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Que duda cabe que, para afirmar tal cosa después de todo lo vivido por este hombre –preso político, con dos condenas a muerte, de la dictadura franquista de 1939 a 1961, de los 19 a los 42 años-, hay que estar profunda y profusamente enamorado de la vida en primer lugar.
No voy a hacer aquí el panegírico de Marcos Ana. Quien no sabiendo aún de él, tenga algún interés podrá encontrar suficiente información en esta red. Tan sólo quiero recordar, aprovechando mi estancia en la joya que de la Universidad de Granada es el Carmen de la Victoria, la iniciativa de ésta de solicitar para él, Marcos Ana, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, cuyo fallo se hará público el próximo 10 de Septiembre.

Después de saber de él, de su vida, acaso de haber leído su Decidme cómo es un árbol que duda cabe que cumple con exceso este hombre las condiciones exigidas -Será concedido a la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres, a la lucha contra la injusticia, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia o a la defensa de la libertad, o que haya abierto nuevos horizontes al conocimiento o se haya destacado, también de manera extraordinaria, en la conservación y protección del patrimonio de la Humanidad- para la concesión de dicho Premio.
Honra a la Universidad de Granada esta iniciativa hasta hoy seguida por muchas más instituciones y asociaciones y por 6.759 personasde vario pensamiento y varia condición, hasta esta hora en que escribo. Esta iniciativa de la UGR debe ser también lo de estar cerca de la sociedad, incardinada en ella (esto en fino), que dicen todas ellas aún cuando algunas no van más allá de la anónima o limitada, según sea caso y lugar. Qué silencios tan elocuentes ha habido.
No creo que ninguno de los firmantes de dicha petición estemos reivindicando un ajuste de cuentas a nadie, ni de nada. No creo que ni el propio Marcos Ana lo permitiese. Estimo que queremos reconocer su testimonio vivo de lucha por la libertad, por la democracia, por la dignidad de las personas, hombres y mujeres, por un mundo mejor, porque nunca más nadie, ni aquí, ni en el mundo todo, tenga que recibir clandestinamente un Cuéntanos algo de tu vida, como el que él, Marcos Ana, recibió de Maria Teresa León y Rafael Alberti en un tubo de pasta, y tenga que, de igual forma, clandestinamente, enviarles este escalofriante y hermoso poema:
Mi vida
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo donde a veces pasan
una nube perdida y algún pájaro
huyendo de sus alas.

En cuanto a la concesión del Premio a Marcos Ana, opino como José Saramago que: ¿A Marcos Ana le falta el Premio Príncipe de Asturias? No: al Premio Príncipe de Asturias le falta Marcos Ana y ese premio nunca estará completo sin el luchador español, el hombre sin rencor que amó la libertad desde la cárcel y que hoy, desde la vida recuperada, sigue honrando la libertad, que no es un concepto sino un modo de estar en el mundo que a todos nos dignifica. Marcos Ana, Premio Príncipe de Asturias. Cuando oigamos esa proclamación nos saludaremos en la calle, aplaudiremos en las plazas y en las casas y diremos, haciendo sonar las bocinas de nuestros coches, que hemos ganado la batalla contra el olvido y a la inercia, que somos, por fin, protagonistas de la historia, porque somos, hombres y mujeres, dueños de nuestro tiempo y tenemos voz y la usamos. Como estamos haciendo ahora."
No se quede pues en silencio, amigo mío, como huyendo de sus alas, súmese a la alegría y a la esperanza, coja la historia, el presente, el hoy, el ahora, ¡y hasta el mañana!, en sus manos y ponga con toda paz y ciencia un Príncipe, de la Concordia, en su vida. Hacerlo hoy, es mejorar el mañana.
