Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
OPINIÓN POR POLO FUERTES
Que lo pague..., que lo pague..., que lo pague
Y si no, que vuelva a la cárcel...
22/03/2010
CON VENTANAS A LA CALLE
...Me refiero al ínclito Luís Roldán que, aprovechándose del código civil, más papista que el papa, se va a ir de rositas, después de afanar una millonada de euros (en aquel entonces, de pesetas).

Pero no pasa nada. Si fuera un pobrecico que no paga los restos de un crédito o de una hipoteca, eso ya es harina de otro costal. Por unos cientos de euros lo meten en la lista de morosos, de exprimen lo poco o nada que tenga y, si te he visto, ni me acuerdo. Pero al flete este que afanó hasta el dinero de los huérfanos de la Guardia Civil…, ha estado menos de la mitad de la pena impuesta (mucha de ella, en régimen abierto) en el trullo y ahora a verlas venir, que son dos días, sin que el pastón sustraído vuelva a las arcas de donde no tenía que haberlo sacado.

La canción, cuyos versos he sacado de contesto para ponerle título a esta columna son de un juego infantil femenino de la posguerra. Las niñas de la escuela villa y de la monjas de mi pueblo, La Bañeza, la cantaban en los recreos, allá por los años cuarenta del pasado siglo y muchos después, en una tarde loca de carnaval, un grupo de chalados hicimos la parodia, disfrazados de con falditas plisadas minifalderas, a manera uniformes:

“Ha salido Proa, diario de Falange, / que lo pague…, que lo pague que lo pague. / Y si no lo paga / le dé un cuartillo vale, / que lo pague…, que lo pague, que lo pague. / Que salga usted, / que lo quiero ver bailar, / saltar y brincar / y dar vueltas al aire. / Con lo bien que lo baila / la niña bonita / déjala sola, sola en el baile…”. Era un primor ver bailando a las niñas, dentro de una corografía de palmas y saltos, marcando el compás, en una especie de gallinita ciega, pero sin vendar los ojos. Mientras los chavales, nos quedábamos abobados mirando las idas y venidas de la bailadora y a ver a quién se escogía para volver a salir al baile.

Sí, me acordé de la canción el día del padre, cuando el invierno volvía la equina para dar paso a la primavera, mientras veía en la tele la salida de Luís Roldán de la cárcel, donde había ido a firmar su finiquito y un numeroso grupo de periodistas le preguntaba cómo se sentía y dónde estaba el dinero: “Yo ya he cumplido y otros se han ido casi de rositas”. Joder, con el flete. “que lo pague…, que lo pague, que lo pague…”.

Y ahora que no saque el filón de esas televisiones que contratan a estos chorizos para que no cuenten nada y les coloquen una aureola de buenos ladrones, sin cristos ni gólgotas en escena. Porque, es que además, siempre hay alguien que admira a esta gentuza. Hasta un funerario de mi pueblo, La Bañeza, le propuso un trabajo en su empresa hace unos años, para que el pobrecín de Roldán tuviera un trabajo fijo y pudiera acogerse al tercer grado penitenciario (qué listín es el Castaño Pardal, funerario bañezano, que aprovecha cualquier tanto para promocionar sus ataúdes y entierros).

Visera de chulapo, chambergo, cartera con cinta en bandolera, bufanda y más cara que espaldas. Toda una imagen posredenta de un calavera que amarró pasta a espuertas en la última década del pasado siglo y que, hasta última hora defendieron sus beneméritos guardias civiles, a pesar de que toda la prensa nacional daba por hecho que era un chorizo a gran escala y que se podía escapar de la justicia, como así sucedió.

Sí señor, la Guardia Civil lo protegió hasta el final. Y lo sé de buena tinta, porque estuve desplazado de enviado especial en Mombuey (Zamora), donde el padre de su penúltima esposa tenía una extensa finca, desde la que se escapó a Portugal y posteriormente a Francia.

Lo jodido fue que durante un mes, mi coche estuvo fichado (como creo que los de los demás periodistas compañeros que confluimos en aquella localidad zamorana) y raro era el día en el que no me paraba la Benemérita para comprobar mis pasos en la carretera. Hasta que el director de mi periódico puso una denuncia verbal ante las altas instancias y volvieron a dejarme libre de sospechas.

Sin embargo, el tío Roldán se ha ido de rositas, sin pagar ni decir dónde esta la pasta. Por ello, permítaseme seguir cantando aquello de “Que lo pague…, que lo pague, que lo pague / y sino lo paga / le dé un cuartillo vale. / Que lo pague…, que lo pague, que lo pague…”

Y sino…, al trullo otra vez, hasta que aparezca la pasta. Pero no solo al tío Luís, sino a todos los que han metido la mano en el cajón del pan oficial, que son muchos. Que por menos, hay masificación en las penitenciarias españolas. Vamos, digo yo.
 

Más artículos del autor:
Compartir noticia:            
Preparar para imprimir  Imprimir      Enviar por correo  Enviar por email         Cambiar tamaño de texto
Todas las noticias
Todas las noticias
Diseño WebGrupoSolnet Powered by
SPC v2009 ®