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Firmemente creo —sin la menor vacilación, sin ningún asomo de duda—, que la mejor poesía del mundo está en España, en Andalucía, en los cantares…
¿Puede haber cosa más bonita que una copla “desesperá”, una garbosa rumba, un bolero, un pasodoble, un lo que sea, en la voz y en el sentir de mi Pasión Vega Pasión?
Nadie me llevará la contraria. Los insensibles que se callen, o morderán el negro y sucio y maloliente asfalto de esta muy noble Ciudad de León, capital de su Reino.
Me enciendes, me abrasas, me atormentas, me deleitas y me apagas…, Pasión. Si no fuera por mi proverbial fidelidad a mi maravillosa mujer y a las exquisitas aguas del amado Burbia, hasta sería capaz de intentar ponerte en un aprieto, aun a riesgo de ser acusado de acoso…, no de derribo, que eso sí que sería el cum laude, el honor máximo de este pobre seguidor de tus bellísimos troníos…
Tú, Pasión —tienes que saberlo—, provocas mis dudas y me llenas de incertidumbres preciosas. ¿Qué me gusta más «María se bebe las calles», o «Lunares (y al fondo la lluvia del mes de abril)», o «Miénteme», o «Teresa», o la maravillosa «Colgados del cielo», tal vez la mejor canción entre las mejores…? Aunque, quizá, seguramente, no sé, es posible que me guste más la delicadeza de «Tiempo detenido», pura poesía, tan bonita, tan triste, tan melancólica, tan fox-lento-bolero…, para arrullarme contigo, ¿te gustaría…? ¡Claro que sí, tonta, tontísima…, seguro!
Y luego ya, para vibrar de emoción, de gusto amargo, esa gran canción clásica, esa deliciosa ranchera, tan cabal: «Vámonos (que no somos iguales dice la gente)».
Por esto, por tu exquisita sensibilidad, Pasión Vega Pasión, no entiendo que hayas grabado esa cosa tan mediocre del Sabina, «Canción de las Noches Perdidas».
Te lo digo, nena, nenita, con todo el cariño, con tanto que ni siquiera te lo imaginas. A ver si alguna comisión de fiestas te trae en andas, por aquí, por El Bierzo (¿tienes acaso menos derecho que la Virgen de la Encina?), y podré verte, adorarte, suplicarte, y gozarte sin ninguna duda…
Yo te espero —ya lo sabes—, con ansiedad, «A mi manera», como Sinatra; «Moliendo café», o como sea…, pero siempre con muchas muchísimas cosas buenas que tú te mereces. Fíjate como estoy por ti que incluso pienso olvidarme un poco de mi ingrata Diosa del Cúa, que se me resiste, para entregarme a ti en cuerpazo y alma y rosario, con toda la poesía de mi corazón y muchos muchos, muchos, etcéteras y puntos suspensivos que no hace falta poner aquí, porque tú, Pasión, sí que estarás muy conforme conmigo. Pregunta por mí, que todo León me conoce y me quiere mucho pero, eso sí, no le hagas ningún caso a la Presi de la Dipu, y menos aún a un tal García Campal, que me acusa de sufrir mucho por ser creyente…, de ti, claro, guapísima, aunque él no lo entienda.
No me gusta ya «Venecia sin ti», ni Caucabelos cuando la Diosa del Cúa no está, ni los Programas de Fiestas de El Bierzo cuando tú no apareces en ellos. Te tengo tanta afición, mi Pasión Vega Pasión, que la gente seria y bien ponderada podría decir, sin exagerar, que este santo y virtuoso varón —que soy yo—, sólo te tiene a ti como vicio, el único vicio serio y de categoría que quiere permitirse…, ¡tenlo en cuenta!
Y nada más, por el momento. Que «Viva el pasodoble, viva lo español», y que se mueran pronto los que no estén de acuerdo.
¿A que sí, mi Pasión Vega Pasión…?
