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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Pleitos tengas y los ganes
Una ancestral maldición gitana que nunca se la he deseado...
08/05/2010
CON VENTANAS A LA CALLE
...ni al más enemigo, si es que alguna vez he tenido enemigos: Pleitos tengas y los ganes. Y menos, al juez Garzón. Y es que un servidor llegó a tener el culo pelado de estar sentado en el banquillo de los acusados. Aunque la casilla de mis antecedentes judiciales y penales quedó impoluta después de más de 30 años amontonando palabras en las páginas de los periódicos.

Lo que no veo bien es que cuando uno se mete en estos surcos, por lo que sea, empiece a sacar arhuelas, interdictos, recursos y tal para salir airoso sin sentarse ante el tribunal. No señor. Me acuerdo que hace muchos años, en una de las primeras veces que me pusieron una querella (¿criminal? pobre de mí) por airear alguna pifia de un político de turno, el entonces director del periódico en el que escribía me soltó: “Cuando se mete la pata se saca si es posible y sino, se pecha con las consecuencias”.

Entonces no veo bien que un profesional de la judicatura, estrella para más datos, ande aireando apoyos y poniendo zancadillas a sus instructores al más alto nivel del Tribunal Supremo, para escaquearse de calentar el banquillo con su orondo trasero. No señor, don Garzón.

Si hubieran podido hacer lo mismo (que creo que sí lo hicieron)  el entonces ministro del Interior, Pepe Barrionuevo, o muchos de sus subordinados, no habrían tenido que ir a la cárcel, allá por la década de los noventa del pasado siglo. Lo dijo entonces mi joven director, si se mete la pata se saca y sino se pecha con las consecuencias.

Y es que la Justicia (con mayúscula) está de capa caída. Anda en boca torcida de todo cristo porque, pienso, que no hay autoridad, seriedad, credibilidad. No puede ser que los que pasamos nuestras zozobras, aún ganado los pleitos, tuviéramos nuestros respetos y congojas a flor de cuello. Y ahora el Garzón llama a arrebato a los denominados progresistas amigos; el tío Rajoy se pasa por la entrepierna la presunta imputación de uno de sus presidentes regionales y venga a decir que será candidato de nuevo sea a no sea culpable; y ya no digo la diatribas del Montilla, capitán catalán de la generalidad, contra el Tribunal Constitucional que no ha andado nada fino para decir en cuatro años si el estatuto de esta comunidad es o no constitucional.

No voy a decir que es un cachondeo, porque uno ya es de una edad provecta para entrar en pleitos, pero a los españoles de a pie se nos viene a la memoria muy a menudo aquella frase de un alcalde de Jerez de la Frontera.

Y ya digo, llegué a tener el culo pelado de sentarme en los banquillos judiciales. Tuve pleitos y los gané, pero…, joder, que ratos aquellos frente a las togas de jueces, fiscales y defensores. Fueron tiempos de transición, en los que los nuevos políticos que salían de las urnas, pensaban que todo el monte era orégano y había que pararle los pies con los papeles de la realidad que ellos pensaban eran desacatos a su cargo, más que a su carga.

Después, los jueces ponían a cada uno en su sitio y hacían un canto de la libertad de expresión en sus ‘resultandos’, ‘considerandos’ y ‘fallos’.

Otras veces algún profesional de la abogacía pensaba que una palabra tan cándida como la de ‘desenmascarar’ podría determinarse como insulto, tras presentar en la Audiencia Provincial una querella, con un puñado de folios, contra el que suscribe y el alcalde de Astorga.

Cuando todo se podía haber arreglado mirando el diccionario, como hizo el magistrado provincial de turno: “Quitar la máscara” y punto pelota.

Y la última fue aquí en mi pueblo, en La Bañeza, hace ocho o nueve años. Esta vez, en compañía de un teniente alcalde del Ayuntamiento (abogado en ejercicio) que cometió el crimen de llamar la atención a un guardia civil, que interrumpió un acto de cinco minutos de silencio en la Plaza Mayor, contra un asesinato terrorista que constó la vida en el País Vasco a un magistrado. Mientras que mi afrenta, mi especie de tirar de la pata fue que hice fotografías y no le quise dar el carrete al uniformado. A la vez que intentaron sus mandos policiales y políticos frenar la publicación de los hechos.

Denuncia del guardia civil, declaraciones, instrucción de la causa y, al final, hubo que arreglarlo con gaitas templadas, para poder salir del trance y que el litigio, el pleito quedara en tablas. Porque los abogados del Estado que traía el benemérito supieron hacer los deberes con nuestras respectivas defensa y consensuar el sobreseimiento.

Lo dicho: Tengas pleitos y los ganes. Que las zozobras quedan para asientos de inventario en las columnas de las carnes de gallina y sudores fríos, que solo calentaban los comentarios de los compañeros con aquello de que “ya te llevaremos bocadillos y tabaco a la cárcel”.

Qué ricos. Joder, que ratos.
 

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