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REPORTAJE 
Otros caminos a Santiago: La ruta del románico
El Camino de la Lana, que parte de Cuenca atraviesa Soria y enlaza con la capital de Burgos, está preñado de joyas monumentales, hermosos paisajes y rincones tranquilos todavía por descubrir
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Daniel G. Rojo       17/07/2010
El mirador del Cristo del Carrasquillo en Tarancueña (Soria). (Foto: Eduardo Margareto)
El mirador del Cristo del Carrasquillo en Tarancueña (Soria). (Foto: Eduardo Margareto)
Desde el Gobierno regional se insiste hace ya tiempo en que Castilla y León no sólo es la Comunidad Autónoma de España con más kilómetros de Camino Francés sino la región de los caminos a Santiago, con un énfasis en ese plural, tal y como lo demuestra la creciente importancia de la Vía de la Plata, el Camino de Madrid o el Camino de Levante y Sureste. Entre esas rutas tradicionales e históricas figura también el Camino de la Lana, cuyos orígenes comerciales hunden sus raíces en el siglo XVII.

El itinerario parte de Cuenca, cruza Soria de Sur a Norte y atraviesa Burgos hasta enlazar, en su capital, con el Camino Francés a Compostela. La elección del punto de partida, Monteagudo de las Salinas, se basa, según afirma uno de los libros publicados por la Junta sobre las rutas jacobeas, en el viaje que hicieron desde allí y hasta la tumba del apóstol, en la primavera de 1624, Francisco Patiño, su mujer, Marí de Francis, y un pariente, Sebastián de la Huerta.

Aunque su recorrido concreto no esté documentado, el actual, impulsado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago (Cuenca), sigue el trayecto que figura en el ‘Repertorio’ de Alonso de Meneses, publicado en el siglo XVI.

El Camino de la Lana, lejos de la popularidad y masificación del Francés, es una ruta tranquila, impregnada de silencio y espiritualidad, que pasa por algunas de las joyas románicas más bellas de la región, Santa María de Tiermes y San Pedro de Caracena (Soria), y por paisajes naturales tan monumentales como la serpenteante cuenca del Arlanza, además de por dos cenobios benedictinos de importancia capital en la historia de España Santo Domingo de Silos y el arruinado San Pedro de Arlanza (Burgos).

Además, el itinerario se solapa en diversas ocasiones con el Camino del Cid, lo que le concede un plus de interés turístico y de carga histórica que se nota. De hecho, en la ruta es más fácil encontrar, sobre todo en bicicleta, peregrinos tras las huellas de Rodrigo Díaz de Vivar que de Santiago.

Después de abandonar la villa medieval de Atienza (Cuenca), con su castillo hollado por celtíberos, árabes y cristianos y un más que centenario comercio, en la plaza Mayor, que vende casi de todo, el Camino de la Lana entra en Castilla y León -donde se extiende a lo largo de 157 kilómetros- por Retortillo de Soria.

A la sombra de uno de sus viejos muros de adobe, Rosa, María y Justo, tres jubilados que viven entre su casa y una residencia donde les cuidan “muy bien”, afirman que por el pueblo “sí que pasan peregrinos, sobre todo a caballo”, como hicieran las huestes del Cid hace mil años.

Vista de la localidad castellano manchega de Atienza desde el Castillo. (Eduardo Margareto)

Brasil en Soria

El mirador del Cristo del Carrasquillo, una estatua de piedra parecida a la que domina Río de Janeiro, pero en miniatura, contempla inmutable la siguiente parada, Tarancueña, muy cerca de la cual, aunque fuera de la ruta, se encuentra Tiermes, que tiene un hermoso ejemplo de templo románico con galería porticada, la iglesia de Santa María, y un yacimiento arqueológico de una ciudad celtíbero-romana que hacen que la visita esté justificada.

El valle excavado por el río Caracena llega hasta la villa del mismo nombre, creando un espectacular paisaje escarpado sobre el que se asientan las iglesias románicas de Santa María y San Pedro -muy similar ésta a la de Tiermes-, así como los imponentes restos de un castillo reedificado a finales del siglo XV. Junto a San Pedro, mientras guarda las ovejas de su marido, María Ángeles se lamenta de que el Camino de la Lana no esté “señalizado” como debiera al paso del pueblo, que tiene 26 habitantes empadronados.

Tras Carrascosa de Abajo y Fresno de Caracena se llega a la villa de Ines, habitada por casi una veintena de personas entre las que se encuentran el madrileño Carlos Aranda y la holandesa Ellen de Vries, pintor y profesora de alemán, que desde hace unos años hacen su propio vino con la uva de un majuelo cultivado con agricultura ecológica.

La ruta continúa por Olmillos hasta San Esteban de Gormaz, monumentalmente una de las paradas más relevantes del Camino de la Lana gracias a su castillo medieval, situado en lo alto de un cerro, su puente sobre el Duero y sus iglesias. Una vez más, el rastro jacobeo se entrecruza aquí con el del Cid, cuyas hijas, ultrajadas y abandonadas por los infantes de Carrión, buscaron refugio en la villa.

Matanza de Soria, un pueblo con multitud de casas de adobe rojizo, Villálvaro y Zayas de Báscones dan paso a la última población de la provincia de Soria, Alcubilla de Avellaneda, donde el eco de glorias pasadas resuena en forma de palacio, hoy reconvertido en establecimiento hotelero. Especial atención merece una ermita, situada a las afueras, que conserva unos grabados de origen romano.

La iglesia de Santa María en Tiermes (Soria). (Foto: Eduardo Margareto)

Leyenda a la entrada al cementerio de Ines (Soria). (Foto: Eduardo Margareto)

Por tierras burgalesas

La ruta de la Lana recorre en la provincia de Burgos 85 kilómetros, con una primera parada en Hinojar del Rey, en cuya iglesia de San Andrés reposan los restos del bachiller de Lezama, y una segunda en Quintanarraya, por donde pasó el Cid camino del destierro. La arquitectura popular de piedra y entramado de madera dan una belleza especial a Huerta del Rey, especialmente en los lugares donde el cauce del río Arandilla penetra en la villa.

Mamolar, a la sombra de la Peña Águila, adelanta la belleza paisajística que dominará la ruta una vez que ésta se adentre en La Yecla y los sabinares, siguiendo el curso del Arlanza; pero antes es obligado hacer una parada en uno de los puntos más emblemáticos de la ruta, Santo Domingo de Silos, cuyo cenobio benedictino es y ha sido destino de muchas peregrinaciones tan hondas y sentidas como las que se dirigen a Compostela.

A pocos kilómetros de Silos, siguiendo una pista de tierra que llega hasta Contreras, el peregrino más cinéfilo puede desviarse para visitar uno de los escenarios del spaghetti-western ‘El bueno, el feo y el malo’ (Sergio Leone, 1966), el ficticio cementerio de Sad Hill, donde concluye el enfrentamiento entre Clint Eastwood, Lee van Cleef y Eli Wallach.

La ruta oficial deja Silos, atraviesa Retuerta y llega hasta otro enclave fundamental, Covarrubias, que se puede considerar un monumento en sí misma -no en vano, la villa tiene la declaración de Conjunto Histórico Artístico-. La historia castellana está íntimamente ligada a sus piedras, que vieron pasar a personajes como el conde Fernán González, Doña Urraca o la princesa Cristina de Noruega, esposa del infante Don Felipe.

“El albergue de Mecerreyes fue la casa de mi abuela, primero, y de la Telefónica, después, hasta que lo compró el Ayuntamiento”, explica uno de los vecinos del pueblo, Francisco Alonso, de 78 años, quien estuvo “como militar en la Finca de la Peña de Tordesillas” durante la posguerra. “El administrador era un teniente mutilado en la guerra”, recuerda Alonso, contento de que tanto en primavera como en verano su pueblo sea visitado “por muchos peregrinos”.

Burgos está ya sólo a cuatro pueblos de distancia, Hontoria de la cantera, Revillaruz, Cojóbar y Saldaña de Burgos, el primero de los cuales destaca por motivos mucho más oscuros que los relacionados con la ruta jacobea o el rico patrimonio monumental de la provincia. La cantera a la que hace relación el nombre completo de Hontoria fue una fría prisión excavada en la roca -con varias cuevas que se hunden en lo profundo de la fría y húmeda montaña-, custodiada por un acuartelamiento de la época franquista que también fue polvorín. Quizá no sea la forma más alegre de terminar el Camino de Lana, pero también es parte de su historia.

Francisco Alonso en Mecerreyes (Burgos). (Foto: Eduardo Margareto)

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