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![]() Rubén Melendre y Noelia López, dos emprendedores que diseñan una luminaria que se abastece de energía solar y eólica. (Foto: Ical) |
Los jóvenes, de 27 años de edad, obtuvieron uno de los premios de la primera edición del concurso de Ideas Empresariales promovido por la Universidad de Valladolid en colaboración con el Ministerio de Educación. A priori, la idea no era más que eso, un buen tema para un proyecto de fin de carrera, pero a medida que fueron desarrollándolo se dieron cuenta de las aplicaciones prácticas que su invento podría tener. De la mano de la UVa y del programa CREA del Ayuntamiento de Valladolid, realizaron un estudio de viabilidad que les ha permitido analizar las potencialidades de su idea.
Fue a Rubén, natural de Paredes de Nava (Palencia), a quien se le encendió la bombilla después de haber trabajado en Red Eléctrica. “Un compañero me habló de ciertos problemas de abastecimiento en algunas subestaciones, y a raíz de ahí empecé a pensar que por qué no independizar el alumbrado eléctrico exterior para un mejor funcionamiento”, explica el joven emprendedor a Ical. Entonces, se puso manos a la obra.
En la actualidad, existen luminarias que funcionan con energía solar, pero “en Castilla y León sería muy complicado que resultasen rentables, dadas las condiciones climatológicas”, apunta. Por ello, se les ocurrió que, además de instalar en las luminarias una pequeña placa fotovoltaica, podría colocarse en cada una un generador de minieólica, “no muy utilizados aquí”, pero perfectos para materializar su idea. “Creímos que era una solución viable y así lo hicimos”, añade Rubén.
La idea, gracias al premio de la UVa y al apoyo del Ayuntamiento de Valladolid, fue adquiriendo forma de proyecto empresarial. “Poco a poco fuimos viendo las dimensiones que podría tomar el proyecto y comenzamos a plantearlo como una idea empresarial”, señala. En la actualidad, los jóvenes buscan el apoyo de empresas del sector que estén interesadas en desarrollar su proyecto, para que pueda por fin ser una realidad.
Aunque el panorama actual no se presenta demasiado alentador, esto no es óbice para que los dos jóvenes sigan trabajando en su objetivo. “Nuestras expectativas son seguir desarrollando el producto para conseguir que sea versátil, pues las necesidades de alumbrado no son las mismas aquí que en Almería, por ejemplo”. Además, existen algunas necesidades en cuanto al diseño, pues no hay que olvidar que “solo somos dos personas y no tenemos la capacidad de producción, ni el volumen empresarial suficiente para sacar adelante el proyecto”, recuerda.
Viabilidad y sostenibilidad
Lo fundamental ahora sería “tener a alguien que nos empujase y nos llevase de la mano en el inicio para que esto pueda despegar”. Por el momento, ya han desarrollado el prototipo y han realizado varias pruebas para comprobar si el proyecto es viable. Y parece que lo es. Al menos así lo han demostrado los primeros experimentos. “Hemos tratado de jugar con las peores condiciones para comprobar su viabilidad y, según las pruebas y los primeros cálculos, parece que lo es”, apunta el joven, que estudió Ingeniería Técnica Industrial en la rama de Electricidad en la UVa.
Pese a las dificultades, no pierden el optimismo. Ya han realizado además un estudio comparativo para comprobar la viabilidad del proyecto y las conclusiones son más que alentadoras. No en vano, este tipo de luminarias conllevaría un buen número de beneficios. Entre ellos, la facilidad en la instalación, pues se evita el cableado y la creación de zanjas para abastecer la red eléctrica.
Al inicio, sin embargo, estas farolas resultan más caras, pero la carencia de una tarifa asociada a las luminarias hace que el proyecto sea rentable “desde el momento de su instalación”. La electricidad es más cara, mientras aquí no existe consumo eléctrico y además se reducen toneladas de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera pues no es necesario generar electricidad para alumbrar.
Muchas ventajas y tan solo algún inconveniente, indican, como la necesidad de incorporar baterías para el funcionamiento de las luminarias. “Las baterías limitan la vida útil de todos los elementos y, según nuestras estimaciones, habría que cambiar la batería pasados aproximadamente unos ocho años”, apunta el joven quien, pese a todo, cree que los beneficios son muchos más que los perjuicios.
Pese a que el futuro se presenta “complicado”, los jóvenes no renuncian a la idea de que su proyecto pueda ser en unos años una realidad. Su máxima aspiración sería poder crear su propia empresa en la que fabricar estas farolas, pero mientras llega esa oportunidad confían en que sea alguna compañía externa la que se decida a materializar lo que, aunque aún es un prototipo, podría constituir la iluminación del futuro.
