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Esta inmigración que usted defiende, señora mía, ha originado una rapidísima transformación social descontrolada y peligrosa que hipoteca nuestro futuro y buen desarrollo, y cuyos efectos nocivos estamos empezando a padecer. Seguirán ustedes sin querer reconocerlo, pero una parte sustancial de la crisis general de valores y de la crisis económica, es consecuencia de la presión de esos cinco millones de inmigrantes que nos han invadido en los últimos seis años. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, ya hay más de un millón de personas no católicas que practican otras religiones “más exóticas”. ¿Esto es lo que se pretendía? ¿Este es el modelo de desarrollo, de convivencia, y de futuro para España?
La economía es la madre de “todas las batallas”, aquí y en Pernambuco, hoy, ayer, y mañana. Y da la casualidad no casual que se sustenta en las personas, porque sin capital humano no hay capital ni desarrollo de ningún otro tipo. Una empresa productiva que genera riqueza y bienestar, un país serio y capacitado, deberían ser cosas muy parecidas. Sin embargo, la diferencia es que a la empresa, cuando le va mal, despide a sus inmigrantes y si la apuran demasiado acaba cerrando; pero un País, una Nación, España, no puede cerrar. Entonces, se ve obligada a tragárselos y a empeñarse por varias generaciones.
España no es ni puede ser un gran centro de beneficencia que socorra a los desheredados de la fortuna de todo el mundo, no debemos ni podemos “apechugar” con el déficit sanitario de Marruecos, por ejemplo. Es mucha la ignorancia y la demagogia que los “políticamente correctos” tratan de ocultar cada vez que hablan de la inmigración como un fenómeno imparable y enriquecedor para todos. La señora Gotzone Mora, tan socióloga de carrera, demuestra con sus declaraciones un escaso conocimiento.
Otro sociólogo, el Catedrático don Amando De Miguel, también echa flores a la inmigración y dice que es buena para España, pues nos trae gente joven preparada para trabajar, lo cual es un “chollo” toda vez que puede rendir mucho y sacársele gran partido sin haber tenido el Estado Español que invertir nada en su formación.
Estas declaraciones públicas de las Gotzones y de los De Miguel, nos dan una idea clara de por donde va el pensamiento “atolondrado” de los “intelectuales” y del negrísimo futuro que nos espera. ¿Cómo explicarles y hacerles entender que la inmigración no es solución de nada y sí es el problema de casi todo…? A lo mejor, si leyeran mi libro «Picotazos liberales» se caerían del caballo de la “ignorancia” en el que tanto galopan.
Nos hemos pasado todos estos últimos años aguantando tonterías como esta de que «los inmigrantes serán los que paguen nuestras pensiones», y, sólo yo, al menos por estos pagos, demostré “talento” para ver venir la crisis, para explicarla, para poner orden y buen sentido donde no lo había y, desgraciadamente, por lo que se ve, sigue sin haber. Vean mi libro, insisto, porque es el que mejor explica el problema de la inmigración, la economía, y la política que venimos padeciendo.
La inmigración no es la panacea de nada, en el mejor de los casos no pasa de ser un mero alivio temporal y coyuntural que puede permitir mejorar el I+D+I en aquellas economías y países muy desarrollados. En Alemania, por ejemplo, en 1980, un matrimonio decidía meter en casa a una empleada que le librara de las tareas domésticas. Él era técnico superior en una fábrica de coches, ella experta en análisis químicos en importante laboratorio de cosmética. Entre los dos ganaban cuatro mil marcos mensuales y sólo pagaban a la inmigrante ochocientos, es decir, un 20% de su renta. ¿Está claro? Alemania crecía, en parte gracias a la mano de obra barata extranjera, pero, fundamentalmente por el I+D+I, por el valor añadido, por la mayor calidad de trabajo especializado que desarrollaban Él y Ella al verse liberados de la carga “poco productiva” que es la tarea del hogar. Los hijos eran bien atendidos y enseñados en excelentes colegios, y Alemania crecía porque los “nativos” rendían más, tenían más alta tecnología, más competitividad, más exportación, más poder e influencia en el mundo.
Pero España no es ni será Alemania, desgraciadamente para nosotros. Lo nuestro es el derroche, el darnos aires de grandeza, sin querer entender que las empresas, las grandes empresas, las serias y eficientes, lo son porque hace mucho tiempo que se han dado cuenta de que lo esencial es invertir en “recursos humanos”. ¿Por qué España, que, al fin y al cabo, es una empresa colectiva, empresa de empresas, no hace lo mismo…?
Lamentablemente, ni doña Gotzone Mora, ni don Amando De Miguel, tienen una buena respuesta. Yo sí, está en PICOTAZOS LIBERALES.
