Jueves 24 de mayo de 2012 | Actualizado a las 19:09 h.
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Nos amenazan con enterrar nuestra querida Lancia –que no es más que un paso añadido al empeño de acabar con todo lo nuestro-; luchamos hasta la extenuación por impedirlo y, cuando respiramos esperanzados -que no tranquilos, pues ya se sabe que la palabra de un político en vísperas de elecciones...-, otra carretera, o vía, o vial, amenaza el “vicus” de Puente Castro, residencia de las familias de los soldados de la Legio VII.
No debería ponerse siquiera en cuestión su conservación, ya que albergó a mas de 5000 habitantes durante tres siglos. En las someras y siempre insuficientes y desganadas excavaciones se hallaron talleres, calles, viviendas y diversos enseres, entre ellos utensilios quirúrgicos que, por si teníamos alguna duda de la importancia del enclave, nos hablan de que sus gentes disponían, al menos, de un galeno.
El Ayuntamiento de León, a pesar de reconocer que el yacimiento es de “muy alto valor patrimonial y científico” no se sonroja al asegurar que no debería alterar el trazado de la nueva vía. Y... digo yo, ¿por qué no? ¿Es acaso imposible –como ya apuntamos en Lancia- desviar el trayecto o elevarlo sobre los restos? ¿Por qué se admite su importancia, pero se permite su destrucción? Una de cal y otra de arena. Así contentamos a todos.
Esperemos que la Comisión Territorial de Patrimonio, o al menos Luis Gray y Jesús de Celis, como ya lo hicieron en su momento, traten de impedir este nuevo expolio contra León, los leoneses y su historia.
Estamos dispuestos a aceptar otro castigo por nuestra terquedad, como ya lo hemos hecho en el caso de Lancia. Fomento nos ha advertido de que nuestro capricho obligará a retrasar el proyecto de la A-60, al menos cinco años.Empezamos a mostrarnos díscolos. ¡Ya era hora! No estamos actuando como se espera de nosotros. Para contentar a nuestros señores, deberíamos aceptar sin “gutir” que nos echen tierra encima, pero no sólo sobre el pasado, también sobre el presente, y así no les obligaríamos a tomar medidas coercitivas, como la de impedir la nueva comunicación con la todopoderosa Valladolid, que, por cierto, dentro de su proyecto de capitalidad autonómica, va a volver a votar a su conflictivo y deslenguado alcalde.
Y, hablando de otra cosa, que es la misma, ¿qué pasa con los Principia? No es por presumir, pero nuestra ciudad fue durante muchísimas décadas el asentamiento de las legiones encargadas del control del noroeste peninsular. ¿Cómo es posible que un gran imperio como el romano eligiera León como centro logístico, teniendo a Valladolid a tiro de piedra? ¡Bah! Porque eran unos antiguos y, además, ignorantes.
