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OPINIÓN POR BOUZA POL
Soy de pueblo
Antes, no hace muchos años, en los pueblos de España se respetaban las canas...,
30/04/2011
BURBIALIDADES
...y los ancianos eran considerados benéficos manantiales de sabia experiencia. Ahora se les encierra en los rediles residenciales, en esas bonitas jaulas con buen alpiste, pero muy lejos de los hijos, de los nietos, de la familia y de los amigos de toda la vida. Para más escarnio, comprobamos como los jóvenes de ahora no tienen tiempo para casi nada, aunque se pasen horas y horas en bares, botellones, y en profundísimos sueños de sofá: ¡Cómo van a tener ganas de “aguantar” las “batallitas” incruentas del abuelo…!

Cierto es que no todos los abuelos son igual de majos y maravillosos, pues hay por ahí algunos de los que es mejor no hablar, pero, en líneas generales, los “padres de los padres” acumulamos experiencia y sabiduría que siempre estamos deseando compartir, no imponer, haciendo honor a la máxima de Bouza Pol que dice: «Enseñar es amar. Aprender es corresponder».

Esto es especialmente cierto y significativo en los que, a mucha honra y orgullo, somos de pueblo, y más aún si hemos sido engendrados, nacidos, y crecidos en las cercanías de las labores del campo: «Los hijos, los nietos de los campesinos, de los agricultores-ganaderos, de los labradores de antes, sabemos hacer de todo». Yo, por ejemplo, por mi cuenta, sin subvenciones, he descubierto a su debido tiempo que comprando un paquete de doce maquinillas de afeitar, de las más baratas, me dan el mismo resultado que las caras o carísimas.

En una docenita de las de doble hoja, de usar y tirar, siempre me salen cinco que no sirven para nada, que no cortan; cuatro son regulares que valen para un par de afeitados; y tres son y salen tan súper-buenas que con cada una me afeito varias veces, y con toda delicadeza…

Solucionado pues el primer problema, el del afeitado, diré que he padecido también otros dos tan “tremendos” o más: los botines deportivos y los calcetines en general. Mis “todoterreno”, los de andar por el campo, eran demasiado caros y tenían poca vida; además de ponerse rematadamente sucios en la primera caminata. Resolví el desastre usando una marca y un modelo muy español (no digo el nombre para que no corráis todos a comprarlos y se dispare el precio y agoten las existencias), extraordinariamente bueno, cómodo, elegante, sufrido, seguro, llevadero, discreto, combinable, y barato. Cada vez que me los calzo me alegro, y cuando me los quito hasta me aplaudo al comprobar lo bien que quitan el frío en invierno, y lo ligeros y frescos que son en verano, sin que me suden los pies…

Sin embargo, a pesar de la experiencia, de la sabiduría acumulada, todavía sigo padeciendo una gran frustración por culpa de los calcetines: todos los calcetines me salen malos. Da igual que sean caros, carísimos o súper-caros, de algodón, de lana, de estambre, de hilo, de fibra, de verano, de invierno, de entretiempo…, pues todos quedan hechos una pena a la segunda “puesta”, al empezar a clarear por los talones y los calcaños. Sólo se salvan del desastre los deportivos de color gris que compro en un supermercado (que tampoco digo, para fastidiar, y evitar que los suban de precio).

Con lo que no he tenido nunca problemas es con las cremas: yo soy de Nivea. A Nivea le hago publicidad porque es alemana, y Alemania me dio un buen trabajo durante muchos años.

Además, a Nivea le tengo cariño desde niño, cuando mi querida madre me advertía y convencía cariñosamente de que tenía que durar mucho…, y yo me debatía entre cumplir con el deber o dejarme llevar por el consumo y las ganas de acabarla cuanto antes, para poder emplear la bonita y práctica caja azul como cofre donde guardar los anzuelos, los plomos, la tanza, los corchos, las boyas, la “navajina” y los demás tesoros… Ahora, cada vez que se acaba una caja, azul, o blanca, me cuesta gran esfuerzo tirarla; y siento que algo se rompe en mi interior; que quizá me haya convertido ya en un viejo derrochador…, sin remedio…

Y me acuerdo también de otra máxima que escribí, que casi es una súplica: «No me tengáis por anciano, que sólo soy víctima de la experiencia…»

Lo escribo con toda burbialidad, como siempre.

Feliz Feria del Libro, y animaros a disfrutar con mi fabulosa novela 'La Diosa del Cúa'.

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