a que la actualidad es ya pasado. Así, en esa 'automamada' de polla senil que son los Micrófonos de Oro, el alcalde de Ponferrada sufrió una especie de eyaculación espiritual con los conocimientos culturales de la baronesa Thyssen, que, ya se sabe, los adquirió todos, al igual que su dinero, por vía venérea, si bien yo juzgo que por esta vía el contagio del conocimiento es imposible, aunque no el del dinero.

Otrosí digo: La Ciuden ha fallado el concurso de ideas para el Bosque del Carbonífero, una impresionante cúpula en cuyo interior se van a reproducir las condiciones de vida, fauna y flora del Carbonífero. Vamos, que no habrá marihuana, una pena. Entre la fauna habrá escorpiones, reptiles y cucarachas, por lo que yo le aconsejé en persona al director general que, en vez de gastarse 7 millones en la cúpula, le pongan unas uralitas transparentes al Ayuntamiento, donde este tipo de fauna abunda con exuberancia (Rapú).

En honor a la verdad, Azuara (que así se apellida el director general), que es un hombre culto, pero, al contrario que yo, también es educado, ni siquiera sonrió con la chanza. De los proyectos expuestos hay uno que a mi me fascinó, si bien no resultó elegido: un inmenso y daliniano huevo cósmico. “Es horrible”, dijeron los miembros del jurado. Pues eso, digo yo, perfecto para Ponferrada, en justa armonía con la iglesia de La Rosaleda o la de San Pedro, con el monumento a la Maternidad o el de Las Pimenteras o con la casposa réplica en bronce, ni siquiera oscurecido, de la Victoria de Samotracia, en el mirador del río Sil.

Como horror estético, el huevo cósmico habría competido ventajosamente con Las Moscas comemierda de Arroyo, con el Musac y hasta con el ‘superconsolador’ anal gigante y brillante de la Torre Agbar (es anal porque Aguas de Barcelona, hoy en poder de una multinacional francesa, nos lo mete diariamente por el culo y hasta parece que nos gusta). Au revoire.

Compartir noticia:
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
Todas las noticias
 
Gestor de contenidos
desarrollado por
Powered by
SPC v2012 ®