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Mejor no se puede explicar lo que sentía después de cada carrera en mi época de corredor en La Robla al lado de gente como José Manuel García, Rubén Prieto, Ricardo Pellitero, Sergio Sánchez, etc… Con 20 años me costaba entender cómo a pesar de entrenar al lado de los grandes, a pesar de hacer similares volúmenes de entrenamiento, a pesar de emplear las mismas horas dando vueltas a la pista uno no acaba de “hacerse grande” en el atletismo.
Aquel jueves fue atípico, competía el sábado y mi entrenador me marcó descanso. Yo sabía que José Manuel tenía 10x1000 en la pista y no me quise perder el espectáculo. Bolsa de pipas en una mano, crono en la otra, me dispuse a observar otra barbaridad más del “príncipe”: Recuperando 45 segundos entre una serie y otra, José Manuel era capaz de empezar a 2´40” los primeros miles para progresivamente acabar los 2 últimos a 2´30”. Ver para creer. Por allí andaba Charly padre del entonces cadete Sergio Sánchez, buen observador y mejor conversador. Se acercó y me dijo: “¿Estás viendo eso?”. “Sí, lo estoy viendo y me parece imposible”. – contesté-. Charly, con la claridad que le caracteriza se explicó: “Verás Robertín, puedes entrenar a un burro y llegar a hacerle correr muy rápido, hasta puede llegar a ganar alguna carrera, de burros claro. Pero no te engañes nunca va a ganar a un pura sangre. Para hacer el entrenamiento que estás viendo, para correr la media maratón en una hora y dos minutos, la maratón a veinte por hora o para ir todos los años al campeonato mundial de cross es necesaria una genética como la de José Manuel. De pura sangre”.
Comprendí que por más que entrenase, por más que mejorase, por muchos podios que pisase en las carreras de las fiestas de los pueblos, jamás iba a ser un pura sangre.
Hoy, quince años después, vemos como el atletismo popular además de aportar bienestar, salud, además de acercar el entrenamiento y la pasión las carreras a todos los públicos también ha generado un poco de confusión a la hora de valorar atléticamente a los corredores que copan los primeros puestos en las carreras populares.
Podríamos poner cientos de ejemplos de cómo medios de comunicación locales llenan páginas reconociendo méritos a buenos corredores populares y dejando en un pequeño recuadro, a modo de anécdota, que un atleta leonés va a un mundial, que ha sido campeón o campeona de España, etc… Valorando poco o nada que ese chico o chica ha sido el mejor entre los mejores de todo un país, el o la mejor entre los mejores pura sangres.
Esto da lugar a situaciones rocambolescas como que en ocasiones un “popular bueno” llegue a tener mejores sponsors, patrocinios e incluso mayor reconocimiento social que atletas de primer nivel nacional económicamente dependientes de federaciones heridas de muerte.
La primera carrera popular en la que participé me abrió los ojos. En una ciudad como Valladolid, ante cientos y cientos de corredores populares allí estaba yo, segundo de mi categoría, en el pódium, sintiéndome subcampeón olímpico.
Al bajar del pódium un hombre me dijo: ¡Qué bueno eres chaval!
Me acordé de Charly, de sus palabras. Y pensé:
"Pobre hombre, nunca ha visto un pura sangre".

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