Opinión
OPINIÓN POR LUIS ARTIGUE
Mi complejo de superioridad es mucho mejor que el tuyo
Ya no hay historias, las han contado todas…
03/12/2014
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LA NOTICIA ILUMINADA DEL DIA
De hecho uno asiste anonadado a tal efecto a la ovejizante sobredosis informativa que, a cerca del Pequeño Nicolás, segregan los medios de manipulación de masas –sí, Le Petit Nicolas, ese muchacho aniñado, barbilampiño, cínicamente conservador, con un brillo de malicia que le ilumina el rostro, voz aflautada y un discurso afirmado con el que sin decirlo dice a cada paso mi complejo de superioridad es mucho mejor que el tuyo-, y se da cuenta de que el insano tipo se ha inventado una identidad y ha vivido de ella hasta que se ha descubierto el pastel, pero que ha conseguido estar en todos los calóricos rincones del poder justo cuando había una conveniente cámara delante… ¿Y qué?

Entonces uno se reafirma en el hecho de que, en efecto, ya no hay historias; las han contado todas.

Y es que la recontada historia del Pequeño Nicolás sólo puede sorprender a los discapacitados de la ficción, esto es, a quienes presentan un déficit de lectura de novelas perdurables y de visionado de cine de calidad.
En caso contrario la historia del Pequeño Nicolás no resulta ser sino otra ocasión en la cual la realidad plagia a la ficción.

Bien mirado qué duda cabe de que el Pequeño Nicolás es ZELIG, una de las más raras, arriesgadas y esclarecedoras películas de Woody Allen, la apasionante historia de un camaleón social que era capaz de mimetizar la personalidad de los que le rodeaban y asumir el rol que proponía el ambiente llegando a pasar como médico entre médicos, como psicólogo entre psicólogos, como político entre políticos, etc.

O el Pequeño Nicolás es Tom, el protagonista de EL TALENTO DE Mr. RIPLEY, esa novela atmosférica e inquietante de Patricia Highsmith llena de jazz y de seducción inteligente que trata sobre otro muchacho experto en dejar de lado su vida para vivir otras existencias apropiadas e inventadas.

Asimismo Javier Cercas acaba de presentar su última novela, se titula EL IMPOSTOR (Ed. Random House) y trata también sobre otro Pequeño Nicolás que, en vez de al PP, se aproxima al ámbito de influencia de los supervivientes del horror nazi impostando así una identidad comprometida hasta que, al final, se descubre que tal personaje jamás estuvo en un campo de concentración.
No he leído todavía esta prometedora novela de JC pero el tema, que está de moda ahora pero no tiene nada de nuevo, lo trata de modo sublime y perdurable una obra maestra de Emmanuel Carrere titulada EL ADVERSARIO (Ed. Anagrama).

Nadie a mi juicio ha contado mejor que el truculentamente genial escritor francés ese tema tan trágico de construirse una vida falsa y hacerla pasar por verdadera. En este caso el personaje es un mentiroso patológico que, cuando pierde la partida y su identidad ficticia fracasa, y su mentira sale a la luz, asesina a toda su familia, a todo aquel cuya mirada ante tan monstruosa mentira no fuera capaz de soportar (vean las noticias al respecto del Pequeño Nicolás y las olvidarán al rato, pero si leen con atención EL ADVERSARIO comprenderán que, en comparación, el Pequeño Nicolás es un mierda en lo suyo nada digno de notoriedad, e imagino que de paso se harán adictos a este escritor tan personal y apasionante llamado Emmanuel Carrere.

Al Pequeño Nicolás entre otras cosas habría que acusarle de plagio.

El hecho de que el Pequeño Nicolás, como Ana Rosa Quintana, salgan tanto por la tele sólo da cuenta de que hoy en día la mentira vende mucho.

Luis Artigue
www.luisartigue.es


 

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