Jueves 24 de mayo de 2012 | Actualizado a las 19:42 h.
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Este pasado verano, a pesar de la crisis, he visto a mucha gente feliz bañándose en las aguas más limpias, más cristalinas, más dulces, más saludables. Alguna vez he pensado que el Ministerio de Sanidad, la Consejería de Salud, el Hospital de El Bierzo, y el Presidente del Sindicato Médico de Castilla y León (José Luis Díaz Villarig), deberían promover y firmar un convenio de colaboración con el Ayuntamiento de Villafranca, recomendando los “baños de salud” en nuestro “río de la vida”. Y así, con toda burbialidad, que llegase la felicidad al mayor número posible de personas. Yo he visto disfrutar “como locas” a dos estupendas y bellísimas señoritas de Ponferrada, Rebeca y Nuria; también a muchas seductoras damas, Teresa, Sara, Elvira, Mila, Carmen (sí, Carmen Santos, por ejemplo, nadando con mucho estilo de arriba abajo, de abajo a arriba, disfrutando como una jovenzuela…), Marisol, Eva, Merche, todas suavizándose la piel, activando la circulación de la sangre, dando rienda suelta a los músculos del corazón, del cerebro, del entusiasmo. Y los caballeros también, ¡oh, los caballeros!, nada mejor que el agua fría (¿fría a 18 grados?) para mantener la virilidad y la potencia en todo su vigor. El río Burbia –sépase ya- hace a las mujeres mucho más lozanas y fogosas, y los hombres de Villafranca que frecuentamos estas aguas somos supermachos, los más machotes de todo El Bierzo (y siendo del Bierzo lo somos de toda la provincia).
Cuando vienen los peregrinos a nuestra Playa Fluvial incomparable, no pueden evitar la tentación de darse un buen baño, y siempre salen del agua diciendo lo mismo: ¡Qué buenísima está…, un poco fría al principio… pero qué gozada…, se me han quedado como canicas, como bolitas de anís, como perdigones, es que miro y toco y casi no me los encuentro!
Pues este es uno de los secretos: la virilidad del Burbia, y la feminidad de sus aguas.
Lo sé y las disfruto yo, y Manolo Blanco, y Hernán Alonso, y Robés, y Manolo Fernández Ferrín, y José Ramón, y Toño (al que llamábamos Chita), y Alfonso, y Regino, y Luis, y Federico Isart, y Daniel. Lo dice muy bien mi amiga Merce Crespo, que vive en Masnou: «Aquí, en Villafranca, los maridos nos funcionan mucho mejor».
No es que a ciencia cierta afirme yo que nuestro amado río Burbia es milagroso y sus aguas (que nacen en Los Ancares) vienen de las fuentes de la eterna juventud, pero algo de esto tiene que haber, seguro, pues ¿cómo se explica que los del Hogar del Pensionista (con cerca de setecientos socios) seamos los más vivos, los más vitalistas, los que más viajamos, los que más bailamos, los que más y mejores cenas, chorizadas, botilladas y magostos organizamos? Pues las aguas del Burbia, sin duda, son las responsables, las que nos mantienen en la brecha, en el tajo, en la colaboración, a los mejores de Villafranca, bien sea en el Coro de San Valentín, en la Orden Tercera o Tercera Orden (del joven animador alma-mater Berto González “El pimiento”), o en la rondalla donde toca la mandolina el chaval de ochenta años Paco el de la Imprenta. Sí, la excelsa y venerable Rondalla de mi pueblo, la mejor de todo El Bierzo, con maestros populares del pulso, púa, y cuerda, que hacen hablar sus instrumentos: guitarras, laúdes, mandolinas. Todos tienen magnífica voz, son artistas geniales, con exquisita sensibilidad poética, capaces de escribir, de componer maravillosas canciones como ésta:
VOY RECORDANDO
Voy recordando
Aquellas calles que siendo niño yo recorrí,
Y caminando
Nacen de nuevo las ilusiones que un día perdí.
Un día me fui
De Villafranca,
Hoy vuelvo al fin,
Sus calles a pisar,
Y ahora que estoy,
Rodeado de amigos,
Levanto mi copa
Y brindo por ti.
Voy recordando
Aquella gente que de pequeño yo conocí,
Y en mi recuerdo
Brota una lágrima de tristeza, ya no están aquí.
Voy recordando,
Aquellas calles que siendo niño yo recorrí,
Y caminando
Nacen de nuevo las ilusiones que un día perdí.
(Esta hermosa letra me la facilitaron por teléfono los amigos Alfredo y Manuel Blanco. Gracias.)
Quede claro pues que Villafranca es la Villa más especial y hermosa de todo León, y con diferencia. Somos tres mil quinientas almas muy generosas: poetas, escritores, escultores, pintores, fotógrafos, músicos, artistas en general con una sensibilidad muy profunda a flor de piel, que vivimos rodeados de hermosas y verdes montañas, con nueve monumentales iglesias, tres conventos de monjas y uno de curas; dos residencias de personas mayores; un jardín romántico de grandes setos de mirtos de 1882; un Parador Nacional de Turismo, un Castillo, y un museo con miles y miles de encantos que ya quisiera yo saber contar y explicar bien. Es el sin igual, el magnífico, el impresionante y delicioso Museo de Ciencias Naturales de lo PP Paules, el mejor de la provincia. No sé si habrá otro, pero me da igual, pues este es de finales del siglo diecinueve, y tiene animales, aves, caracolas, peces, piedras, minerales, fósiles, traídos de todo el mundo por los misioneros jesuitas, para Villafranca, para mi pueblo. ¡Ah!, y una colección completa, muy original, de maderas, de todas las maderas habidas y por haber (como se decía antes).
Me dice Esther, la guía, y también la experta bióloga, profesora de Ciencias del Mar en la Universidad de Vigo, María José Garrido, que abrirán al público, gratuitamente, durante el próximo puente de la Pilarica, los días 9-10-11-12 de octubre.
Ahora, cuando todos los pueblos escarban en sus raíces y procuran rescatar y mostrar sus pequeñas historias, sus pasados más o menos efímeros, Villafranca parecía caminar en sentido contrario. Nosotros sí que podríamos presumir, pero no queremos darnos mucha importancia y los historiadores y eruditos locales no quieren asombrar con nuestra gran historia. Por eso, este Museo, Museo de Ciencias Naturales, es una hermosa oportunidad, una gran excepción, que debemos descubrir y mostrar y exhibir a todo el mundo que pase por estas calles, por nuestro corazón, por nuestro Camino de Santiago, por el pasado, por nuestro porvenir.
Os invito, leoneses, lectores de Leonoticias.com. Villafranca siempre se merece una larga visita, ahora mucho más.
Con toda burbialidad, como siempre.
