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No fue necesario examinarme a fondo, ni presentar avales, ni testigos, ni sacar “mis atributos a relucir”. Gracias a tres excelentes funcionarias, Elena, Sandra y Toñy, la cosa se arregló (¡vaya arreglo!) sobre la marcha, directamente, rápidamente, pues en Madrid lo entendieron y lo aceptaron todo como un error (pero, ¿qué error?) y me degradaron a la simple condición ya dicha de macho normal y corriente, masculino sin más y a secas.
Ahora, cariacontecido, triste, ¿quién me va a resarcir de la tremenda humillación que estoy padeciendo, a esta edad, tan crítica? ¿Quién me va a recuperar anímicamente y me evitará el inminente trauma psicológico que inevitablemente se cierne sobre mí?
Ya me gustaría ya contar con los buenos consejos de los lectores de Leonoticias.com ¡claro que sí! Quizá, entre los veinte mil asiduos a este gran periódico digital, se encuentre alguna buena abogada, altruista y caritativa, que pueda hacerse cargo de mi causa y querellarse contra el Rodríguez y el Rubalcaba y todo el MI., para exigirles una justa reparación. Pidamos, ¡señora letrada!, sólo dos cosas:
1. Que se me reponga en mi antiguo status de M/F Macho Fogoso, que es la cualidad-calidad que he venido ejerciendo y disfrutando en al menos los últimos diez años, pues no hay causas objetivas, ni chivatazos, ni quejas, ni informes del C.N.I que lo pongan en duda ni en entredicho.
2. Que si no aceptan mi justa reclamación, me indemnicen con al menos una mínima cantidad de euros no inferior a 1,2 millones, para tratar de remediar en alguna manera y medida el gran descalabro emocional que pudiera llevarme a un peligroso trauma psicológico, del cual no podré hacerme responsable.
Lo escribo con toda burbialidad, como siempre, pero, hoy, además, tremendamente herido, ofendido y desilusionado.
¡Justicia, por favor!
