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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Romance triste a la Vía de la Plata
José Miguel Palazuelo, / bañezano regidor / y senador en las Cortes...,
27/02/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
/ a la postre se vendió / a la Ruta de Ciudades / entre Sevilla y Gijón, / como aquel Bellido Dolfos / de la historia el más traidor, / por aplaudir a su jefe / el alcalde de León / y en busca de los dineros / para mejor promoción / de la Vía de la Plata, / do La Bañeza es Mansión.

Abran los ojos, señores, / griten con potente voz: / voy a soltar un romance / con cabreo y sin rencor, / desde la aquesta columna / leonoticias.com, / para defender la Vía / de la Plata, con amor, / que unos señores de fuera / requieren la usurpación. / Se abran ya las ventanas / y cierren luego el portón, / que no han de entrar por sus goznes / gentes de mal corazón, / alcaldes los muy traidores / de Gijón y de León. / Rompan luceros en yunques / y soles de la ilusión. / Más… la Vía de la Plata / que no la toquen, Señor, / para buscar los dineros / de Europa  y su Comisión, / de la Junta de Castilla, / aunque no la de León, / del Gobierno Zapatero, / presidente la nación.

El señor Comosellame, / que es alcalde de Gijón / y Don Francisco Raquetas, / corregidor de León, / se han apropiao de la Vía / de la Plata…, qué follón. / Y le cambiaron su nombre, / para hacer mejor mención, / por el Ruta de la Plata, / entre Sevilla y Gijón. / Es senda bimilenaria / y con toda la razón, / entre Mérida y Astorga, / por historia y cronicón. / Y pasa por La Bañeza, / y por Alija, rediós; / por Palacios y Quintana, / en la provincia León. / Más nunca por otras rutas / del alcalde de Gijón.

Y en estas ya convencieron / a Palazuelo, señor, / alcalde de La Bañeza / por el pueblo decisión, / de unirse a esas ciudades / entre Sevilla y Gijón, / por cobrar los buenos cuartos / de ficticia promoción / para el Año Jacobeo / esta senda en redención / que desde el sur es camino / a Compostela, al Patrón, / sin encomendarse a nadie / santo del cielo ni a Dios. / Dejando ya en la estacada / a los pueblos, ¡vive Dios!, / de la Vía de la Plata / como un alcalde traidor.

Vamos, yo preguntaría / en líneas de este rincón, / donde escribo a la semana / mi crónica, cronicón: / ¿Qué pasaría, señores, / si Palazuelo ¡ay por Dios!, / alcalde de La Bañeza, / sacara de su mangón / monumentos, otras cosas, / un palacio y un ‘casón’, / para enseñar a turistas / que lleguen a mogollón / a aquesta ciudad bonita, / salada y de corazón? / Que estrellaría su puesto / y rompería el sillón, / porque la ciudad carece / de catedral, murallón, / palacio de los obispos, / o de un mísero pontón. / Y tendría que llevarles / a otros lares de vellón, / para enjugar su mentira / y su falsa sin razón. / Eso hacen los alcaldes / de León y de Gijón / con la Vía de la Plata, / con su plata y su rutón.

Que se dejen de chorradas / los alcaldes, ¡ay, Señor! / Comosellame y Raquetas, / de Gijón y de León, / sus mariachis del consorcio, / que tocan el acordeón. / Que hay cien pueblos en la Vía / de la Plata, a la sazón, / que defienden su cultura, / como manda el corazón, / entre Mérida y Astorga, / como si fuera un quiñón / de su historia y patrimonio, / con adobo de ilusión. / Que no engañen a europeos / y gentes de otra región / con rutas de plata y oro, / que carecen del amor / de las gentes que nacieron / con Roma y su Emperador.

Si quieren turismo, coño, / que busquen otro rincón. / Que la Vía de la Plata, / entre Mansión y Mansión, / fue camino de caudales / de Médulas, un montón, / para pagar los imperios / de César, el muy mamón. / Pero quedó el patrimonio / en este largo sendón, / que ahora roban los alcaldes / de Gijón y de León, / de Mérida, Salamanca, / Cáceres y Badajoz. / Ahora el de La Bañeza, / Palazuelo, de rondón, / se une a estos palmeros, / con Monte Urba, ¡por Dios! / Pobre Vía de la Plata, / la niegan todos, rediós. / Un ingeniero de montes / indicó que ni existió, / en un congreso en Astorga / de obra pública anterior, / cuando Roma gobernaba / entre Sevilla Gijón. / ¿Dónde estarán los que escriben / la historia sin el rubor, / sin que paguen su trabajo / ni escudero ni señor, / para que sean notarios / sin cobrar ningún favor? / Que se dejen de macanas. / Vamos, anda, digo yo.

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