|
|

Hace tiempo que tengo asumido que ir por ahí, por la vida, por los medios de comunicación defendiendo los Mandamientos de la Ley de Dios y de su Santa Madre Iglesia es tan contraproducente que, a menudo, se convierte en un quebranto. Pero no claudico, ni escarmiento.
Y lo malo no es que los agnósticos y los ateos critiquen, y los anticlericales se mofen, no, pues suele ser por lo general gente respetuosa. Lo peor, lo más triste de todo es que sea la propia Iglesia, tu Iglesia, la que te crucifique.
Es tanta la insensibilidad institucional y tan pobre la empatía de los jerarcas, de los burócratas, de algunos profesionales del Dominus vobiscum que bien se les podría llamar escribas y fariseos. ¿Para cuándo la humildad, el bajarse de las peanas, de los altares…?
Dar la cara por la Iglesia de Cristo, por su doctrina y principios, luchar contra el aborto, el materialismo, el hedonismo, la educación para la ciudadanía, el anticlericalismo es “intrusismo” de un iluso, y será la Jerarquía Eclesiástica, los propios curas, ellos mismos los que te tilden de ser más “papista que el papa”. ¡Oh! pobre seglar creyente, y beligerante al defender el nombre de Cristo, nunca faltará un clérigo que te ladre…
Pero, ¿quién soy yo, pobre mortal, para dirigirme a tan altas instancias, y tomarme además el atrevimiento de pediros explicaciones, exhibiendo la osadía de aconsejaros…? Vos, que no tenéis tiempo (para los humildes), que nunca erráis ni tenéis necesidad de pedir disculpas, ¿por qué no os acercáis con humildad al rebaño, sin boato, sin coche caro ni chofer que espante a las ovejas del redil?
¿Sois el buen Pastor…? Si hasta la burra de Balaan vio más, mucho más que el adivinador profesional que la azuzaba: ¡¿Cómo quieres que camine si tengo ante mí un ángel que me lo impide…?! Los balaanes se humillan voluntariamente cuando creen que pueden sacar buena tajada. Libérense sacerdotes de las tareas burocráticas que bien pueden desempeñar los seglares preparados y pónganse al servicio del rebaño, a pie de calle.
Ya todos sabemos que en España los importantes y poderosos no son culpables de nada, sean personas físicas, jurídicas o colectivas. Todos se lavan las manos, como Pilatos. ¡Bueno, si sólo fuera eso!, pero, es que, además, quieren sacar “pechín” y autoproclamarse luchadores incansables, redentores de nuestra felicidad celestial y aun terrenal.
En esta sociedad que están creando los burócratas mandamases del erario público, no hay ni puede haber sentimiento de culpa. En consecuencia no hay pecado, ni remordimiento, ni propósito de enmienda. Los profesores no tienen culpa de nada. La Iglesia tampoco, y la falta de vocaciones es cosa de la sociedad, de los tiempos que nos toca vivir, de las circunstancias, del destino, del maestro armero…
Pónganse entonces de común acuerdo para llenar los pueblos de España con estatuas de ese “maestro armero” y organicen concursos de pedradas contra él. Aunque quizá queden por ahí algunos provocadores que sin darles vela en el entierro se metan donde no les llaman y se pregunten: ¿Si toda la culpa es de ese señor para qué diantres les queremos a ustedes?
Nada de hacer tabla rasa y de querer diluir responsabilidades con eso de: Todos somos culpables. No. Culpables son ustedes, sólo ustedes, los que tienen encomendado (y cobran por ello) el bien común, la buena convivencia, la posible felicidad.
Repártanse pues las culpas con justicia…, y pídanos perdón.
Lo escribo con toda burbialidad.
