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Y es que la orden de la consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma, número 378/12 es taxativa en su artículo tres, versículo B: “Deberá darse muerte inmediata a los ejemplares de cangrejos rojos (Procambarus clarkii) pescados”. Y en su versículo C remarca la orden citada que “los ejemplares capturados, una vez sacrificados, deberán retirarse del medio natural para su eliminación, a través del autoconsumo o del depósito en los lugares apropiados para su eliminación”. Toma ya Toñito.
Don Antonio Silván Rodríguez, alias Toñito el risitas, se debe estar descojonando de risa en su despacho, tras la mesa en la que ha echado su firma sin saber la barbaridad que ha ordenado. Y es que Toño risitas no sabe que los cangrejos, una vez sacrificados se pudren de inmediato, lo que hace que el que pesque y mate los cangrejos, cual ordena la orden, ya puede buscar un nicho donde enterrarlos y cal viva para que se pudran, porque si los lleva para casa, lo único que podrá aprovechar será la peste a cangrejo muerto (léase perro muerto) que expedirá la pescata.
Es lo que pasa a la ignorancia. La mayoría de estas órdenes medioambientales y de otras consejerías se dan desde detrás de una mesa, sin haber pisado en su prostituta vida las lindes de ríos y arroyos, donde anidan estas especies cangrejeras que, con toda seguridad, un político de perra gorda contaminó con otras especies extrañas, que jodieron para siempre al cangrejo autóctono de toda la vida.
Pero item más. En la citada orden 378/12 el tal risitas, don Antonio, ha insertado otra barbaridad más, como es la identificación del pescador en sus rateles. De ahora en adelante, ya no valdrá sólo el llevar en el bolsillo la licencia correspondiente, expedida por la susodicha Consejería de Fomento y Medio Ambiente, sino que además, cada ratel tendrá que mostrar bien visible el nombre y apellidos del pescador, así como su documento nacional de identidad. Y para el año que viene, si Dios y Toñito risitas no lo remedian, hasta el ADN correspondiente de cada pescador habrá que añadir.
Para enseñar y aprender todo esto como Dios manda, ya estarán los agentes de la Guardia Civil, que siguen en sus trece de que la letra con sangre (pasta gansa en forma de euros) entra, poniéndose en los rincones a la salida de los caminos de las acequias y sacudir estopa a los ¿efractores? ¡Ole salero! Risitas.
Anda ya, consejero. ¿Es que no tienes otra cosa mejor que hacer? Arreglar baches y socavones de carreteras, por ejemplo y terminar estudios de nuevas autovías, aunque sean camino de Portugal. De los ríos y regueros ya no digo nada, porque el buen criterio del nuevo Gobierno no les ha dado a las autonomías vela en el entierro de la gestión de las cuentas fluviales. Qué razón tiene doña Esperanza Aguirre, al decir que sobran la mitad de los procuradores…, y de los consejeros diría yo. Por algo se empieza. Pero en mi modesta opinión de pescador de cangrejos frustrado, creo que sobran hasta la totalidad de las autonomías. Por lo menos sabríamos muchos a qué atenernos en las cuestiones económicas y la vida de pipas y caramelos que nos ha tocado sobrevivir.
Que tiempos aquellos en los que íbamos a cangrejos como una manera de sacudirnos el estrés de la jornada laboral, a la orilla de cualquier presa (arroyos que cruzan la mayor parte de los pueblos de las vegas) o, en el caso de nuestra zona, La Bañeza, a esa maravilla que construyeron los árabes hace más de mil años, que se llama La Cerrajera.
Que tiempos aquellos en los que echabas los rateles al cauce, lavabas las manos, comías a toda pastilla el bocadillo, echabas un trago a la bota y comenzabas a recoger la cosecha de crustáceos fluviales. Volvías las redes al agua, encendías un cigarro, ensayabas otro apretón a la bota y…, vuelta la burra al trigo.
Pero todo se acaba. Los políticos, esos políticos que están sobrando por todas partes, sólo saben que crear problemas y más problemas para hacernos la vida atractiva, no nos aburramos y sigamos acordándonos de la familia de muchos de ellos. Es la vida a la que nos han llevado Don Antonio Silván sus compañeros mártires. Lo dichos, siguieres comer cangrejos vete al supermercado. Joder, qué tropa.
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