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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Terrorismo en la línea telefónica
Los que estuvimos dedicados al periodismo activo durante muchos años...
21/06/2011
CON VENTANAS A LA CALLE
...sabemos por experiencia que en los meses de verano la cosecha de noticias sufre un bajón de padre y muy señor mío. Es lo normal. Sólo en los años de elecciones, como es el caso, se iban sosteniendo con los propios comicios y las posteriores tomas de posesión de los cargos electos, así como la vigilancia activa durante los primeros cien días.

Lo que hacía que el contenido de las páginas se iba engordando cada día, hasta empezar el otoño. Que, como una constante en el tiempo,siempre sería un otoño caliente.

Este año es de esos que puedes sotenella y no emendalla. Además, con la comedia bufa protagonizada por el flete de la Moncloa que dice que se va, pero no acaba de marchar, con el añadido de las primarias rubalcabeñas, que más que primarias parecieron unas fiebres terciarias, el que diga que este año no tiene  donde caerse muerto por noticias, miente como un bellaco que diría Zapatero. Sin contar el rollo de los indignados, que ni ellos mismos saben ahora como deshacer el entuerto que comenzaron un 15 de mayo.

Pero para indignado, yo. Ya ven, mis queridos y sufridos lectores, el que esto escribe está en un sinvivir desde hace unas semanas. Decía Alfonso Sastre en su comedia ‘Escuadrón hacia la muerte’ que en los días de calor se suelen cometer los crímenes. Es un decir  falso. Porque cuando estaba en activo, hasta eso fallaba y no teníamos ni una simple riña que llevarnos a las páginas mermadas del verano. Pero esta vez, hasta el bueno de Sastre va a tener razón.

Sin embargo, este año de comicios, de óperas bufas zapateriles de indignados que Dios te crió, ha saltado una noticia bomba para algunos de los usuarios telefónicos y de adeeseele, desde hace unas semanas. Un terrorismo puro y duro de una empresa telefónica de media polaina, a la que no voy hacer publicidad en mi denuncia, que cada día a mí y a otros cientos de  incautos (cativines), nos está bombardeando cada media hora con llamadas ¿comerciales?, para completar una agresiva campaña de expansión.

Terrorismo puro y duro, oiga. Por activa, por pasiva y por mediopensionista he dicho, he gritado, me he cabreado, he jurado en hebreo y en arameo, he insultado, he…, que no quiero ¿beneficiarme? de sus servicios. Pero siguen en sus trece. Alrededor de entre doce y trece llamadas diarias tengo catalogadas en estas tres semanas. Algunas de estas llamadas las he grabado para tener una base seria de denuncia en esta columna. Porque judicialmente ni  merece la pena.

Y no se cansan. Tan harto estaba de las innombrable compañía telefónica de media polaina, que hace unos días me inventé un viaje para ir a ver a mis nietas a Madrid y cuando llegué de vuelta, tenía colapsado también en contestador automático de mi teléfono, de las susodichas llamadas ¿comerciales?

Es un terrorismo cansino, estúpido, sin sentido. Pero terrorismo con todas las de la ley. Una pléyade de sudamericanos arranca cada día desde unos teléfonos con prefijo de Madrid, para joder el día a los usuarios del teléfono fijo y del adeeseele. Sí, ya sé que los susodichos sudamericanos son unos mandados por la cúpula ¿comercial? de la innombrable compañía telefónica de media polaina. Son esos mandados que ametrallan a todo el que se pone por delante, cuyos datos sin proteger han caído en esas manos terroristas.

Alguna vez, con la grabadora funcionando, he querido conversar amigablemente con el operador de turno. Informándole que estoy servido, que no quiero cambiar, que me dejen en paz, que les estoy grabando, que por el amor de Dios, que si me dijo me dijo, que si la abuela fuma, que si el abuelo va a misa… Pues no hay cáscaras. Rin, rin, rin, rin. Dígame. “Buenos días (o tardes o noches), Don Leopoldo (ni el cura cuando me casé me llamó por el nombre de pila; sólo me llama Leopoldo esta gente u otros comerciales a los que, por ese camino, nunca atiendo debidamente), le informo que la compañía (aquí el nombre de la susodicha innombrable de media polaina)…” y suelta el rollo correspondiente, sin atender a razones, sin apenas tomar aliento, para no dejar meter baza al cuitado de turno.

Por Dios, Rubalcaba querido, o Alfredo para los amigos, ¿no podría usted meter baza es esto, mientras siga siendo ministro de guardias, policías, ladrones y terroristas? Porque esto es ya un sindios. Vamos, digo yo.

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