Jueves 24 de mayo de 2012 | Actualizado a las 19:09 h.
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Aunque abandonado en el tiempo tras la Desamortización de Mendizábal y la huida de sus huéspedes, la importancia de San Pedro de Arlanza desde el punto de vista histórico y artístico no le es ajena a nadie. Expertos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), profesores de las universidades de Burgos y Rey Juan Carlos (Madrid) y miembros de la Asociación Tierra de Lara (que trata de impulsar las ruinas del cenobio para crear riqueza en la comarca del Arlanza) trabajan estos días en un conjunto de actividades entre las que destacan conferencias y actos para reivindicar un “mayor peso” al espacio.
Borja Rosales, presidente de la Asociación Tierra de Lara, es una de las personas que más cree en las “posibilidades económicas y de promoción” que San Pedro de Arlanza podría aportar a poblaciones rurales como Hortigüela. Consciente de la importancia que tuvo en otro tiempo, considera en declaraciones a Ical que “San Pedro de Arlanza necesita un proyecto firme y fuerte y un Plan Director que se ejecute y no se guarde en un cajón”.
Alejado del ruido y en un entorno privilegiado excavado en la roca del río Arlanza, cuenta la leyenda que el conde Fernán González mandó erigir una ermita, denominada de San Pelayo, después de que estando de cacería un ermitaño le salvase de la furia de un enorme jabalí y le vaticinase que sería la persona que llevaría a Castilla a su independencia. Cumplidos los presagios de aquel monje, el fundador de Castilla levantó la ermita, y posteriormente un monasterio que dedicó a San Pedro.
La historia del monasterio de San Pedro de Arlanza se remonta al siglo X, concretamente al año 912, momento en el que Fernán González y su padre deciden levantar un espacio en el que convivieron muchas generaciones de religiosos hasta que la Desamortización de Mendizábal acabó con su uso y sus paredes. Su emplazamiento y riqueza arquitectónica convirtieron a San Pedro de Arlanza en el “padre de los monasterios” y en uno de los mejores ejemplos del románico, junto con la abadía de Santo Domingo de Silos.

El monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos). (Foto: Ical)
De la arquitectura románica que tantos elogios le prestó en otro tiempo solo ha sobrevivido la torre. Azar o simplemente fortaleza histórica permiten al visitante acceder por una estrecha escalera de piedra al lugar que sirvió de vigía en tiempos de la Reconquista y de custodia de los libros que los monjes realizaron en el’ scriptorium’ del espacio monacal, de donde salieron gestas y cantares como ‘Los siete infantes de Lara’.
Quien pasea por sus ruinas puede observar el paisaje que mostraron las ventanas de las dependencias monacales, el acceso a los claustros y los arcos que pese a la complejidad de los tiempos que corren parecen negarse a desaparecer. Pilares, bóvedas y ábsides semicirculares también presentes en los restos de la iglesia románica de finales del siglo XI) en la que se aprecian los restos de una portada, la planta central y los restos de alguna capilla.
El expolio de una joya
Abandonado en el tiempo tras la Desamortización de Mendizábal y la huida de sus huéspedes, San Pedro de Arlanza cerró sus puertas al culto y al retiro espiritual en 1841 para abrirlas al despojo de sus principales obras de arte. El desorden que causó en la España de mediados del siglo XIX la enajenación de los bienes de la Iglesia Católica, hirió hasta la muerte al monasterio burgalés. Coleccionistas y amantes del arte se frotaron durante la regencia de Espartero y la puesta en marcha de una ley que en tres años hizo desaparecer portadas, frescos y pinturas de uno de los monasterios con más renombre del país.

El monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos). (Foto: Ical)
Sus monjes se reubicaron en otros monasterios y sus obras de arte en distintos museos del mundo. La majestuosa puerta románica de la iglesia fue a parar al Museo Arqueológico Nacional, mientras que frescos y pinturas cruzaron el charco para acabar en el Metropolitan de Nueva York y el Museo Foog de la Universidad de Harvard. También el Museo de Barcelona alberga piezas que fueron sustraídas en aquel tiempo. En Burgos solo se quedó el sepulcro de Mudarra (héroe del poema de ‘Los Siete Infantes de Lara) que reposa en la Catedral.
Más suerte corrieron los sepulcros de Fernán González y su esposa que, reclamados por Covarrubias, fueron trasladados a la Colegiata de la villa rachela donde reposan desde mediados del siglo XIX alejados de las manos de coleccionistas y colecciones privadas.
Impulso y promoción
Consciente del paso de los años y del deterioro que sufre el monasterio, la Asociación Tierra de Lara demanda a la Junta de Castilla y León que tome en cuenta sus peticiones “y haga algo por un espacio único”. En este sentido, recuerda que Patrimonio ya tuvo en cuenta sus peticiones “y ha mejorado el estado y la seguridad del espacio”, aunque “la crisis ha parecido parar todo lo que se iba a hacer para mejorar el monasterio”.
En relación a la seguridad del recinto y los problemas de expolio que en las últimas semanas ha sufrido el patrimonio de la provincia, Rosales entiende que “no hay seguridad suficiente” y hace un llamamiento para que se aprecie que San Pedro de Arlanza “no son sólo cuatro piedras”. “A menudo nos hemos preguntado qué pasaría si este monasterio hubiese estado en otra región”, apostilla.
San Pedro de Arlanza cumple 1.100 años y lo hace en manos de tres propietarios. El Ministerio de Cultura, el Ministerio de Medioambiente y un propietario privado. Estudios de proyectos y conversaciones a tres partes hablan de planes de futuro por ahora no parecen ver la luz. Por el momento, el monasterio duerme a orillas del Arlanza, a la espera de que la crisis acabe y los proyectos marcados vean la luz.
