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El máximo responsable de la cúpula blanca no deja de sorprendernos cada vez que un acto público le obliga a expresarse. De poco vale ya recordar antiguas ‘leyendas’ gestadas desde la brillante mente del señor Baena. Léase el multimillonario inversor paquistaní Tariq Soni del que nunca más se supo, o el famoso macroconcierto derribado por un equipo de gobierno que exigía las pertinentes licencias administrativas para tal evento, entre otras falacias.
Mi admiración hacia el mandatario blanco crece cada vez que es preguntado sobre el futuro de la Cultural y la inminente liquidación de la sociedad anónima deportiva solicitada por la Tesorería General de la Seguridad Social en octubre de 2010. En cada una de sus intervenciones, desde su llegada al club, ha manifestado tener un acuerdo con el citado organismo para desestimar dicha solicitud.
Diferentes acuerdos verbales, escritos e incluso apoyados por convenios con empresas externas al club blanco a través del famoso ‘factoring’, han resultado ser una invención más y otro engaño al culturalismo.
No dudo, y así nos lo hace ver el positivo cambio de gestión que ha llevado la entidad, que el presidente culturalista busque fórmulas y soluciones para un futuro viable. Lo que no logro entender es porqué cruza mentira tras mentira y desafía el apoyo que en forma de abonos le ha confiado la afición de la Cultural que ya se cansó en etapas anteriores de ser maltratada.
El resultado de tanto cuento se traduce en forma de embargo. Las próximas taquillas generadas en los partidos disputados en el Reino de León, serán requisadas por la Tesorería hasta cubrir parte de la deuda contraída que ronda los 400.000 euros.
Exhasusto de tanta falacia, el organismo ha activado de nuevo el proceso de liquidación. Todo el esfuerzo derrochado por técnicos, jugadores, empleados, colaboradores e incluso por el propio Baena, puede quedar en ‘agua de borrajas’, por los continuos embustes públicos del presidente.
Por eso termino este artículo con una frase del poeta y escritor estadounidense James Russell Lowell: “Bienaventurados los que no tienen nada que decir, y que resisten la tentación de decirlo”.