Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
Personas tóxicas, conocerlas para alejarnos de ellas
¿Realmente existen las personas tóxicas? ¿Tienen unas características específicas para que las podamos detectar? ¿En qué momento alguien se convierte en una persona tóxica?
27/03/2014
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LA NARANJA MECÁNICA

El hecho de denominar a una persona como tóxica supone que su comportamiento no sólo no es beneficioso para nadie, ni siquiera él o ella misma, sino que además causa malestar en las personas con las que se relaciona. Aunque existen diferentes tipos de personas tóxicas se trata de una forma genérica de llamar a estos hombres y mujeres que nos aportan consecuencias negativas en nuestra relación con ellos.

Así, podemos encontrarnos con personas tóxicas en nuestras relaciones de pareja, en nuestras amistades, en nuestra familia, en nuestros compañeros de trabajo, de clase, etc. Son personas que nos hacen la vida imposible porque son envidiosas y buscan hundir a los otros al no ser capaces de competir en cualidades con quienes les rodean. 

También son las personas chismosas que difunden rumores que no son ciertos o están muy tergiversados y que crean un ambiente hostil en el grupo en el que se encuentran. Son esas personas que se entrometen en otras relaciones o malmeten en las familias o el trabajo.

Además, se caracterizan por ser manipuladores que intentan conseguir todo lo que se proponen pasando por encima de quien se interponga en su camino o utilizándolos para conseguir sus propios intereses.

Las personas tóxicas siempre tienen algo que decir sobre lo que uno opina, nunca están de acuerdo con las ideas de los demás porque no les parecen suficientemente buenas o porque no son como las suyas. Tienden a menospreciar las opiniones y/o gustos de los demás por el simple hecho de ser diferentes de los suyos y suelen obstaculizar los avances de quien tienen al lado para evitar la innovación y la creatividad.

El hecho de causar perjuicio a los otros significa que son personas dependientes puesto que no pueden sobresalir sin pisar a otros o sin la aceptación de quienes les rodean.

En las relaciones de pareja o en las amistades esta dependencia se manifiesta convirtiéndose en relaciones intensas y turbulentas. Pueden llegar a ser asfixiantes puesto que constantemente están reprochando atención y se enfadan si no son los protagonistas. Las personas tóxicas continuamente solicitan compañía y admiración, son posesivas, controladoras y muy celosas llegando a aislar a sus parejas o amigos por exigir dedicación exclusiva. Pueden llegar al maltrato físico y/o psicológico para conseguir sus objetivos.

Quienes sufren esta toxicidad pueden llegar a sentirse en un callejón sin salida. Perdonan una y otra vez apoyándose en la buena fe de estas personas tóxicas. Consideran que no han sido suficientemente pacientes o que realmente han hecho algo para molestarles y que pueden intentar que sus seres queridos se sientan mejor. Acaban culpándose de la toxicidad de la relación y se sumergen en un círculo cada vez más dañino que les aísla y que les agobia más y más.

La autoestima de quienes sufren a las personas tóxicas acaba muy deteriorada y pueden acabar por someterse a las exigencias de quienes les manipulan sin escrúpulos. Cada vez el malestar va siendo peor y la escapatoria se percibe como algo inexistente debido a la culpabilidad inducida por sus acompañantes.

Debemos ser conscientes de que las personas tóxicas sólo buscan el propio beneficio y que si alguien nos está haciendo daño o nos está agobiando quizá no es lo que más nos beneficia. Estas personas no cambian porque actuando de esta manera es como consiguen sus objetivos y sólo conciben a los otros como un mero instrumento para lograr un fin. 

Si alguien nos causa malestar, nos hace sentir culpables o nos impone unas exigencias imposibles y nuestra relación no es satisfactoria es mejor que pensemos de una manera objetiva antes de dejarnos arrastrar por el chantaje emocional y la culpabilidad. Si perdemos ese punto de objetividad que tenemos al principio será mucho más difícil escapar a la influencia de las personas tóxicas que nos rodean.

Beatriz San Millán Pérez

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