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![]() María José Rodríguez Sánchez de León directora de Ediciones Universidad de Salamanca. (Foto: Ical) |
Ediciones Universidad de Salamanca acaba de cumplir dos décadas publicando antologías de los galardonados con el premio de poesía más prestigioso del país, reconocible por llevar el nombre del monarca española, y distinguir la brillantez de las mejores plumas del mundo. La biblioteca del Palacio Real alberga las ediciones de lujo donde cada año queda recogida la obra de los galardonados. Con motivo del vigésimo aniversario una exposición pone de manifiesto la existencia de esas joyas, desconocidas incluso hasta para la propia doña Sofía quien, tras verlas, preguntó dónde se guardaban sin ser consciente de tenerlas más cerca de lo que imaginaba.
Pero la historia de esta editorial universitaria se remonta varios siglos atrás. Su hito fundacional, “de referencia histórica e intelectual para la Universidad”, recuerda su directora, María José Rodríguez Sánchez de León, es la publicación de la Gramática de Antonio de Nebrija. Aquel libro que dio origen tanto a las Ediciones de la Usal como al propio Siglo de Oro español vio la luz en 1486. Hubo que esperar más de 450 años para ver la llegada del Servicio de Publicaciones tal y como hoy lo conocemos. Fue en 1943 cuando en virtud de la Ley de Ordenación de la Universidad española, la institución charra estableció el Secretariado de Publicaciones, Intercambio Científico y Extensión Universitaria, cuya dirección quedó encomendada al prestigioso catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras, Antonio Tovar. En 1945 vieron la luz los primeros volúmenes de la colección de memorias y trabajos científicos editados por la Universidad bajo la nomenclatura ‘Acta Salmanticensia’. Ese fue el verdadero origen del Servicio que en la actualidad se ha convertido en referencia para otras editoriales universitarias de toda España y al que periódicamente acuden las editoriales comerciales para tender una mano y colaborar en la edición de cualquier obra que, por sus especiales características, necesite otros canales de difusión e, incluso, mayores fuentes de financiación.
Apelando a la modestia, pero sin olvidar los premios que atesora Ediciones Universidad de Salamanca -sobre todo desde 2006 en adelante- ni el trabajo conjunto de los 15 empleados que logran hacer que el engranaje funcione, María José Rodríguez reconoce que, en cuanto Salamanca da un paso al frente, muchos otros servicios editoriales de las instituciones españolas de Educación Superior también se deciden a avanzar.
En la red
El último gran salto es el que tiene que ver con la evolución tecnológica, un tren que, después de meditarlo a fondo, dado que “había muchas empresas que ofrecían servicios cuyo planteamiento no estaba del todo claro”, Ediciones Universidad supo coger en el momento preciso porque, aunque están cada vez más convencidos de que el libro analógico “no va a desaparecer nunca”, son igual de conscientes de la necesidad de adaptarse a las demandas de los usuarios y estos pedían una web “muy completa” en la que, por ejemplo, tras un breve periodo de embargo, se publican íntegramente los artículos de muchas de las revistas del vasto catálogo de la editorial que encuentra en ellas otro de sus puntos fuertes. Quienes lo deseen pueden también descargárselos de una página que además ofrece libros en abierto, a la que a diario recurren miles de personas de todo el mundo. Un innovador sistema permite ver en tiempo real desde dónde se está conectando la gente y los contenidos que están consultando. Como era de esperar, América Latina, con enorme diferencia, es la zona de origen de la mayoría de usuarios.
La última perla de la modernización de la editorial se llama DICTER, un diccionario que, estructurado en doce áreas temáticas, recoge el vocabulario especializado de la ciencia y de la técnica -excluida las áreas biológica y biosanitaria- del siglo XVI y primer cuarto del XVII en España.
Pero el desarrollo no para, de ahí que la editorial más veterana del país trabaje en la digitalización de los fondos que aún no tienen versión electrónica. Cuando un titulo se suma a esa lista pasa a formar parte de la llamada ‘e-librería’ en la que se acumulan obras como archivos ‘pdf’ que Ediciones Universidad transforma a otros formatos para hacer más cómodo su consulta. Mientras tanto, diversas plataformas de difusión del libro digital cortejan a este gigante de la edición universitaria que, de esa manera, puede acceder “a lugares a los que de otra manera no se llegaría”. Según explica su directora, aunque muchas bibliotecas americanas y europeas dispondrían de sitio físico para poder almacenar más libros, “ya no compran porque quieren tenerlos en la nube para que la gente pague una cuota mensual para tener acceso a ello y así no sobrecargan su ordenador con todo lo que se han bajado porque siempre lo tendrán ahí disponible desde cualquier lugar desde el que se conecten”.
El Servicio de Publicaciones de la Universidad de Salamanca ha publicado ininterrumpidamente durante los últimos 68 años obras de referencia o estudios monográficos. Sus estudios filológicos no tienen parangón. Quizá por eso son muchas las colecciones que se siguen pidiendo bajo a demanda “a pesar de ser libros de toda la vida”. Los contenidos de Humanidades, explica Rodríguez, tienen mayor obsolescencia y se siguen citando “porque sentaron hace muchos años las bases de algo que aún siguen vigentes”.
Un catálogo envidiable
El catálogo de Ediciones Usal es su mayor activo, tanto que su directora reconoce estar orgullosa por incluir autores de nivel internacional que, además, sigue aumentando porque los expertos “saben valorarlo y continúan remitiendo sus trabajos e investigaciones”. Atesora unas 1.200 obras ‘vivas’ y un número indeterminado de publicaciones descatalogadas; un patrimonio al que a veces “no se le da la verdadera importancia que tiene”. Pero no todas ven la luz, al menos no desde el primer instante. El prestigio se cimenta en una rigurosa selección y una posterior criba que se inicia con el proceso de revisión por pares y de forma anónima. Dos especialistas en la materia lo leen sin saber quién es el autor y emiten su juicio. Si es positivo, la obra llega a la junta asesora de publicaciones, que tiene en su mano la luz verde definitiva. En ocasiones, si ven potencial en un libro pero no pueden hacerse cargo de su publicación bien por la envergadura de la obra o por otra serie de condicionantes, buscan el respaldo de una editorial convencional e, incluso, subvenciones privadas. “No se limita el número de publicaciones; el único límite real es el presupuestario”, admite la directora empeñada en imponer un criterio objetivo para evaluar las posibilidades de cada título nuevo. Pese a que la exigencia es alta y que en determinadas épocas el porcentaje de obras rechazadas aumenta, “no se rechazan más de las que se publican”.
Dicen quienes entienden que Ediciones Universidad “ha envejecido bien gracias a los buenos originales”, un hecho que conlleva gran responsabilidad. Cualquier director de servicio de publicaciones la siente, reconoce María José, “porque has de ser fiel a la tradición y el prestigio de la Universidad además de procurar mantenerlo y elevarlo”.
Muchos profesores de la Usal confían y colaboran con la editorial “porque piensan que lo que hacen debe quedarse en su Universidad por haberse trabajado aquí aunque también conviene divulgar tanto en Salamanca como fuera”. “Hay que conjugar ambas cosas porque sirve para prestigiar la Universidad de origen”, subraya la directora con la vista puesta en un mayor aperturismo aunque sin olvidar la prudencia porque “no se puede publicar un libro que no tenga ninguna salida comercial”.
Ediciones Usal sabe que debe dirigirse a un tipo de público “al que a lo mejor no llega una editorial comercial” pero aplica el sentido común en busca de un equilibrio que permita satisfacer a una audiencia de corte científico y académico sin salir especialmente perjudicados en lo económico porque “no se puede invertir alegremente el dinero público”.
El papel de María José Rodríguez Sánchez de León, aparte de conducir la vieja nave hacia los tiempos modernos a base de sensatez también tiene un lado cuasi comercial que la obliga a contactar con profesores cuando publican trabajos para darles la oportunidad de hacerlo en el servicio de la Universidad. En ocasiones toca convencerlos “porque no piensan en publicarlo ya que no le ven la trascendencia”. En la Usal, asegura, “se investiga mucho y muy bien”. Quizá ese standard de calidad impide reconocer a primera vista lo que de verdad merece la pena. Algunas veces, desvela Rodríguez, los autores tienen un planteamiento concreto y cerrado. Ella los ayuda a descubrir otro punto de vista que lo hace más atractivo para la publicación. Y casi siempre lo logra.
Esa perseverancia le servirá para lograr su próximo objetivo. Anhela contar con, al menos, un trabajador más que ofrezca un desahogo al hasta ahora único responsable de la expansión digital de la editorial. Sabe que aspirar a los 75 empleados del envidiado servicio de publicaciones del CSIC es una quimera pero otra persona para ganar tiempo “hace buena falta”. Mientras intenta hacer realidad ese sueño, la maquinaria que iniciara Nebrija sigue hacia adelante con paso firme marcando el ritmo y dejando tras de sí, entre otros muchos tesoros, una estela de auténticas joyas de plumas consagradas.
