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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Me acuso padre de no ver el Madrid-Barcelona
Sin pecado concebida. Me acuso padre de no ver el partido Real Madrid. Barcelona...
09/12/2011
CON VENTANAS A LA CALLE
... Sí, ya sé que es un pecado consuetudinario como el de no ir a misa los domingos. Pero es que yo tampoco voy a misa los domingos. Pero también le digo, señor cura, que no me voy a arrepentir ni a tener propósito de enmienda ni satisfacción de obra ni Dios que lo fundó. Que conste.

A misa dejé de ir habitualmente los domingos en 1977. Ni libertad de expresión y religiosa se rebelaba cada vez que oía al cura de turno soltar un mitin desde el púlpito, en vez de la homilía clásica, condenando a las pavesas del infierno a todos los partidos que propugnaban pecados tan grandes como el divorcio, el aborto. El anticlericalismo y los que querían abolir la ley de vagos y maleantes que metía en vereda a todos los mariquitas masculinos y femeninos.

No señor, no iba con mi manera de ver la libertad que habíamos acabado de conseguir, tras la muerte de don Franco. Por eso, creyente como soy hasta los tuétanos, rompí los amarres de mi puesto de remero galeote en la Iglesia Católica,

La rotura con el fútbol viene de antes. Allá por los primeros años de la década de los sesenta del pasado siglo. Por aquel entonces hacía yo mi servicio militar en Madrid, en Capitanía General de la Primera Región. A mi compañía llegó un día un chico alto y desgarbado, de cara recia y barba de dos días. Se llamaba José Luís Aragonés Suárez-Martínez,

Era un jugador del Betis y estaba como soldado en la Maestranza de Sevilla. Aquella noche había salido de la ciudad de la Giralda, trasladado a Capitanía General, dado que tres días después iba a ser probado por el Atlético de Madrid. Hicimos buenas migas desde el principio. Sobre todo, cuando le dije que yo jugada en el Getafe Deportivo, en tercera división.

Unas migas que llevaron a acompañarle al Estadio Metropolitano para presenciar las pruebas de la que debía ser objeto y que dieron como resultado su fichaje por el Atlético Madrid. A raíz de aquello, Luís desapareció de la vida militar, dado además, que al ser madrileño tenía casa en la capital de España, por lo que el pase pernocta fue una total desavenencia entre la mili y el propio jugador.

Sin embargo, nunca se olvidó de aquel chaval que jugaba en el Getafe Deportivo y que había conocido en la calle El Reloj de Madrid, donde se ubicaba entonces la Compañía de Destinos de la Capitanía General de Madrid. Hasta el punto de conseguirme un pase para ver gratis todos los partidos en el Estadio Metropolitano de Madrid, cerca de la Ciudad Universitaria, firmado por el entonces presidente del equipo colchonero, Javier Barroso.

Vivir cerca de figuras de la talla de Luís Aragonés me abrió los ojos a aquel deporte de entonces, en el que los jugadores de primera división ya cobraban cantidades sustanciosas, comparadas con el bocadillo de sardinas o de queso con anchoas que nos daban después de partido en el pueblo de Getafe, a pesar de jugar en aquella tercera división de los años sesenta del pasado siglo.

Así y todo, seguían siendo deportistas que se batían el cobre como algo suyo. Hasta llegar al actual circo rectangular en el que se ha convertido hoy el ¿deporte? Rey. Una especie de trapecistas, malabaristas, domadores, dioses de un olimpo estúpido, que me abre las carnes cada vez que leo o escucho las cantidades astronómicas de dinero que cobran, libres de impuestos. Mientras sigue habiendo muertosdehambre que pagan cantidades exorbitantes en la reventa de entradas-

Una cosa parecida a las homilías del cura de mi parroquia en La Bañeza, que confundió el culo con las témporas y lo que debía haber seguido siendo la representación de la muerte y resurrección de Cristo, se había convertido en un circo de campanario y púlpito. Un sermón obsceno hacia un hombre que había estado esperando 39 años para ver las primeras rendijas de libertad, tras la catacumbas franquistas.

Por eso, padre espiritual interactiva, hoy me acuso de no haber visto (ni falta que hace) el partido entre el Real Madrid y el Barcelona. Sí ya sé que debía aparcar mis frustraciones de joven y seguir la costumbre (de ahí lo del pecado consuetudinario), como si fuera una misa más de cualquier domingo. Bastante he tenido y tendré con aguantar las  gansadas del prepartido y del pospartido. Pero, además, no me pida, señor cura, que tenga propósito de enmienda ni satisfacción de obra ni Dios que lo fundó. Porque ni voy a volver a misa (de momento) ni a ver partidos de primera división en la cuadratura del círculo de la televisión. Que conste. 

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