Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
Principito debe morir
Nada hay más literariamente estimulante que la gente que no hace las cosas como hay que hacerlas… En este sentido para un entendimiento profundo de la divertida, rompedora, iconoclasta y magnética primera novela de Carmen Moreno titulada PRINCIPITO DEBE MORIR (Ed. Sportula), que en apariencia es una mera mezcla de novela de aventuras y relato de ciencia ficción escrito para homenajear esa obra magna que es EL PRINCIPITO, hemos de sacar a colación dos conceptos acuñados por la moderna Teoría de la Literatura: Distopía y Rescritura.
21/01/2014
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Distopía es lo contrario de la Utopía entendida en el sentido etimológico, es lo contrario del lugar feliz, es un escenario apocalíptico que sirve a un autor como marco de una trama de ficción especulativa. Rescritura es la escritura narrativa que retoma un clásico y lo lleva en otra dirección… Pero Carmen Moreno, que ya con esta novela viene a inscribirse entre los nombres de referencia de la ciencia ficción española, nos sugiere ahora que la distopía es una rescritura del presente, y por eso está en la base de lo que entendemos por ciencia ficción.

“Es una pistola muy antigua la que no puede apuntar en dos direcciones a la vez” dice finalmente Robert A. Heinleim en una de sus novelas de anticipación científica en la que acaba matando al lector, y siempre me ha parecido que ésta es una buena definición de la literatura de ciencia ficción. Otra genial es la de Judith Merryl: “ciencia ficción es la literatura de la imaginación disciplinada”.

En este sentido la ciencia ficción, como género narrativo imaginativo que gusta de la hibridez tanto como del rigor, posee una amplia gama de alegóricos registros. Estos van desde las distopías, las ucronías y los cantares de gesta intergalácticos a los futuros robóticos de Isaac Asimov y los poéticos de RayBradbury pasando por esa ficción filosófica que es espejo o refutación de la soledad del ser humano en el universo -”Olaf Stapledon, Arthur C. Clarke, etc.-” hasta llegar a la ficción anticipatoria pura que deja en cierto modo de lado la especulación científica para centrarse en la intriga y la aventura –JacVance, Philip K. Dick, Robert. A. Heinlein…-.

En efecto la ciencia ficción en literatura, parece, vive momentos de crisis a causa de la cuota cada vez menor de lectores con que cuenta aunque sin embargo los espectadores de cine no paran de demandar historias sobre robots, épica futurista, totalitarismos galácticos, prodigios tecnológicos increíbles y sobre otros mundos utópicos o distópicos. 

En literatura no pero en el cine sí. Bueno, ¿y a qué se debe esta diferencia? Lo cierto es que las grandes películas de ese género de culto llamado ciencia ficción, algunas ya convertidas en clásicos, son adaptaciones de cuentos y novelas sublimes. Así la película «2001: una odisea en el espacio» procede del curioso cuento de uno de mis autores favoritos, Arthur C. Clarke, titulado «2001»; «BladeRunner» originalmente era una novela maravillosa de Phlilip K. Dick titulada «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?»; la celebrada película de Steven Spielberg «MinorityReport» surge de la novela homónima del mismo autor, Philip. K. Dick, y «Solaris», por poner otro ejemplo, tiene su origen argumental en una novela virtuosamente imaginativa del mismo título escrita por StanislawLem... 

Entonces, ¿por qué la ciencia ficción tiene mucho más éxito en el cine que en formato libro? 

Las novelas de ciencia ficción empezaron mucho antes de la era de la imagen, y de ahí su grandeza. Se suele citar como obra pionera el «Frankenstein» de Mary Shelley aunque sin duda el género tal y como lo entendemos le debe todo inicialmente a los viajes extraordinarios y las novelas de anticipación científica de Julio Verne, aunque aumenta su vigor por la riqueza de temas tratados en las obras de H. G. Wells. De todos modos el culmen, en mi opinión, llega con esa inteligente e imaginativa alegoría de RayBradbury titulada «Fahrenheit 451», con las obras de AldouxHuxley y principalmente con el prolífico y cada vez más interesante Isaac Asimov -entre cuyas novelas a mí me fascinó «Yo, robot» y «Fundación» aunque estoy ahora leyendo los dos tomos de sus cuentos completos además de otras lecturas con las que sigo preparándome antes de empezar a escribir mi próxima novela que sucede en León en el año 3936-. Sí, todas esas novelas citadas abrieron un camino y siguen siendo hoy una exigencia audaz para nuestra imaginación en estos tiempos en los que la imaginación es una carencia o una extravagancia. El cine es la literatura pero exigiendo mucho menos al receptor. Y es que el cine, que en otro tiempo se sostuvo mediante el cimiento del guión incluso en las películas de ciencia ficción, ahora se hace valer mediante los efectos especiales y por eso el público mayoritariamente va a ver esas películas no para reflexionar ni para nutrir su imaginación sino sólo para que le llenen los sentidos casi hasta la saturación... 

¡Qué incierto es eso de que una imagen vale más que mil palabras! 

Sí, el cine nos enseña que la ciencia ficción es muy divertida pero, en mi opinión, las novelas y los cuentos de ciencia ficción van mucho más allá al mostrarnos también que el mundo puede ser de otra forma al tiempo que nos previenen y nos dirigen mientras nos hacen ver otros mundos. Así la literatura de ciencia ficción nos ayuda a no conformarnos, a no estancarnos, a seguir replanteándonoslo todo para mejorar y a tener una amplia perspectiva del concepto tiempo ahora que la sociedad nos obliga a vivir en la dictadura de la actualidad y del presente. Leemos novelas de ciencia ficción sobre el futuro con detenimiento y nos damos cuenta así de que en realidad son una invitación a revisar el presente, son una denuncia, son un aviso, son lo que queda de la literatura concienciadora. 

Los libros de ciencia ficción son, hoy, nuestra literatura social.

Y he querido incluir en esta reseña un elogio de la ciencia ficción pues la propia novela es un elogio de la ciencia ficción, a la vez que una obra breve pero arriesgada, sorprendente y desde luego profunda, aunque en una primera lectura acaso no lo parezca.

La sinopsis argumental que la editorial nos ofrece es ésta: 

“Principito vive con su madre en el planeta Núcleo. Principito se ve obligado a huir a la Tierra. Principito buscará ayuda. Principito la encontrará. Principito intentará proteger a la Rosa. Principito se enfrentará a enemigos temibles. Principito hará nuevos amigos. Principito será traicionado. Principito no es quien cree ser. Principito sabe muy bien quién es. Principito... ¿morirá?”.

Ante tal contraportada antes de empezar a leer me esperaba una novela loca, la verdad, pero me equivoqué.

Para curarnos a todos del error Elia Barceló, la gran dama de la fantasía española, empieza poniendo prólogo a la obra, la sitúa en la hibridez genérica, nos alerta sobre la valentía del relato, señala como influencia primaria de la autora a Julio Cortázar, y nos previene la de la intensidad de inventiva a la que nos adentramos.

Empezamos a leer, vemos que la obra está escrita con prosa cristalina, que el relato fluye con dinámica destreza de bestseller, y alucinamos con la forma ciberpunk de rescribir que Carmen Moreno por momentos tiene pues esto es algo así como una rescritura de la infancia y de la ingenuidad tan inteligente y drástica que al lector se lo descoloca todo.

Finalmente Rafael Marín, el autor de una celebrada novela de culto titulada LÁGRIMAS DE LUZ que la crítica especializada ha elegido como la mejor novela de la ciencia ficción española, nos habla en el epílogo de esta novela de lo que a su juicio caracteriza la obra y todas las obras de ciencia ficción: el sentido de la maravilla.

Sin embargo la novela, breve pero rica en posibles lecturas, al terminarla me deja el ánimo en suspensión, y no dejo de pensar en su la volcánica autora y en su pretendida condición de asesina de mitos. ¡Qué interesante sería una lectura psicoanalítica de esta novela! 

¿El Principito era un extraterrestre en el mundo de los adultos o así se sentía y se siente a veces la autora? ¿La rebeldía narrativa es la ciencia ficción ciberpunk de Willian Gibson en la que se apoya Carmen Moreno? ¿O existe la ciencia ficción queer y esto es una nouvelle sobre la infancia como paraíso genérico neutro en el que en rigor no somos ni chicos ni chicas? ¿Carmen Moreno es la Beatriz Preciado de la ciencia ficción, una effant terrible contrasexual que se mea en la pureza de género y en Freud y su “complejo de Edipo” y su “envidia del pene”? ¿Para hacer una reseña potente de esta novela hay que tener el título de psicoanalista? ¿La literatura emborracha? ¿Hay música en los agujeros negros? ¿Una sirena no es más que una sardina con malformación congénita? ¿Auambabalubabalambambú?...

He aquí un atmosférico relato a veces terrorífico y a veces conmovedor escrito con economía verbal, con desparpajo tan inventivo como lírico y con una irreverencia cuando menos estimulante.

Lean PRINCIPITO DEBE MORIR.

Si se atreven.

Luis Artigue

www.luisartigue.es

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