Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 18:48 h.
Enamorados
«Galletas de San Valentín, un dulce perfecto para el 14 de febrero»
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En cuanto a los riesgos de que te cogieran con todos los pronunciamientos en contra se contrarrestaba con la necesidad, el hambre o, simplemente, el espíritu de aventura que la fechoría llevaba implícita. Desde los almendrucos del tío Pera, a las manzanas, peruchos anisados, peras y brevas del tío Ramón, pasando por las nueces de las huertas que daban a la zaya de Los Molinos, en la trasera de la calle Astorga, todo era bueno para después repartir el botín, a poco que la acción de saltar la huerta elegida tuviera un resultado positivo.
Aquello con la evolución de los tiempos, la ¿educación?, la vara de mimbre sobre las nalgas y tal, sobre todo tal, cambió para el bien de una generación que había escuchado a los mayores entre susurros el por qué de la llegada de aquella miseria, tras la guerra civil, sin saber muy bien a que se referían, las gentes de más edad.
Hoy es otra cosa. Desde luego, de aquellos saltahuertas de los años cuarenta del pasado siglo no han salido estos saltanormas que nos invaden desde Cataluña a Madrid, desde Cádiz a Bilbao y viceversa. No señor. O casi.
Cada día leemos en los periódicos desde hace décadas las trapisondas que políticos con mando en plaza están poniendo en práctica para llenarse los bolsillos porque, a los pobrecitos, no les llegan los emolumentos de su cargo. Y, encima, casi todos se van de rositas sin devolver lo que les han pillado en el carrito de los helados. ¿Saltahuertas…? Quiá, saltanormas no más.
Después está lo del incumplimiento de los dictámenes judiciales que el flete de la Moncloa está poniendo en boga desde la celebración de las sesiones del estado de la nación, digo el estado de los políticos, porque de la nación, solo se habló de Cataluña. Y esta región no lo es, querido Zapa. Ni por política, ni por antigüedad histórica. ¡Ay Dios!
Y nunca fue saltahuertas mi buen amigo el alcalde de La Bañeza, José Miguel Palazuelo. Por edad y por prestigio. Dios me libre de tal acusación. Su generación tuvo otras carencias, pero nunca el hambre para excusar las fechorías arriba relatadas. Sin embargo…, no sé si se librará de lo de saltanormas, que tan en boga está poniendo nuestro presidente monclovita.
Me explico: leo en este periódico cómo el Ayuntamiento bañezano ha firmado un convenio de colaboración con una empresa privada para habilitar, en las huertas de las casas en el margen izquierdo de la calle Astorga, unos aparcamientos de coches, para contrarrestar los que se han finiquitado en la calle Fernández Cadórniga y en la Plaza Mayor. Correcto. Faltaría más. Soy consciente de la falta de este servicio en el centro de la ciudad y todo hay que darlo por bien empleado.
Pero… Siempre hay un pero. Puede que se haya saltado la norma. Ni quito ni pongo rey, ni me interesan ni perjudican dichos aparcamientos. Pero…
Vamos a ver, señora nueva arquitecta municipal (descanse en paz mi buen amigo José Carlos, anterior en la plaza), ¿es totalmente legal esta instalación sin haber realizado el Ayuntamiento o los promotores un PAU (Plan de Actuación Urbanística)? O ¿es mejor mirar para otro lado en esta obra y no en la medir los centímetros de distancia entre un bar y las nuevas instalaciones del Círculo Mercantil? Por ejemplo. A lo mejor la cesión de terrenos que hizo en su día la familia Pollán era para esto, y los propietarios de la urbanización de la plaza Briva Mirabent, a la que pertenezco, no nos habíamos enterado.
A lo peor estoy confundido, porque yo de arquitecto no tengo ni la memoria valorada. Pero si se saltan las normas para unos hay que saltarlas para otros. Si es que los socios del Círculo las habían saltado, que esa es otra.
Pero ya digo, en estos tiempos del estado cataléctico de los políticos todo puede pasar. Y que pase de mí este cáliz, Amén.

