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OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
Tiempo de crisis y radicalismo
Las elecciones de Estados Unidos me han inspirado...
01/11/2010
LA NARANJA MECÁNICA
...para hablar de la psicología social y el liderazgo. En este país, a raíz del ascenso de Obama, se creó un partido que, según sus palabras, pretende “eliminar todo que lo huela a Obama”. Se quejan de que el estado está interviniendo demasiado en la vida de los ciudadanos y uno de los ejemplos que plantean es la reforma de la sanidad. Mi intención aquí no es opinar acerca de ningún líder político de ningún país. Sólo me llamó la atención por la ideología que defiende este partido.

Apelan a devolver a los ciudadanos estadounidenses la esencia y los ideales por los que tanto han luchado (la lucha se refiere a la época en que consiguieron la independencia de las colonias). No sé muy bien cuál es esta esencia. Siempre he considerado que sus “orígenes” se caracterizan por ser un pueblo formado por la inmigración y la conservación de la población autóctona en “reservas”.
Dejando de lado este tema, hay un hecho con el que la mayoría está más que de acuerdo y es que estamos viviendo una crisis económica mundial. Unos países están mejor que otros y el futuro para la recuperación tiene muchas visiones y opiniones.

En general, los tiempos en que hay problemas graves ponen todo patas arriba y vuelven a las personas del revés. Esto es porque los períodos de crisis se caracterizan por la interpretación de la incertidumbre como algo negativo. La incertidumbre siempre existe.

Lo que ocurre es que cuando las cosas van bien suponemos que seguirá siendo así porque no vemos datos que nos indiquen lo contrario. En cambio, cuando la situación es difícil y se caracteriza por la necesidad de resolver problemas la percepción de la incerteza toma tintes muy negativos. Si no vemos una solución clara y cercana a un problema nuestra preocupación aumenta. Algunas veces, la solución a los problemas está en nuestra mano pero, en otras ocasiones, depende de un conjunto de cambios a nivel global.

La actual crisis es uno de estos casos. Cada uno de nosotros sólo puede tomar unas decisiones u otras para que le afecte en menor medida. En ocasiones, lo que podemos hacer no es suficiente para cambiar la situación y nos sentimos indefensos. Cuando nos sentimos así, intentamos protegernos y buscar apoyos, alguien que nos explique qué ocurre o, mejor aún, que nos ofrezca una solución satisfactoria. Creemos que todo falla y que es necesario un cambio. Incluso, dudamos de nuestros ideales y de nuestras creencias más arraigadas porque, es posible, que por ellas no encontremos la solución. Todo esto es perfectamente comprensible, cuando algo falla buscamos nuevos caminos.

Es en la búsqueda de nuevas alternativas donde entra en juego el liderazgo. Los nuevos movimientos que surgen ya sean políticos, sociales, económicos, filosóficos, etc. tienen su oportunidad en este momento. Cuando las personas se sienten más vulnerables son más fáciles de convencer. Por eso la propaganda y la presión social aumenta.

Es la oportunidad para ganar seguidores. Las condiciones son las idóneas puesto que el público tiene unas necesidades que quiere cubrir y la situación de incertidumbre requiere cambios y nuevos enfoques. Un buen líder que se precie ofrecerá esa solución y tratará de demostrar que tiene la fórmula efectiva. La captación consiste en emplear los argumentos en la dirección que nos interese, siempre ofreciendo “la solución definitiva”.

Estamos viendo cómo en Europa comienzan a cobrar importancia los partidos de ultraderecha, como en Suecia. O cómo las medidas propuestas por Sarkozy sobre la deportación de los gitanos son tenidas en cuenta. Este tipo de ideas no suele salir a flote o no se les da demasiada importancia en tiempos de estabilidad. Normalmente, la opinión pública se hace notar y las protestas surgen desde multitud de frentes y organismos públicos. Las opciones más radicales se dejan de lado precisamente por considerarse demasiado radicales.

Justo al contrario que en los momentos de profunda insatisfacción en los que se busca un cambio drástico. Los inmigrantes son uno de los colectivos que más sufren cuando se producen estos cambios en los ideales. Pasan de ser quienes realizan el trabajo sucio que nadie quiere a ser unos delincuentes que roban porque no hay trabajo. ¿De verdad es todo blanco o negro? ¿Si se fueran todos los inmigrantes se acabaría el paro? ¿No hay delincuentes en el país y que, encima, salen todos los días en la tele?

A lo largo de la historia la tendencia a cambiar nuestras creencias por la insatisfacción que sentimos se repite. Algunas veces, ha dado lugar a hechos imborrables en la historia mundial como los años que siguieron al Crack del 29 hasta la II Guerra Mundial.

Normalmente, los procesos de persuasión social se caracterizan por dar todo muy bien explicado y organizado. Así, el público sólo tiene que establecer las conexiones que le llevan a razonar siguiendo la misma tónica del líder que se ofrece como “la solución”. Ante los fenómenos de presión social debemos saber qué es lo que queremos y qué es lo que nos convence realmente. Saber analizar los argumentos y ver qué validez tienen es importante a la hora de tomar decisiones.

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