Reportajes
REPORTAJE
Terapias con química
La asociación CanSonrisas trabajar la estimulación cognitiva y motora en mayores, personas con discapacidad, menores y víctimas de violencia
 Sinda masajea a Tango durante la terapia con perros para personas mayores en la residencia san José de Valladolid. (Foto: Miriam Chacón)
Sinda masajea a Tango durante la terapia con perros para personas mayores en la residencia san José de Valladolid. (Foto: Miriam Chacón)
R. Travesí
12/04/2015 (12:40 horas)
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Ángeles camina lentamente por el pasillo de la residencia. Entra en un salón vacío, saluda y pregunta por los perros. Solo por los perros. Faltan 20 minutos para comenzar la sesión de terapia asistida en la Residencia San José de Cáritas en Santovenia (Valladolid) pero ella quiere ver a los animales: “Avisadme cuando estén los perros”. Queda clara la afirmación de que el perro es el mejor amigo del hombre y eso que aún no ha empezado la terapia, donde el perro es el protagonista y muestra toda su destreza para interaccionar con las personas mayores.

La interacción va camino de dos años que es el tiempo que CanSonrisas acude a este centro cada 15 días para realizar actividades con dos grupos diferentes de mayores, uno de personas válidas y otro con dependientes. Se acercan las 19 horas y comienzan a llegar los ocho residentes, seis mujeres y dos hombres. Mientras esperan sentados, algunos en sillas de ruedas, aparece Ela con mucha expectación. Todos saludan a la perra.

No hay tiempo que perder aunque, antes, Ela inspecciona y olfatea cada rincón del salón de la residencia para familiarizarse con el lugar. Es todo un ritual. Mientras, su guía María de Prada saca de una maleta, repleta de artilugios, todo lo necesario para realizar la sesión. Lo primero es colocarla un peto para luego comenzar con el primer ejercicio. El cepillado es habitual al principio, por lo que la perra se acerca a cada uno de los mayores provistos de un guante para que la acaricien con mimo. “¡Estáte quieta!” o “espera un momento que no he acabado”, espeta una mujer mientras otra apunta que la perra está feliz porque mueve la cola. Todos los mayores se dirigen al animal como si fuera una persona. La empatía es total.

Sin darse cuenta los ‘abuelos’ realizan ejercicios físicos al obligarse a moverse para cepillar el perro. Y quien no lo hace correctamente recibe las indicaciones de María que les recuerda que debe cepillar al animal desde el cuello hasta la cola. También, durante la sesión, se ejercita la memoria porque los mayores recuerdan la actividad de hace 15 días del “banquete” de Tango, otro de los perros de CanSonrisas, cuando se comió un sándwich de jamón, que hicieron ellos mismos ejercitando su motricidad sin darse cuenta. Algo fundamental para una de las participantes como Carmen, de 97 años.

Otro de los componentes de CanSonrisas es Francisco García, quien asegura que realizar actividades con los grandes dependientes y personas con discapacidad intelectual es “motivador” porque, en ocasiones, apenas tienen posibilidad de participar en otras terapias del centro y pueden sentirse aislados del resto. Además, destaca que los avances son más visibles en personas con un mayor deterioro.

Pone el ejemplo de una usuaria que no tenía movilidad en el brazo y que llegó a levantarlo mientras realizaba un juego de baloncesto con el perro. Otra de las cosas “más gratificante” del trabajo, declara, es cuando un familiar nos comenta que es la primera vez en años que han visto sonreír al abuelo gracias a los juegos con el animal, pero también que los mayores conozcan el nombre del perro aunque no recuerden lo que han comido ese día.

El trabajo de CanSonrisas no se limita a Valladolid porque ya se ha ampliado en los últimos meses a otra residencia y un centro de día de mayores Vitalia en Madrid, además de colaborar en proyectos de Aldeas Infantiles con menores en exclusión social en Collado Villalba y El Escorial, también en Madrid. Además, los tres socios están a la espera de recibir el visto bueno de una residencia de La Lastrilla, en Segovia. Es un proyecto en el que tienen muchas esperanzas porque “las pruebas han ido bien”.

Y es que los ámbitos para llevar a cabo terapias asistidas con perros cubren un amplio espectro. Desde residencias de ancianos y centros de día hasta colegios, centros ocupacionales y de personas con discapacidad, prisiones, centros de menores o de mujeres víctimas de violencia de género pasando por centros de alzheimer y de tratamiento para drogodependencias. Entrar con un perro en un hospital para trabajar con enfermos es el gran reto para los componentes de CanSonrisas.

Perros educados y sociables

CanSonrisas es una asociación sin ánimo de lucro especializada en terapia y actividades asistidas con perros. El alma de CanSonrisas es el trío de educadores caninos formado por Francisco, María y Beatriz Arroyo. Por motivos laborales, se reparten entre Valladolid y Madrid. Pero ellos no son nada sin su otra familia, los perros Tango, Ela, Coco y Bilde. La raza predominante es el labrador pero cualquier perro es válido para hacer terapia. Solo es necesario que sean equilibrados, educados y sociables. Sorprende ver cómo se mueven, sin asustarse, entre sillas de ruedas, muletas y andadores.

Los tres amigos dan pasos lentos pero firmes porque, según recuerda Francisco, el entrenamiento es complejo y lleva mucho tiempo. Da muestra de ello la maleta que tienen con todo tipo de artilugios para realizar las actividades. Los tres utilizan un método de adiestramiento basado en premiar las acciones positivas de las mascotas.

Cada sesión entraña un alto nivel de estrés para el animal y los guías no dudan en dar por finalizada una actividad en cuando está en riesgo el bienestar del perro. Los canes solo ‘trabajan’ uno o dos días por semana y el resto hacen una vida normal al convivir con sus dueños que en este caso son también sus guías. El vínculo entre ellos, como no puede ser de otra manera, es total.

María destaca el trabajo previo antes de cada sesión porque los objetivos varían en función de los usuarios. Hay grupos donde se centran más en las habilidades motoras, el equilibrio, la motricidad y la movilidad y otros, para mejorar la memoria. En todo caso, siempre se busca la relación entre el grupo. También menciona la interrelación con profesionales del propio centro como terapeutas, educadores y trabajadores sociales. Eso sí, es consciente que lo ideal para hablar de una verdadera terapia sería estar acompañado con personal de la rama sanitaria.

Ana González, una de las terapeutas ocupacionales de la Residencia San José de Cáritas, explica que muchas de estas personas estuvieron vinculadas con la agricultura y la ganadería en zonas rurales por lo que han convivido con animales y estas sesiones con perros les traen recuerdos. Pero también destaca la relación social puesto que actividades de este tipo permiten potenciar el grupo, sin olvidar el trabajo de rutinas, la actividad física y los elementos cognitivos. “Todos ellos están entusiasmados con la actividad y deseosos de realizar ejercicios con los perros”, afirma. Es más, considera que la sesión con perros sería recomendable para muchas personas pero no quieren. La residencia cuenta con 86 personas, con una media de edad que supera los 80 años.

Ejercicios que Ela realiza correctamente, por lo que de premio recibe sus trocitos de salchicha. Es lo que tienen los animales que aprenden por asociación y repiten un ejercicio al comprobar que tienen recompensa. Ha transcurrido media hora de la sesión y toca un relevo. Pese a estar aún en prácticas, Ela ha cumplido con su cometido y ahora entra en acción Tango, otro labrador que algunos residentes conocen como el “perro de los ojos pintados”.

Empatía y cariño

Le acaban de despertar y le cuesta encontrar la concentración aunque su guía, Francisco, comienza a preparar el siguiente juego para formar palabras de los nombres de los mayores en el cuerpo del animal con la asociación de letras. Hay algún ladrido de Tango pero los usuarios ni se inmutan. Le conocen y saben que es un perro tranquilo. En todo momento, es palpable el respeto, la empatía y el cariño que los mayores muestran a los perros. Es otra forma de expresar sus sentimientos.

Para finalizar, el masaje ‘perruno’ para acariciar suavemente al perro con las dos manos. Algo que Tango agradece y los ‘abuelos’ lo saben al comentar: “Cómo te gusta. Si te pones mimoso”. Antes de acabar, los guías toman una fotografía de grupo que entregarán a los mayores en la próxima sesión. Ha transcurrido una hora en que los perros han aliviado algún malestar, mejorado el estado de ánimo de los residentes y arrancado una sonrisa. 

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