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Marcelo Luján: "No creo que el mal tenga límite"
El novelista argentino desvela algunas de la claves con 'Subsuelo', su regreso a las librerías con su prosa cristalina y su realismo psicológico
El novelista Marcelo Luján.
El novelista Marcelo Luján.
Luis Artigue
26/02/2015 (19:16 horas)
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Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973), quizá el novelista realista más interesante que la Argentina ha exportado al mundo últimamente, creador de historias atmosféricas e inquietantes muy celebradas por la crítica, lo más parecido al guionista de la serie Ttue Detective que tenemos en castellano, vuelve ahora a las librerías con su prosa cristalina y su realismo psicológico habitual puesto en valor en su tercera novela titulada 'Subsuelo' (Ed. Salto de página).

Se trata de un thriller impactante y perverso sobre una de esas familias en la que cuesta respirar. Posee un argumento metódico construido con estructura fílmica, y prosa que funciona, y un mundo psicotóxico que envuelve, y unos personajes que encarnan con naturalidad tanto el mal epidérmico como el mal profundo y, al hacerlo, te hacen pensar que este autor psicoanalíticamente argentino nos está hablando sin decirlo en su nueva novela de la complejidad de lo que somos y del peligro de lo que podemos ser.

Sí, el subsuelo que se nos describe con magnética pericia en esta novela, una historial actual y naturalista sobre las torturas emocionales, en buena medida, es el inconsciente: la fuerza turbia y oculta de todos nosotros que origina nuestros actos según Freud, y Marcelo Luján es un maestro en el arte de hacer ver a los lectores de hoy que, a la hora de tratar de entender la insólita turbiedad humana, las novelas son incluso más útiles que las ciencias del comportamiento.

 

Atmósfera, un puñado de personajes retorcidos hasta extremos mareantes, una parcela aislada en medio de un valle y una cita inicial de Lacan y la adolescente certidumbre de que quien no tiene familia no tiene límites. ¿Por qué el círculo cerrado de la familia?

Porque la familia es la primera institución, el inicio de todo, el punto de partida y el núcleo del ser humano. La mayoría de los mamíferos crecemos al calor de estas premisas. Entonces me pregunté qué pasaría si inoculáramos el virus de la vileza en un entorno tan encriptado, de tan escaso movimiento, sin la variable de la interacción social, sin ampliar demasiado el radio de acción de los personajes. Me pregunté si sería posible. Y escribí este libro respetando un atributo clave de la literatura moderna: la verosimilitud. Hasta dónde puede llegar una madre para salvaguardar la vida de un hijo. Hasta dónde, un lazo de sangre, puede impedirnos ser monstruos. Hasta dónde podemos llegar. Y entendí que el mejor modo de comprobar ciertas acciones era encerrando a los actores en sus propias miserias. Y que sólo así podría emerger la verdad de los que somos o podríamos llegar a ser.

 

Si dos hermanos actúan con el demorado sadismo con el que son capaces de actuar los mellizos de tu novela SUBSUELO, ¿dónde está el límite del mal?

Sinceramente, no creo que el mal tenga un límite. No en nuestra sociedad. Y es esta afirmación, a mi entender, una de las razones que certifican el crecimiento descontrolado de lo que algunos autores consideramos como género negro; es decir, lo oscuro, lo indecible, lo que nadie quiere que le pase ni siquiera en sueños; y lo que sucede, sin embargo, todos los días ahí fuera, aunque no queramos mirarlo o aceptarlo. H. G. Wells, a finales del siglo XIX, se refería al canibalismo como la escala más baja del ser humano. A veces me pregunto cuánto nos queda para bajar hasta allí. Eva y Fabián, como has dicho, son mellizos. Eso significa que no sólo se engendraron en el mismo vientre sino exactamente en el mismo momento, compartiéndolo todo durante los meses de gestación. Son, por lo tanto, más que hermanos. Esa idea me resultaba atractiva y perturbadora a la hora de colocarlos en situaciones verdaderamente extremas.

 

Mabel, la madre de los dos mellizos, es, con toda su traumada e identificativa normalidad, determinante para que funcione esta historia. ¿Qué puedes decirnos de ella? ¿Y de su pasado?

Aunque sea un dato irrelevante, el pasado de Mabel es un homenaje que quise hacerle a un amigo. El pasado de Mabel es, también, el pasado de mucha gente de su generación. Pero ese pasado que ella denomina con un bloque inamovible, que no muta ni decrece jamás, ese dolor que lleva incrustado en su memoria, contribuye de modo directo a la construcción del personaje. Porque sólo alguien con semejante carga emocional, sólo alguien que sepa utilizar el sufrimiento como motor, puede tener la lucidez y la determinación que tiene ella en una acción clave para esta novela. No me resultaría extraño que los lectores señalaran esa decisión de Mabel como la llave de todo el libro. Hay, además, una variable más o menos fantástica en el centro de aquel suceso extraordinario, me refiero al pasado de Mabel. Y lo mismo sentí cuando mi amigo me contó, desde el dolor, desde lo que ya no se puede cambiar y sin embargo nos persigue, aquel bloque inamovible de su propio pasado.

 

¿Y las hormigas? Aparecen durante todo el relato. ¿Son un elemento fantástico?

Más que un elemento fantástico son una metáfora que representa las catástrofes del futuro inmediato. Y son, en toda regla, una advertencia: las hormigas aparecen cuando algo malo está a punto de ocurrir. Un lector muy avezado me dijo al respecto: ‘es que las hormigas están en la parcela desde tiempo inmemoriales’. Y es verdad. Y eso también es una metáfora. Sabemos de familias perseguidas por la desgracia, núcleos familiares en donde lo peor siempre termina ocurriendo. Como en las tragedias clásicas, las hormigas de Subsuelo son el oráculo al que el héroe, lamentablemente, nunca presta la suficiente atención.

 

Es curioso el modo no secuencial sino en que el narrador anticipa constantemente lo que sucederá. ¿A qué se debe?

Entendí, en un momento muy inicial, que era el único modo de poder desarrollar esta novela. Son pocos personajes y, además, están en un escenario acotado que los dispersa y los consume. Un narrador anticipatorio que, sin salirse del ‘aquí y ahora’, le diga al lector mira, en breve sucederá esto, y en media hora esto otro, y después ocurrirá eso que no quieres que ocurra, y te lo cuento porque tengo la osada intención de perseguirte, de que no puedas escapar de lo que ya sabes aun cuando todavía no sucedió y los personajes pueden, en rigor, modificar el curso de las acciones. Pero no: va a pasar esto y vas a tener que ir hacia allí con la certeza de saber más que los propios actores. Con la certidumbre y la responsabilidad. Eso es lo que pretende este narrador: cargar de responsabilidades al lector.

 

Después de haber leído tus tres novelas, opino que SUBSUELO es la más ‘negra’. ¿Coincides?

Sí, puede que sea la más retorcida, la más negra y la menos policial. Sinceramente, no escribo pensando en eso. Para mí, lo más importante es la historia, siempre y por sobre todas las cosas. Me refiero a lo que queremos contar y también al modo en que decidimos contar. Estas variables deben estar por encima de cualquier etiqueta o género o moda. Me resultaría espantoso escribir ficción sin más aliciente que el de respetar y seguir las claves de un género, de una etiqueta, o de una moda que te arrastra. Ninguna de mis novelas se parecen entre sí, y eso se debe a que ninguna de las tres historias que quise contar se parecen entre sí: ni los espacios, ni los personajes, ni los destinos de esos personajes. Tengo la certeza de que ningún autor que se precie dejará de ser quien es –estilísticamente hablando– por dar prioridad absoluta a la historia que tiene en la cabeza. Más que las etiquetas, debería importarnos qué contamos y cómo lo contamos. El amor, la venganza, la dicha, el odio, la crueldad, las ciudades y la muerte no pertenecen a ningún género: son elementos inherentes a las historias protagonizadas por seres humanos. Intentemos, pues, contar historias. Buenas historias. Y bien contadas. Y tomemos las decisiones narrativas desde el sentimiento pero sin olvidar jamás el respeto a la literatura.

Tu forma de encarar el género negro en la novela explota la actual fascinación por la personalidad criminal y, de hecho, lleva esa fascinación al límite por medio de esos dos mellizos tan crueles y tan perversos sin causa ni remedio. ¿Esta inmersión en dicha fascinación es un efecto literario, responde a una inquietud social o es un modo indirecto de que SUBSUELO, además de una novela negra, sea una novela psicológica?

Pues hay algo de las tres cosas: literariamente esta novela no rehúye el morbo al que te refieres, pero hay una utilización social del mismo a la hora de hablar de la familia, y hay desde luego una derivación psicoanalítica, sobre todo derivada del psicoanálisis de Lacan y Freud en el cual, como sabes, el sexo es tan importante a la hora de explicar las fuerzas que dan origen a los comportamientos. Eso está también en esta novela en la que los adolescentes, además de hipersexualizados, están desquiciados, lo cual, además de dar mucho juego literario, da un mensaje, y un aviso, y mucho alivio pues nada más alivia de lo propio que el mal catárquico exterior: por eso esta novela negra en el que el mal se presenta de modo contundente acaba con una carsis. ¡Estamos muy necesitados de catarsis!
 

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