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Lo saben bien los militares componentes del Grupo de Caballería de Reconocimiento ‘Santiago VII’ (GCRECO), que toma su nombre del apóstol, y que está integrado en la Brigada de Infantería Ligera ‘Galicia VII’ (Brilat), con sedes en Pontevedra, Siero (Asturias) y Valladolid, dentro del Mando de Fuerzas Ligeras, con muy conscientes de ello.
Este grupo es la unidad de combate más joven de España, aunque gran parte de los 250 militares que la conforman tiene una dilatada experiencia en otras unidades de Caballería y en misiones internacionales. De hecho, antes de cumplirse el primer año de vida, ya tenía asignadas sus primeras misiones en Afganistán.

Vehículo Vamtac en las maniobras del Grupo de Caballería de Reconocimiento. (Foto: Ical)
Gracias a ello, el nivel de adiestramiento y operatividad de la misma es muy elevado, y para no bajar la guardia estos días han realizado ejercicios de maniobras en el Campo de Maniobras y Tiro (CMT) de Renedo-Cabezón, al lado de la Base ‘El Empecinado’, en Valladolid, que cuenta con una superficie de 3.767 hectáreas y un perímetro de 33 kilómetros. Por eso, se convierte en el lugar perfecto para que estos combatientes, deseosos de acudir a misiones internacionales, entrenen en la simulación de situaciones y ejercicios que mañana podrían ser reales. Según el teniente coronel jefe del Grupo, Juan Bustamante, todos los componentes quieren salir a las misiones en el exterior, nunca hay problemas, sino todo lo contrario, siempre voluntarios.
Solventar una invasión
En esta ocasión, el problema ficticio que se desarrollará en el CMT se encuentra en la frontera entre dos países, Verde y Naranja, que bien podrían ser Afganistán y Líbano, debido a la cantidad de polvo y sol que predomina en el Campo de Maniobras. El segundo de los estados invade una zona del primero por considerar que esta acción está legitimada, pues una parte de la población del área invadida apoya la ocupación. Tras pedir la intervención de la ONU, Verde cuenta con el apoyo de varios de los ejércitos occidentales, que se coordinan para intentar imponer la paz en ese territorio. Es ahí donde entra el Grupo de Reconocimiento ‘Santiago VII’, cuya misión genérica es realizar actividades de control y ser la vanguardia, la primera línea en visualizar la situación en la franja en conflicto, con los riesgos que ello suponen.

Preparación del puesto de mando en las maniobras del Grupo de Caballería de Reconocimiento. (Foto: Ical)
Así se inicia la estrategia, por lo que el campo de maniobras se convertirá durante unas horas en dos países en guerra que luchan por un territorio ocupado. Para ello, el capitán Jesús Domínguez, joven pero con experiencia en misiones internacionales, cuenta a su disposición con 85 soldados que intentarán dar el primer paso hacia la paz, imponiendo la retirada del país invasor. Dispone de cinco vehículos de Alta Movilidad Táctica (Vamtac), fabricados por una empresa gallega, cinco más de exploración (VEC), dos centauros (vehículo blindado de combate que hace fuego a 2.000 metros de distancia) y un Transporte Oruga Acorazado (TOA), que se encarga del mando de las operaciones. Todos ellos practican con balas de fogueo, entre otras cosas para evitar incendios y daños a compañeros.
Incidencias
La misión no es fácil. El primer objetivo del Grupo es llegar a la zona en conflicto con todos los vehículos en fila india, pero sin bajar la guardia, ya que es un lugar desconocido. Una vez allí, los soldados deben estar atentos, por ejemplo, a la colocación de minas antipersonas en el camino, que podrían causar bajas y daños en los vehículos. Casualmente, estos aparatos aparecen en un camino bordeado por un pequeño monte. Una incidencia que los militares solventan con tranquilidad, sin ponerse nerviosos. El VEC se detiene y de él bajan dos exploradores que analizan la zona, con cuidado de sus pisadas. Al no encontrar forma de pasar por el camino indicado, deciden buscar otra ruta alternativa. Primer contratiempo solucionado, aunque repercutirá en el tiempo.
Con esfuerzo y un despliegue estratégico “perfecto y bonito”, según Juan Bustamante, que vigila desde lo alto del páramo el trabajo de sus ‘chicos’, la fuerza y la experiencia del Grupo logran que el país invasor frene en su avance ficticio, lo que no evita que se encuentren con pequeñas milicias que hacen perder tiempo al Grupo de Caballería. De ello se encarga otro grupo de militares que, en esta ocasión y para este ejercicio, les ha tocado ser el enemigo. Esta vez, con mucha soltura ante la situación, los primeros en llegar al lugar ‘envuelven’ a la milicia, les sorprenden y les obligan a retirarse. Al llegar la noche, la Unidad de Reconocimiento da un paso atrás para descasar y dejan en la cabeza a los soldados de Infantería, quienes no son capaces de aguantar un contraataque del ejército invasor, por lo que de nuevo la Caballería se ve obligada a intervenir para contrarrestar este nuevo ataque, esta vez, con la soledad que proporciona el cielo oscuro. Ellos no tienen problema: luces de guerra en los vehículos y gafas de visión nocturna, que cazan perfectamente los movimientos.
A la mañana siguiente y tras sonar la corneta, todos los soldados del Grupo abren sus tiendas de campaña y afrontan un nuevo día, con otro tipo de ejercicios que deberán solventar, porque podrían encontrárselos en sus próximas salidas a países como Afganistán, donde algunos han solicitado viajar en numerosas ocasiones y aún no ha podido viajar. Deberán entrenar y conseguir la excelencia, porque allí no será un juego.
