Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 20:53 h.
Enamorados
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Mi prima Lourdes Carracedo, al igual que su esposo Constantino Valderrey (Tino), nacieron para la música. Y, además, fue el pentagrama el hilo conductor que los unió, cuando apenas eran unos chavales que se acercaban cada día a la Academia de Música que dirigía un astorgano, Joaquín Celada, en los primeros años de la década de los 70 del pasado siglo. Él se especializó en percusión y ella en clarinete, debutando en la banda municipal de La Bañeza, con apenas 16 años. Siendo (creo) la primera mujer que engrosó esta agrupación musical bañezana.
Pero en aquella banda municipal de La Bañeza empezaban a pintar bastos. Eran los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia, y la agrupación se desmoronaba porque ni había voluntad política de sostenerla, ni el director citado anteriormente tenía el empuje para seguir al frente. Hasta que en 1977 la banda municipal de música desapareció por quiebra técnica, sin que nadie echara una mano para frenar aquella amalgama, aquel vehículo, lleno de negras, corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas y garrapateas, por el terraplén en el que se precipitaba.
Dos años después, con la llegada del primer ayuntamiento democrático, la Concejalía de Cultura que se había creado, a cuyo frente se encontraba mi hermano Santiago, escogió a este matrimonio para que tratara de renacer de las cenizas una banda municipal que ya tenía la solapa de centenaria a la vuelta de la esquina. Fue un trabajo ímprobo para estos dos entusiastas de la música, teniendo que conjuntar los instrumentos, desarmados y desmontados, que habían quedado tras la debacle, a la vez que formaban a una veintena de nuevos músicos, cuya nómina iba a ser la de su afición por “el arte de combinar los sonidos y éstos, con el tiempo”. Un par de años más tarde, el día del Corpus Cristi de 1982, Lourdes Carracedo presentaba en sociedad la nueva agrupación. Celebrando en 1987 el centenario de la banda municipal, con todo esplendor.
Sin embargo, un año más tarde, la patada en el culo de la oficialidad municipal, como suena, fue el mejor finiquito para relevar al matrimonio al frente de la banda bañezana. Sin aviso previo, sin contar con ellos, sin nada de nada, después de la gran labor realizada, que quedaba para el sucesor. Aunque su afición les hace permanecer a las órdenes de la nueva batuta. En 1993, el alcalde de Santa María del Páramo (una villa, a quince kilómetros de La Bañeza), Ramón Ferrero, les llama para crear la banda municipal de la capital del Páramo, lo que les lleva a la aventura de empezar de nuevo, de cero, otro proyecto ilusionante que cuajó en una gran agrupación musical que ha llevado el nombre de Santa María por toda Castilla y León, con la vitola y la batuta de estos bañezanos.
Este sábado, Lourdes Carracedo Fuertes se estrena como directora de la nueva Banda Federal y Regional de Castilla y León, en la capital abulense, en el marco del auditorio San Francisco de Ávila. Una agrupación a la que la bañezana, mi prima Lourdes, ha colaborado en su creación, siendo vicepresidenta de la misma. A ella pertenecen los músicos de la práctica totalidad de bandas municipales de la Comunidad Autónoma, a la vez que sigue abierta la puerta para nuevas incorporaciones.
Por eso, cuando este sábado, Lourdes Carracedo levante la batuta de la nueva orquesta, La Bañeza volverá a estar presente en el proyecto, por derecho propio. Y será una mujer, la primera que perteneció a la banda municipal de su ciudad natal, la que interpretará todo ese repertorio que cuajan estas orquestas por las plazas y calles de Castilla y de León, de toda España.
Y mientras, yo, y toda nuestra familia de los Fuertes y Carracedos y Valderreys y Frailes y…, tendremos un motivo más para presumir de los genes artísticos y musicales, que muchos tuvimos que abandonar por no poder atenderlos (es un decir). Un abrazo, primos.

